Capitulo: 2

2691 Palabras
"He regresado, papá" Cuando Megan se encerró en su habitación, mi madre solo me palmeó el hombro y nos dirigimos a la que era mi habitación, es la única que se encuentra en el segundo piso, y para mi sorpresa todo dentro de ella está intacto. — ¿Y esto? — le preguntó mirando a mi madre. — No quise mover nada — es lo único que dice con un breve encogimiento de hombros. Al cabo de un rato termino por arreglar mi ropa en el armario y limpiar el polvo de mi habitación. Me dirijo al baño, este es más pequeño que el de mi departamento, pero está muy lindo y chistoso. Las paredes están pintadas con un color rosa pastel y con celeste están las siluetas de mis manos, desde la más pequeña a la más grande, hay manos pintadas por todo el baño. En la ducha logró sentirme como una niña otra vez, como esa adolescente que un día se fue de casa jurando no volver. Cuando me duché, buscó en los cajones los libros de teología y demonología donde los dejé la última vez. Al graduarme del instituto no sabía qué hacer con mi vida, todos los de mi promoción asistían a la universidad y la verdad nunca me vi como una chica universitaria, fue entonces que me adentré a recibir clases temporales de algo que captaba por completo mi atención. En las clases aprendí del tema que contiene la biblia, las leyendas e historias. Mi familia era creyente en la existencia de un Dios, por mi parte siempre me cuestioné ese hecho, entonces conocí la historia de un ángel, quién se rebeló contra su propio creador, fue de todas las leyendas que me contaron la que más me emocionó, tal vez me sentí identificada con ese ángel. Desde pequeña me ha atraído el mundo paranormal, el mundo que no todos conocen o no quieren conocer, y después de adentrarme en esa leyenda solo nació en mí una indecisión, en no saber si servir a Dios o dudar en que el Diablo no es tan malo como lo pintan. Dejé los cursos luego de un año porque mi madre me decía constantemente que no es necesario o no es bueno que las personas sepan más cosas de lo que ya se sabe. En realidad, siempre creí que mi madre no le gusta esas cosas, no le gusta cuestionarse, ni cuestionar a su Dios. Guardó los libros en el cajón, es cuando decido sacar un lienzo del tamaño de una página y pintar, detallo todas las líneas con cautela, mezclando colores neutros, cuando aparece el atardecer por el ventanal decido bajar a la habitación de mi progenitora. Lily, mi madre, me dedica una sonrisa dulce como lo es ella misma, y el vestido blanco que usa para dormir le luce maravilloso. — No sabes cuanta alegría siento de que estés nuevamente en casa, te extrañe — Me toma de las manos brindándome calidez. — Y yo a ti, madre, la he extrañe mucho, y al igual que usted estoy feliz de estar en casa — Me guía hasta la sala para sentarnos juntas en el sofá de cuero. — Ya tienes veinticuatro años, ¿verdad? Miró a mi madre con sorpresa al darme cuenta de que no sabe con exactitud la edad de su primogénita, pero no dije nada al respecto. — Si, así es. — Entonces no entiendo cuándo...— se detuvo y me miró como si hubiese dicho algo que no debía decir. — ¿Cuándo que, mamá? — le insistí. — No, nada — sacude la cabeza como si quisiera olvidar sus pensamientos, antes de ponerse de pie — Buenas noches, mi niña. — Buenas noches, mami. Al regresar a mi habitación no me percaté en nada más, apagué la lámpara de la mesita de noche que tengo a lado mío, es lo único que mantiene la luz en la habitación, al apagarla no cerré mis ojos si no que me quedé viendo a la nada por un momento hasta lograr quedarme completamente dormida y viajar al país de los sueños. ྉྉྉྉ❁ྉྉྉྉ A la mañana siguiente, me despierto más temprano de lo usual, cuando logró alistarme bajó a la cocina de donde proviene un aroma a café. — ¿Has descansado? — pregunta mi madre al notar mi presencia en la cocina. Ella mantiene su cabello suelto, se le puede apreciar levemente algunos mechones blancos y un vestido floreado que le sienta bien. — Perfectamente— se le dibuja una sonrisa en su rostro ante la respuesta que recibe. Megan se mantiene seria sin emitir ninguna palabra o expresión, solo se encarga de freír algo en el sartén. — Espéranos en la mesa, ya está casi listo el desayuno — Asiento levemente y me acomodo en la mesa. Una mesa redonda de madera, forrada con un mantel de cuadros verdes y blancos. Después de un rato ponen el desayuno sobre la mesa, las ayudó a acomodar los platos para empezar a comer. — ¿Cómo te va en la galería? ¿Todo bien con tu jefa? — Cuestiona mi madre rompiendo el silenció. La mujer en frente de mi está entusiasmada de que haya regresado a casa. Cuando hace cuatro años decidí irme no creí que a mi madre era quién más le iba a afectar mi partida. — La verdad es que todo está saliendo a nuestro favor — Ensancha su sonrisa. No le iba a decir que tal vez cuando regrese Dayana, mi jefa, me despida. Mi madre posee una sonrisa encantadora y mucho más cuando en sus ojos demuestran ese brilló que pocas veces he podido ver. Terminamos el desayuno, lo cual agradecí porque Megan no dejó de burlarse y hacer chistes de mi presencia. Por la tarde le avise a mi mamá que saldría. Desde que llegué a este lugar solo tengo una cosa importante que hacer. Caminó por las calles solitarias, no circula ni un auto, no hay casas cerca y las que están se encuentran abandonadas, mi pueblo siempre se ha mantenido casi deshabitado, rodeado de árboles y bosque, mi niñez solamente la pase junto a Megan, nunca tuve a nadie cerca con quien jugar. Continúo caminando, sintiendo el viento que me proporciona los árboles, y las casas, que lucen como mansiones tenebrosas, sacadas de una película de terror, pasar de día por estas calles y ver aquellas casas rodeadas por arboles da una sensación extraña, pero por la noche es mucho peor. Cuando avanzó varios kilómetros me detengo al ver la cruz gigante que cuelga como diseño del candelabro, ya he llegado a ese lugar. Aquel lugar. Contengo el aire en mis pulmones para luego expulsarlo, aprieto mis puños a mis costados a causa del nerviosismo y me adentró al lugar, en uno de los bancos de madera, se encuentra un hombre con un traje totalmente blanco excepto por los zapatos, que son de cuero marrones. Muerdo mi labio con nerviosismo antes de acercarme al hombre, al sacerdote de la parroquia. — Tu madre me dijo que venías, creí que no lo harías —Pronuncia mientras se pone de pie y se da la vuelta para verme. Su imagen queda tan imponente ante mí. — Lo he hecho, era hora de regresar a casa — dije, dando unos pasos hacía él con un poco de nerviosismo, estar en su radar siempre me intimida. En el lugar no hay más nadie y también está justo como lo recuerdo, y lo único que logró recordar es todas aquellas veces que lloré. — Ya lo veo, me alegra que hayas regresado, Yas — Me muestra una sonrisa escasa, mientras me observa, pero no a los ojos precisamente. Nunca puede mirarme a los ojos. — ¿Te alegra? — cuestionó sarcástica, marcando una sonrisa en mi rostro, mientras niego levemente con la cabeza. — Por supuesto que me alegra volver a verte, eres mi...— Mi sonrisa se ensanchó aún más al notar que todavía no puede terminar aquella frase. — ¿Tú qué? ¿Por qué no lo dices? ¿Por qué tienes tanto miedo de que alguien te escuche, papá? — lo miró directo a los ojos, a esos ojos iguales a los míos. Oscuros, pero al mismo tan delatadores. Pude notar la tensión en su mandíbula, sus nervios, mientras observa a su alrededor asegurándose de que no se encuentre nadie más. — Yasbeth, por Dios. . . — lo interrumpo. — Él no tiene nada que ver con esto, tú y mi madre fueron los únicos pecadores y el hecho de querer ocultar que yo nací de aquello. — Te he dicho toda la vida que lo siento, pero no puedo aceptarlo — Un susurró casi audible, a veces esto suele darme mucha gracia, definitivamente nada ha cambiado. — Ya sé, solo quería verte y decirte que he regresado, papá, me quedaré un tiempo — dicho esto, doy media vuelta para irme. — No sabes cuanto lo siento, Yasbeth. — Si, yo también. No lo miró, solo me retiró del lugar, maldiciendo el hecho de haber venido. No sé porque siempre he insistido en venir, soy tan masoquista ¿Qué esperó de él? Nunca me ha dado lo que he querido y necesitado, pero aun así sigo esperándolo, esperando algo que nunca llegará, él no me ha aceptado en los últimos veinticuatro años, solo imaginar que no me aceptara nunca. Tantos años sin vernos, y al único hombre que le he rogado porque sea mi padre, continua igual, cerrándome su corazón, quitándome las probabilidades de por fin tener un padre Me detengo varias veces por el camino de vuelta gracias a que mis fosas nasales se cerraron, y mis ojos ardían con ganas de llorar, mi corazón latía con fuerza y eso solo me atormentaba. — ¿Mamá? — preguntó a Megan, quién se encuentra mirando la televisión en el sofá. — En su habitación, está descansando — dice ella sin despejar la vista del programa, asiento, dejando descansar a mi madre, me dirijo a las escaleras, pero Megan me sigue detrás. — Fuiste a verlo ¿verdad? — la pregunta de ella interrumpe mis pasos. — No es de tu incumbencia — respondo sin voltear a mirarla. — Debes dejar de ir a rogarle a ese hombre, y agradecer que tan siquiera tuviste la imagen de un padre en tu niñez, es un insulto a la memoria de mi padre, quién te crío y cuido como a su hija, pero aun así entiendo al sacerdote, da la liturgia todos los domingos y no acepta que tiene una hija como tú. No me mortifique por la burla y su sarcasmo, solo inhale hondo, y aunque me dolió creerlo, ella tuvo un poco de razón, mi padre es capaz de hablar de Dios mismo y su infinito amor hacia todos sus hijos, pero no es capaz de asumir la verdad y aceptarme como su hija. Al estar en mi habitación me recosté en la cama, utilicé mi celular por un tiempo para hacer una video llamada con Leah. — He sentido los piecitos de la pequeña Alejandra, ya quiero que regreses para que tú también puedas sentirlo — la sonrisa de mi amiga se refleja a través de la pantalla. — Leah, solo llevo un día aquí, no me puedes pedir que vuelva tan pronto. — Para mí ya parece un mes, pero debes estar segura de que no te quedarás, porque luego puedes decir que te quieres quedar y me abandonarás — Hace pucheros como si fuera una niña pequeña. — Sabes que eso no es cierto — Reclame — Tenemos una hija que cuidar y malcriar ¿No es así? dijiste que ella también era mi hija, así que, ¿Cómo crees que puedo abandonarlas? — Eso espero, que no me abandones como el idiota de su verdadero padre. Rodee los ojos dándole a entender que odio que hablemos de él y es cierto, no me gusta que se mencione a ese mal hombre, realmente desprecio a todos aquellos hombres que no logran aceptar y apreciar a sus hijas. No baje a la hora del almuerzo porque el tiempo voló mientras conversaba con mi amiga. Cuando termine de hablar con ella me quedé solo mirando el techo, creí que al volver cambiarían las cosas, creí que el estar lejos por años lo habían ablandado, creí que se decidiría alguna vez por mí, que me elegiría, pero sigue igual, ya no me interesa mucho hacer razonar a mi padre. Bajo las escaleras por la noche al sentir rugir mi estómago, pero mi madre me aviso que apenas está terminando de cocinar nuestra cena, así que salgo al enorme jardín, a buscar un poco de aire fresco. Esta oscuro, solo la luz de la luna y las estrellas alumbra un poco, siento el frío viento chocar con mi piel y mover mi cabello de un lado a otro, todo a mi alrededor es verde, rodeado de puros árboles y césped. Las estrellas se pueden apreciar mucho mejor desde aquí, en la ciudad debido a tantas luces por las calles, las estrellas no se pueden contemplar. Y es que es cierto lo que dijo mi abuela alguna vez "Entre más grande sea la oscuridad, más visible será la luz" las luces de las estrellas resplandecen entre tanta oscuridad que las rodea. Inhale profundo, el aire aquí no es dañino como en la ciudad, eso es una de las cosas que más me encantan de mi pueblo, todo está limpio, todo es bueno, todo esta tan sano. Todo está bien. Todo a mi alrededor se siente tremendamente diferente. Aunque la paz que mi cuerpo está sintiendo no duró para siempre, la calma a mi alrededor dejó de sentirse, el fresco suave arrasó convirtiéndose en un frío infernal que me eriza la piel por completo, pero al mismo tiempo es como una ola inmensa de calor, algo inexplicable, no es nada parecido como el viento de hace un momento. ¿La niebla? Una niebla espesa se hizo presente en mi campo de visión, desde los árboles que poco a poco empezó a acercarse y rodearme, acaricio mis pies como si fuera una serpiente antes de ahogar a su presa. El brillo de la luna y las estrellas se apagó, como si se ocultarán en el cielo oscuro. Un juego entre el frío y el calor se hizo presente y es que, entre más los árboles se estremecen esta sensación aumenta. Miedo. Mi órgano vital se aceleró como si quisiera escapar de mi pecho. Mis manos empezaron a temblar, pero al mismo tiempo a sudar, sentí una tensión en mi estómago y la garganta se me apretó impidiendo mi respiración regular. Quedé pasmada al no saber lo que está ocurriendo y lo que me está ocurriendo a mí misma. — Yas. . .— Un susurró, un silbido de los árboles arrastró mi nombre y cada letra de este, la pronuncio con detenimiento. Algo que al inicio no entendí, pero poco a poco comprendí. — Yas. . .— lo escuchó una segunda vez, estoy segura, que me está llamando, pero ¿Qué es? Su voz no es entendible para mí. Aquello proviene de la profunda oscuridad de los árboles. Siento mi piel electrificarse, el calor me recorre por completo, tanto que no me deja moverme, me paralizó en mi lugar, mis piernas no reaccionaron a mi orden de moverlas. Como si mis pies estuvieran clavados al suelo. Esa cosa hizo que no pudiese moverme, ni siquiera pestañear. El viento golpeo con tanta tempestad, los árboles se mueven con más intensidad, mi pulso exageró y mi respiración se agitó, lo único que siento es mi aliento frío cada que entreabro la boca. —Yasbeth — No lo soporte más, aquello fue lo último que escuché para que me impulsara a entrar devuelta a la casa, pero al hacerlo me encontré con que no estoy sola. La imagen que ve mis ojos es sorprendente y terrorífica, su boca se entreabre antes de volver a pronunciar mi nombre. — Yasbeth. . .
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