La casa de Boone estaba más callada de lo normal. Era ese tipo de silencio que no nace del descanso, sino de la ausencia. De lo que ya no está. El sol apenas se colaba por las ventanas de la cocina. Ethan se sentaba en la mesa, con una taza de café entre las manos, tibia, casi fría. En el centro, abierto y manchado de hollín, el diario de su padre. Pasaba las páginas sin un rumbo claro. Buscaba… algo. Una pista. Un mensaje oculto. Un “te quiero” entre líneas. Pero solo encontraba notas, símbolos, nombres, fechas, restos de un hombre que vivió para cazar y murió por amor. En su celular, la pantalla mostraba un mensaje escrito pero no enviado. Dudó. Luego, apretó enviar. Sophia – 08:42 a.m. “Hola, ¿cómo estás? Han pasado días pesados. Solo quería saber de ti.” Esperó unos segundos. No

