Alcé los ojos y me vi en la portátil, estaba hecha un cuadro, no sabía en qué momento cambié por completo de posición, por suerte, mis ojos seguían ocultos, pese a que mi boca y parte de mi nariz estaban enfocados. ―Eres muy sensible, preciosa. Sacudí la cabeza y me compuse un poco, aturdida por lo que acababa de pasar, por la forma en la que mi cuerpo encontró la liberación con una sola palabra. Me relamí y tragué saliva. Tenía la boca reseca, el pulso por las nubes y los músculos laxos, aun así, debía seguir. ―L-Lo si-siento. ―¿Por qué? ―inquirió sin perturbarse, o al menos eso me pareció. Sacudí la cabeza y volví a hincarme, dejando el sacaleches a mi lado. De cualquier manera, debía cambiar la botella. ¿Había pasado tanto para que llenara toda una botella tan rápido? Y no supe

