Cuando tengo el brazo ensangrentado, dejo caer la hoja en la hierba y me bajo la manga. Tomo el lápiz y el bloc de dibujo y empiezo a dibujar. Tengo los dedos manchados de sangre y la siento goteando por el brazo, pero no estoy en condiciones de preocuparme. En cambio, me concentro en el bloc y hago algo que no he hecho en mucho tiempo: empiezo a dibujar autorretratos. Mis dedos se deslizan sobre el papel como si alguien más estuviera dibujando. Se mueven, pero es como si estuviera en algún lugar lejano, mirándome, pero no soy yo quien crea la acción. Cuando termino, solo veo un dibujo mío delgado y ensangrentado. Tengo grietas en la cara que me distorsionan. Odio que me vea así ahora. Feo... Cuando ya no aguanto mirarlo, lo tiro al césped junto a mí y empiezo otro. Me siento como poseí

