Estaba triste por haberme quedado sin novio, Steven consolido su relación con la nueva novia que tenía, pero el tiempo que ahora me quedaba, lo enfoque en completar mis notas para graduarme y milagrosamente logre hacerlo, mi padre, mi madrastra y mi madre llegaron a mi graduación, fue un día muy emocionante, mi padre estaba muy satisfecho, fue él quien me acompaño hasta la tarima para recibir mi diploma.
Por supuesto había una fiesta con los compañeros después de los actos protocolarios, le compartí a mi padre mi sueño de estudiar diseño gráfico, mi vida parecía comenzar a tomar un rumbo, iba a ser una Licenciada en unos años, no sabía como podría cumplir con las obligaciones y reglas de un trabajo pero en el camino tendría que averiguarlo.
Mi padre, en medio de su felicidad, me dio cuando nadie miraba un billete de cien dólares para que lo gastara en la fiesta, y me fui con mis compañeras, baile y deje salir todas mis energías esa noche, tomamos un poco, pero la fiesta se fue volviendo aburrida, porque los padres llegaron a traer a la mayoría de los compañeros, Carmen, me propuso que fuéramos a su casa, a seguir la fiesta de forma más privada, con otras dos amigas, y decidí irme con ellas, Amanda me dijo que no fuera, pero le dí un abrazo y seguí mi camino, llegamos en la madrugada, solo éramos tres amigas y Carmen y pasamos comprando mucho alcohol con el dinero que me regalo mi papá, no le avise a mi madre, de todas maneras no le importaba en donde estaba y tampoco iba a llegar tan lejos a traerme, ni a buscarme de noche la casa de Carmen, porque no la conocía, así que apague mi teléfono para no escuchar sermones, de todas formas era una fiesta de mujeres ¿Qué podía pasar?.
La casa de mi amiga era perfecta, ella tenía la vida perfecta, no se cómo tenía dinero para mantenerse, pero vivía sola, creo que tenía veintiún años, así que tenía toda la libertad para hacer fiestas en su casa sin el control de ninguna otra persona. Esa era la vida que yo soñaba. Al llegar a la casa de Carmen continuamos tomando, yo estaba sintiéndome bastante mal, con la visión un poco borrosa, ya era de madrugada, y de repente tocaron la puerta y le abrió a cinco hombres a los que dejo entrar, solamente pude reconocer a uno de ellos: Agustín, pero no entendía porque Carmen los había invitado cuando esta debía ser solamente una fiesta de amigas, por eso habíamos tomado con toda confianza, pero en ese momento estaba sintiéndome mal y se los dije.
Agustín amablemente fue a la cocina y me trajo un vaso de agua, pero no estaba transparente, se veía turbia, me dijo: tomatela te vas a sentir mejor, no me encontraba en condiciones para refutar y la tome, pero tenía sabor a algo que no reconozco, otra de mis amigas se sentía también bastante mal, pero no se que paso con ella.