Reconociendo el amor

4686 Palabras
Reconociendo el amor Al salir de la oficina de Don Carlos veo a Juan José esperándome sentado en frente, inmediatamente me ve, se levanta rápidamente y me ofrece su brazo para sostenerme, yo lo pienso dos veces antes de aceptar su ofrecimiento pero al no ver más opción tomo su brazo y nuevamente esa corriente vuelve a mí, trato de disimular pensando en que si voy a estar cerca de este hombre en el trabajo debo aprender a manejarla, él me mira como si sintiera lo mismo que yo y decido romper el silencio en el que nos sumergimos —Debo pasar a mi oficina por mis papeles, mi dinero y las llaves de mi auto —Digo de manera rápida tratando de disimular mis nervios —Podemos ir en mi auto, es muy cómodo —Me ofrece de manera amable pero también algo nervioso —De igual forma necesito mis documentos y mi cartera — Y al decir eso automáticamente me ayuda a llegar a mi oficina, yo le señalo mi bolso sin decir ni una sola palabra, lo tomo, empaco las llaves de mi auto para luego mandar a recogerlo, y reviso que mi dinero y mis papeles se encuentren dentro. Al salir de la oficina me aborda don Carlos y extiende su mano con dinero —Mira Catalina, para que comas algo —Por supuesto que no recibo el dinero —Don Carlos no es necesario, el desayuno es mi responsabilidad por ende yo lo asumo, muchas gracias, pero no lo puedo aceptar — — ¿Cómo, no has desayunado? —Dice Juan José asombrado y cuando me dispongo a responder me interrumpe Don Carlos —No, esta mujer paso la noche en vela terminando todo lo de la reunión de hoy y esta es la hora que no ha probado bocado — Dice en son de regaño —Bueno Carlos, yo me encargo del desayuno de ella, no se preocupe —Le dice Juan José devolviéndole el dinero y Don Carlos parece quedar conforme, aunque yo no, pero Don Carlos se retira y ni siquiera me deja discutir. — ¿Crees que puedas aguantar otro rato el dolor y vamos a desayunar? —Me pregunta y de repente su tono cambia conmigo, es algo interesado… tal vez protector, no lo logro identificar. —Si, como sea, no importa —Le digo tratando de manejar la situación que se me salió de control desde el momento en que llegue al parqueadero. Juan José camina conmigo hasta el ascensor de manera cuidadosa, cada vez siento que mi pie responde menos al movimiento, alguna vez me esguince este mismo pie de niña y de adolescente y se siente igual, todo el ascensor yo trato de sostenerme de las paredes y bajamos en un completo silencio hasta el parqueadero, cuando este se abre Juan José comienza a hablar irónicamente. —Bueno, de vuelta al parqueadero —Dice en tono burlón —No me parece gracioso en verdad —Digo de manera seria y un poco ofendida, él me toma de la mano y como siempre detecto la corriente por mi cuerpo, él se sigue riendo lo cual me hace descartar el hecho de que él sienta lo mismo que yo. —Para ser muy sincero no me di cuenta que te lastimaste tu tobillo cuando nos chocamos, me golpeaste con lo que llevabas en la mano y me concentré fue en dolor de mi golpe — — ¿Lo golpee? —Pregunto extrañada —Si, me golpeaste en la espalda con eso que llevabas en la mano, que por cierto ¿qué era? —Mi portátil y mi video beam, en realidad no me fije que le pegue, así que estamos a mano — ¿A mano? Yo pedí disculpas —No puedo creer que diga eso —Yo iba a pedir disculpas y usted salió corriendo y se subió al ascensor ¿lo recuerda? —Le digo en son de reclamo y él se detiene parándose justo detrás de mi auto, en donde nos estrellamos —Bueno, ¿qué te parece si comenzamos de nuevo? — ¿qué, quiere que meta mi pie en esa canaleta nuevamente? —Me mira extrañado, creo que no sabía lo de la canaleta — ¿Metiste tu pie en la canaleta cuando chocamos? —Si, llevaba mis tacones y al tropezar con su enorme espalda mi pie se resbalo en la canaleta, rompió mi media, se dobló y me raspe —Digo sulfurándome un poco al recordarlo y él me mira asombrado —Bueno podemos empezar de nuevo sin lo del choque, el golpe en la espalda y el pie, ¿qué dices? —Me pregunta y por un momento sus encantadores ojos me atrapan, mientras me sostiene con una mano extiende su otra mano hacia mi e inicia a presentarse nuevamente. —Mucho gusto señorita, mi nombre es Juan José Larios —Por un momento me pierdo en sus ojos, es extremadamente guapo y no sé qué responder, salgo de mi embeleso y trato de responder de la manera más profesional posible —Catalina Casio, me haré cargo de la postproducción de su video —Le digo intentando dejar claro que solo podremos relacionarnos laboralmente, aunque no sé por qué lo hago, parezco una tonta y no sé por qué, estrecho su mano y el corrientazo en mi cuerpo se incrementa y esta vez viene acompañado por una sensación extraña en mi estomago —Es muy formal señorita Casio, o ¿puedo llamarte Catalina? —Si así lo prefiere. —Me gustaría que, si yo te hablo de tu, pues tú lo hicieras de la misma manera. —No suelo llamar de tú a los hombres con los que debo relacionarme laboralmente, ahora si no le molesta mi pie pide a gritos un médico y quisiera irme ya de aquí —digo tratando de cambiar de tema porque me siento nerviosa y hace mucho no me siento así, por ende, no sé cómo manejar esta situación. —Claro, mi auto es este —Me señala su coche que se encuentra al lado del mío, un auto deportivo precioso, y no esperaba menos. —Debo llamar a que recojan el mío y lo lleven a mi apartamento —Pienso en voz alta y lógicamente él escucha. —No es necesario, si gustas te llevo comer, luego al médico, después te dejo en tu apartamento y vuelvo por tu auto —Propone de manera tan amable, que es como si el hombre que conocí en este mismo parqueadero fuera totalmente diferente al hombre que me está hablando. — ¿Quién es usted y que hizo con el hombre con el que choqué esta mañana? —respondo de manera sarcástica — ¿Acordamos empezar de nuevo no? —Dice mientras me abre la puerta del carro y me ayuda a subir al asiento del copiloto —Solo trato de ser caballeroso con una hermosa mujer que necesita mi ayuda —Dice coqueto y me hace sonrojar, pero trato de mantener mi seriedad. Su auto arranca y el prende la radio y pone una de sus canciones, por simple instinto comienzo a mover mis labios tarareándola en voz muy baja sin darme cuenta. —Bueno, no me odias tanto como pensaba —Me dice en un tono burlón y con gusto mientras conduce y yo lo miro extrañada aun sin darme cuenta que estaba tarareando una de sus canciones. — ¿Perdón? Pregunto seria y extrañada —Sí, estas cantando una de mis canciones, lo que me da a entender que no me odias tanto porque te la sabes —Dice un poco presumido. —Primero que todo, odiar es una palabra muy grande y en segundo lugar su música actualmente es como cultura general, eso no me hace su fanática, solo una persona que conoce de la música de la época —Le digo nuevamente seria y fría —Si no me odias ¿por qué me tratas como si me odiaras? — ¿Cómo sabe que lo trato como si lo odiara si no me ha visto tratar a alguien que odio? Es más, apenas me conoce —Pues si así me tratas a mí, no me quiero imaginar cómo tratas a alguien que en verdad odies.   —Yo tampoco lo imagino, como ya le dije odiar es una palabra muy grande y en realidad no siento odio por nadie, ciertas personas no son de mi agrado, pero eso no implica que las odie. —Buen argumento, ¿entonces yo no soy de tu agrado? —Me deja atónita porque la verdad no sé qué responder ante esa pregunta, no quiero afectar mi relación laboral con él, pero para ser honesta mi primera impresión de él fue desagradable, me quedo callada pensando en mi respuesta hasta que él me saca de mis pensamientos —Puedes decirlo con confianza, no voy a anular nuestro contrato por el hecho de que yo no te agrade, en verdad quiero trabajar contigo y nada hará que cambie de opinión, ni siquiera tu —Dice y por un momento siento que no solo lo dice por mi trabajo o mis capacidades —Bueno, mi primera impresión suya no fue de mi agrado, para ser honesta — ¿La primera? —Me pregunta nuevamente risueño —Sí, la primera —Es decir que la segunda impresión mía si te agrada —Dice presumido —Aún no lo sé, como dije ahorita, lo acabo de conocer —Bueno, conozcámonos entonces, ¿qué te gusta desayunar? —Bueno, me agradan los huevos rancheros con pan y alguna bebida caliente para el frio de hoy —Digo y siento como mi estómago pide a gritos la comida que acabo de mencionar —Bueno, entonces eso desayunaremos — y acelera el auto dejando a la música del radio ser lo único que se escucha. Frenamos en frente de un restaurante que se ve bastante elegante, y es de suponerse, no creo que un hombre como él entre a un lugar de menor categoría, luego lo veo como se pone sus gafas de sol, su bufanda y su gorra y suelto una pequeña risa, ya que se ve algo paranoico mientras lo hace. —Bueno, pero que linda sonrisa, llegue a pensar que tenías feos dientes — Dejo de sonreír incomoda por el comentario —No, pero no dejes de sonreír, tu sonrisa es hermosa y si me hubieran dicho que tenía que ponerme mi gorra, lentes y bufanda para conocer tu risa, lo hubiera hecho desde que entré a tu oficina —Me dice y aunque vuelvo a sonreír, me hace sonrojar y no sé cómo comportarme ni mucho menos qué responder, me siento… intimidada y para ser honesta hace mucho no me sentía así y creo que él lo nota, porque no hace más comentarios, se termina de acomodar su disfraz de hombre misterioso y se baja del auto. Intento abrir la puerta para salir del auto cuando rápidamente él se acerca. —Espera, yo te ayudo, permíteme —me toma del brazo para que me apoye en él y de nuevo esta ahí, esa corriente extraña que pasa por mi cuerpo al tocarlo, por un momento me quedo mirando nuestros brazos y él me saca de mi embeleso —¿todo bien? —Me pregunta mientras sus ojos no me quitan la mirada de los míos. —Sí, todo… todo bien —Digo mientras tartamudeo —Bien, pues en este lugar venden los mejor huevos ranchero que he probado alguna vez —Me dice con voz provocativa y yo solo me concentro en entrar con su ayuda y en tratar de descifrar por qué siento esto cada que me toca. Al entrar busca la mesa más cercana y me ayuda a sentarme, yo aún atónita me acomodo por inercia y él se sienta frente mí, la corriente tarde en salir de mi cuerpo y luego una mesera se acerca a nosotros —Buenos días, mi nombre es Andrea, ¿qué desean ordenar? —Pregunta y luego se queda mirando fijamente a Juan José y comienza a desnudarlo con la mirada, yo lo noto y luego me doy cuenta que mientras ella lo mira a él, él ni siquiera se percata porque no quita sus ojos de mí, así que decido ser yo quien le responda a la morbosa chica. — ¿Tienes huevos rancheros? Le pregunto y ella devuelve su mirada a mí para responderme —Sí, si tenemos —Y me quita la mirada de encima para seguir mirándolo a él, creo que es bastante sínica y poco profesional, si, el hombre es muy guapo, pero podría disimular un poco su atracción —Tráeme entonces unos, acompañados de pan francés y un café con 2 de azúcar por favor —Le digo y la muy sínica ni siquiera me mira, solo anota mientras mira a Juan José. —Y el caballero ¿Qué desea? —Le pregunta coqueta y él ni la mira para responderle lo cual me causa gracia y por alguna extraña razón un poco de alivio. —Lo mismo que la señorita, gracias — al ver cómo la ignora ella se retira sin decir más y yo solo me rio. —Y ahora, ¿Qué hace que tenga el honor de ver nuevamente tu sonrisa? –Me dice y yo me sonrojo un poco dejando de sonreír intimidada —Solo que la mesera se sintió mal por su rechazo —Digo en tono burlón — ¿Rechazo? —Pregunta un poco descontextualizado — ¿En verdad no notó cómo lo miraba? Le pregunto sorprendida —Estaba ocupado viendo algo más interesante –Al decir eso ciento el calor en mis mejillas y la sensación rara en mi estómago, por suerte para mí la mesera llega con nuestras órdenes y no tengo que responder a ese comentario. Nuevamente Juan José la ignora y ella lo desviste con la mirada mientras sirve y se retira. Yo, incomoda por el comentario inicio a comer y me concentro en ello para evitar más comentarios de este tipo, aunque no ayuda de a mucho porque su mirada también es un poco intimidante durante todo el desayuno y el silencio se vuelve igual, estoy en el punto en el que no sé qué es peor para ser honesta. —Al parecer si estabas muy hambrienta —Me dice sorprendido al ver que ya voy terminando mi desayuno. —Un poco realmente —Le respondo avergonzada. — ¿Cómo va tu pie? —En realidad, la incomodidad entre nosotros me hizo olvidar de mi pie, pero cuando bajo la mirada para verlo lo noto más hinchado que antes y me doy cuenta las medias nuevas ya tiene sangre en ellas así que me asusto un poco y él lo nota — ¿Qué pasa? ¿Todo bien con tu pie? —Si, todo bien, no es nada, solo está un poco más hinchado y necesitaré otras medias por lo visto —Digo un poco avergonzada, él inmediatamente se agacha para ver y yo me sonrojo, levanto la cabeza y noto que la mesera nos mira desde lejos y tuerce los ojos. —Déjame ver —Dice mientras toma mi pie en su mano y yo me sonrojo aún más —Bueno, considero que no deberías gastar más dinero en medias, total, para que te lo revisen debes quitártelas y creo que la media está maltratando más tu herida con el rose, así que lo mejor será que te la quites de inmediato. — ¿Está loco? No me puedo quitar la media de inmediato —Claro que puedes, pediré la cuenta y te la puedes quitar en mi auto, luego te llevaré al hospital —Y sin dejarme si quiera responder se levanta para llamar a la mesera quien acude muy rápidamente a su llamado —Señorita me trae la cuenta por favor —Ella se queda atónita y solo mueve la cabeza en señal de respuesta, en menos de un minuto ya había traído la cuenta y se la pasa a Juan José — ¿Cuánto es? —Pregunto casi por inercia — ¿Para qué quieres saber? — Pues para pagar, no es obvio —Digo en mi tono frio y un poco duro —Por supuesto que no, yo invito, le dije a Carlos que me encargaría de tu desayuno —Dice y le pasa un billete a la camarera —Puede conservar las vueltas —Le dice sin siquiera mirarla y ella solo asiente con la cabeza —No le recibí el dinero a Don Carlos, ¿qué le hace pensar que se lo recibiré a usted? —No es necesario que me lo recibas tú, ya ella lo hizo —Dice señalando a la mesera que desde lejos lo sigue mirando —Como si hubiera algo que ella no le recibirá —Mofo molesta — ¿Celosa? —Me pregunta con un tono burlón y yo lo miro llena de rabia —Por supuesto qué no, ¿por qué habría de estarlo? —Le respondo muy molesta —Bueno, esa misma pregunta me gustaría que me respondieras, pero quizás luego, ahora vamos, me preocupa tu pie —Me dice mientras me ayuda a levantar, me lleva a su auto y me ayuda a subir, luego cierra un poco la puerta —Bueno, si te sientes más cómoda puedes quitarte las medias sola en el carro y cuando te las quites me avisas para subirme —Me dice y termina de cerrar la puerta. Dentro de mí me siento un poco avergonzada de quitarme las medias, mis piernas no son lindas, en realidad no soy una mujer linda y estar sin medias me hace sentir un poco más insegura de lo normal. Cuando he terminado bajo la ventana y con la mirada le digo que ya terminé, él se sube al carro y lo primero que hace es agacharse a mirar mi pie —Bueno, ahora si déjame ver mi desastre —Dice y me hace sentir incomoda tenerlo tan cerca de mis piernas descubiertas, pero levanto un poco el pie para que pueda ver —Rayos, eso se ve un poco mal, para ser honesto, en verdad lamento ser el causante… aunque en realidad no lo lamento tanto porque si no hubiera pasado no habría tenido el placer de compartir tanto tiempo contigo —Y nuevamente su comentario me hace sonrojar — ¿Por qué te sonrojas? —realmente no sé cómo responder a sus incomodos comentarios —Deberíamos irnos ya para el médico ¿No? — Digo tratando de cambiar de tema, él se ríe, se acomoda y arranca —Lo más rápido es coger la 30 al sur y luego el desvío para las Américas— Le digo indicándole como llegar a mí EPS —Por supuesto que no, no iremos a tu EPS, te llevaré a donde mi médico particular, nos está esperando para atendernos —Dice serio mientras conduce en sentido opuesto al que yo le indique. —No podré pagar un médico privado Juan José así que por favor toma el próximo retorno y luego la ruta que te indiqué —Digo seria —Bueno, que avance, ya me tratas de tu, voy a desobedecerte más seguido, y por supuesto no dejaré que pagues ni un centavo, yo provoqué el accidente así que yo asumiré los gastos —Me lleno de rabia y solo mofo sumergiéndome en la silla con los brazos cruzados, él me mira y se ríe — ¿Quieres hacer una pataleta como niña pequeña? —Me dice mientras se ríe y yo solo le hago una mueca y miro hacia la ventana enojada. Al llegar se baja del carro y me pide que lo espere ahí, después de unos minutos lo veo salir con una silla de ruedas y me impresiona su atención. —Bueno Hermosa, nos están esperando para revisar ese pie —Me dice de una forma tan tierna mientras me ayuda a bajar y me pone en la silla de ruedas, nuevamente me sonroja y me quedo sin palabras como tonta, no sé que carajos me pasa, siempre tengo algo que decir y últimamente me queo sin palabras. Al entrar una enfermera nos dirige hasta un consultorio al que entramos y nos piden esperar un poco ya que el médico se encuentra dándole de alta a otro paciente, me siento extrañada porque si hubiéramos ido a mi EPS hubiera tenido que esperar mucho tiempo para que me viera el médico, de un momento a otro la puerta se abre sacándome de mis pensamientos               —Juan José, amigo, qué placer verte por acá —Le dice el medico saludándolo con un apretón de manos —Doctor Julio, que gusto verlo, gracias por atendernos —Le dice mientras le responde el saludo y luego el doctor me mira — ¿Y esta hermosa señorita es tu novia? —Le pregunta mientras me tiende su mano para presentarme, voy a aclararle que, por supuesto que no lo soy, pero Juan José se me adelanta. —Aun no —Dice dejándome sorprendida y atónita con su respuesta, qué se cree, ¿así conquista a todas las mujeres que se lleva a la cama?, me pregunto en mi interior mientras le tomo la mano al doctor para saludarlo —Catalina Cosio, Doctor, un placer conocerlo —Le tomo la mano y él se sienta frente a su computador. El doctor me toma un par de datos para abrir mi historia clínica, a lo que respondo de manera común, pero Juan Luis presta mucha atención a cada respuesta que doy. —Bueno Juan José, te voy a pedir que pongas a tu chica en la camilla por favor —Le dice el doctor y cuando voy a hablar para corregir lo de “tu chica”, Juan José me hace señas de que no diga nada y yo solo lo miro muy mal mientras se acerca a mí. —Listo hermosa, aquí vamos —Me dice y comienzo a pensar que hacen alguna clase de descuento en la clínica por ir con un familiar, luego de un momento a otro me alza de la silla de ruedas y mi contacto con su piel hace que mi cuerpo sienta la misma corriente de siempre, pero de manera mucho más intensa, comienzo a temblar y siento en mi estómago la extraña sensación que se ha vuelto habitual el día de hoy. Me pone suavemente sobre la camilla y acomoda mi pie de la manera más delicada posible, el doctor se acerca a mí, observa la herida y pone cara de susto. —Bueno Catalina, tendré que limpiar tu herida con alcohol para examinar tu tobillo y tienes un raspón muy grande así que te va a arder bastante —Me dice y yo sufro por dentro tratando de ser fuerte por fuera —Juan José, esto va a arder, podrías darle tu mano para que tenga que apretar cuando le arda —Y Juan José inmediatamente se acerca a mí y me ofrece su mano, por supuesto no la recibo porque no quiero ponerme roja nuevamente, siento que tocarlo me hace débil y no quiero que se dé cuenta — ¿No la tomarás? —Me pregunta en tono burlón —Está bien, la dejaré aquí cerca por si la necesitas El doctor inicia a ponerme alcohol en la herida y cuando llega un punto del ardor en el que no puedo más estiro mi mano y tomo el brazo de Juan José pellizcándolo bruscamente, él grita y yo de repente siento alivio, supongo que se lo merece porque por su culpa estoy acá. El doctor termina con mi herida y me dice que lo más probable es que tenga un esguince de II grado, que me enviará una radiografía para luego tomar decisiones. Le da una orden médica a Juan José, luego él me alza nuevamente para ponerme en la silla de ruedas y la sensación es la misma de antes, me lleva a hacerme mi radiografía, aguarda conmigo en la sala de espera mientras esta sale y al cabo de unos minutos el doctor la recibe y concluye que su primer diagnóstico era correcto y que tendrá que inmovilizar mi pie 5 días para que mis ligamentos se recuperen. —Bueno Catalina, te enviare una serie de medicamentos para el dolor, debes tener completa quietud ya que no queremos que tu esguince aumente su grado de complejidad y un esguince de III grado requiere operación en muchas ocasiones —Me dice y simplemente me asusto, cómo voy a estar quieta 5 días, es lo único que pienso. —Doctor me encargaré personalmente que esta mujer no mueva su pie por ningún motivo, así tenga que amarrarla a la pata de la cama– Mofa y yo lo miro mal, me siento muy enojada con él, no solo por el esguince sino por su falsa historia de nosotros. —Bueno Juanjo, estos son los medicamentos, los puedes comprar a fuera cuando pagues la cuenta, y tu Catalina, nos vemos en 5 días para ver que tu pie se encuentre bien para quitarte la férula —Me dice y yo asiento con la cabeza. Nos retiramos del consultorio, Juan José me deja esperando en la sala mientras él paga la cuenta y compra los medicamentos, tengo que aceptar que, aunque fue patán al principio ha resarcido su error muy bien con todas las atenciones que ha tenido conmigo hoy. Una enfermera nos acompaña al carro, Juan José me ayuda a subirme a él y la enfermera se va con la silla de ruedas, luego él se sube al carro y es mi momento de pedir explicaciones. —Bueno hermosa, ¿Dónde vives? —Me pregunta coqueto — ¿Hacen algún tipo de descuento en esta clínica si traes a familiares? —Pregunto enojada —Ehhh no, ¿por qué? —Dice extrañado — ¿Por qué no me dejaste aclararle al médico que tú y yo solo somos compañeros de trabajo? —Bueno, pero sigues tratándome de tu, eso es un gran avance. —Bueno, debo reconocer que la segunda impresión tuya no me desagradó tanto, muchas gracias por traerme al médico, el desayuno y por… todo, si hubiéramos ido a mi EPS aun no me hubiera visto un médico y estaríamos en sala de espera—Digo amable y sinceramente en son de agradecimiento —Bueno, si hubiera sabido que aún estaríamos en sala de espera en la EPS te hubiera llevado allá solo para pasar más tiempo contigo —Me dice y sarcástico y engreído. —Creo que retiraré mi agradecimiento —Le digo sarcástica y seria —Bueno, no respondiste mi pregunta, ¿Dónde vives? —Pregunta mientras prende su auto —Bueno, tú no respondiste la mía, ¿Por qué no me dejaste aclararle al médico que tú y yo solo somos compañeros de trabajo? —Yo pregunte primero —Centro, 7 con 26 —Respondo — ¿Crees en el amor a primera vista? —Me pregunta después de poner mi dirección en el Waze. —Eso no responde mi pregunta —Le digo con tono indignado —No sé qué más responderte entonces — Quedo un poco confundida, o sea, ¿me está diciendo que no lo hizo porque se enamoró de mi cuando me vio? Es ilógico pensarlo, pero dejo el tema en ese tono para que no me vaya a salir con algún comentario incomodo que nuevamente me haga sonrojar, en un momento él me saca de mis pensamientos. —Bueno, entonces para que mi segunda impresión te siga agradando, iré por tu coche a la oficina y lo dejaré en el parqueadero de tu apartamento, ¿vale? —me dice en tono muy pero muy amable —No quisiera causar más molestias — — ¿Molestias? Hiciste útil mi día en realidad, así que no esta discusión —dice y prende su radio para cortar el tema
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR