-No. Porque mañana volverás a convertirte en un gilipollas. Me llamarás fea y repugnante o lo que se te ocurra, y yo volveré a odiarte otra vez. Volveremos al punto de partida. Estoy harta de este tira y afloja porque no eres capaz de decidirte, joder. Fóllame o mátame, pero deja de jugar conmigo, joder. -¡Estoy aguantando por los pelos, joder!, le espeto y luego aparto la mirada. Deja de empujar dentro de mí cuando empiezo mi diatriba. No era mi intención desnudarle mi alma otra vez. -Puedes decirme lo mucho que soy tuya y lo mucho que me deseas, pero sigo siendo tu maldito secreto sucio. ¡Ninguna de tus palabras significa una mierda para mí!. -Lo significa todo, joder, porque el juego ha cambiado, nena. Eres mía, lo quieras o no. No me importa si no quieres serlo, porque cuand

