ERIC Clara fue y se pidió el día libre justo hoy, en el peor momento. Viernes… el día más movido de todos. Me pasé la mano por el pelo. —Lina, pásame con Clara —le dije por el intercomunicador. Eran las ocho de la noche y yo necesitaba que alguien hiciera unos encargos. Y claro, quería que fuera ella. —Sí, señor —respondió Lina. —¿Hola? —contestó Clara al rato, medio agitada, como si hubiera corrido. Tragué saliva. —Te necesito aquí esta noche —le dije, con un tono más duro de lo que planeaba. —Lo siento, pero yo pedí este día libre y usted me lo aprobó —me respondió sin rodeos. —No te estoy pidiendo que me repitas lo que ya hice. Te estoy diciendo que agarres tu trasero y te vengas ya mismo —le ordené, con un grito que me sorprendió hasta a mí. ¿Qué carajos me estaba pasando? —Pe

