Reflejos oscuros

2489 Palabras
El silencio que quedó en la habitación después de la pelea con los lobos era denso, cargado de electricidad. Dylan, Ethan y Zoey estaban allí, pero el verdadero combate apenas iba a comenzar. Dylan se apoyó en la pared, limpiando la sangre de su brazo con una camiseta vieja. Su mandíbula estaba tensa, su respiración aún agitada. No podía creer lo que acababa de pasar. Zoey estaba en la esquina de la habitación, aun recuperándose de su transformación parcial. Sus ojos dorados habían vuelto a la normalidad, pero la tensión en su cuerpo decía que esperaba un ataque en cualquier momento. Ethan fue el primero en hablar. -- No podemos matarla -- Dylan levantó la cabeza de golpe. -- ¿Qué? -- Ethan avanzó hasta ponerse entre él y Zoey, con el rostro serio. -- Nos salvó la vida, Dylan. Podría habernos dejado morir, pero eligió ayudarnos. Eso significa algo -- Dylan dejó escapar una carcajada amarga. -- Lo único que significa es que nos debe una, y yo no me fío de las deudas con monstruos -- Zoey no dijo nada. No intentó defenderse. Solo observó la discusión con una expresión tensa. Ethan apretó los puños. -- No todos los monstruos son iguales. Tú mismo lo sabes -- Dylan dio un paso adelante, su voz subiendo de tono. -- ¡Nuestro trabajo es cazar a estos cabrones, no decidir quién vive y quién muere! -- Ethan lo fulminó con la mirada. -- No, tu trabajo es matar a lo que odias sin pensar en otra cosa. No eres mejor que ellos -- El golpe fue directo. Dylan se tensó, su mirada oscureciéndose. -- Ten cuidado con lo que dices -- Ethan no retrocedió. -- ¿O qué? ¿Me vas a matar a mí también? -- Dylan sintió su paciencia romperse. -- ¡Te estás dejando llevar por una maldita mujer lobo! ¡Es patético, Ethan! -- Ethan sintió que la furia le subía hasta la garganta. -- ¡Al menos yo tengo corazón, no como tú, cabrón sin alma! -- Dylan explotó. -- ¡¿Y QUÉ ME DICES DE PAPÁ?! -- Ethan se congeló. Dylan respiraba con dificultad. Pero ya no había vuelta atrás. -- Lo llamé, Ethan. Antes de que encontráramos este caso. Papá está vivo -- El impacto en el rostro de Ethan fue como un golpe real. -- ¿Qué…? -- Dylan continuó, con la rabia ardiendo en su mirada. -- Me llamó. Me dijo que lo dejáramos en paz. Que está cazando al hijo de puta que mató a mamá. Y que tú no deberías estar en esto -- Ethan sintió como si el suelo se abriera bajo sus pies. -- ¿Desde cuándo lo sabías? -- su voz fue un susurro tenso, peligroso. Dylan no apartó la mirada. -- Desde hace días -- Ethan sintió una oleada de ira recorrerlo de pies a cabeza. -- Me mentiste… todo este tiempo… -- -- Era por tu bien -- gruñó Dylan -- Si te lo decía, habrías hecho una estupidez y lo habrías ido a buscar. ¡Papá no quiere que lo sigamos! -- Ethan apretó los dientes. -- ¡No te corresponde decidir eso por mí! -- Antes de que Dylan pudiera responder, el puño de Ethan se estrelló contra su mandíbula. Dylan trastabilló hacia atrás, pero se recuperó rápido y le devolvió el golpe con el doble de fuerza. Ethan cayó contra la mesa rota, pero se levantó de inmediato y se lanzó sobre Dylan. El motel entero se llenó del sonido de puños chocando con carne y huesos. Zoey observó en silencio, con el ceño fruncido. No era su pelea. No esta vez. Después de unos segundos, Ethan y Dylan se separaron, jadeando, con los labios partidos y la rabia aun ardiendo en sus ojos. Ethan fue el primero en moverse. Se limpió la sangre de la boca, tomó su chaqueta y caminó hacia la puerta sin mirar atrás. -- Ya tuve suficiente de esto -- murmuró. Zoey lo miró con una expresión neutra, pero cuando él pasó junto a ella, hizo un leve gesto con la cabeza. Le estaba pidiendo que fuera con él. Zoey miró a Dylan por un momento, buscando algo en su expresión. Pero Dylan no dijo nada. Ella suspiró y siguió a Ethan. Dylan se quedó allí, solo. Sin decir nada. Sin moverse. Solo viendo cómo su hermano se alejaba. Cómo se quedaba atrás… otra vez. El motel en Ravenshire ya era solo un recuerdo lejano cuando Dylan estacionó el Impala frente a un pequeño diner en las afueras de Coldcreek, un pueblo aún más jodido que el anterior. Habían pasado tres días desde que Ethan se largó. Tres días en los que Dylan no había recibido una sola llamada ni mensaje de su hermano. Tres días en los que había cazado solo. Y joder… lo odiaba. Se pasó una mano por el rostro, cansado, y sacó de su bolsillo un recorte de periódico arrugado. "Desapariciones misteriosas en Coldcreek: Tres jóvenes desaparecidos en el último mes sin rastro. Habitantes temen que la leyenda del 'Hombre de las Sombras' sea real." Dylan bufó. Siempre hay una maldita leyenda. Se bajó del auto, sintiendo el aire frío del pueblo pegarle en el rostro. El diner frente a él tenía luces opacas y clientes dispersos. Un buen lugar para conseguir información. Pero lo que no esperaba ver al entrar… era a su maldito hermano sentado en una mesa. Ethan. Y no estaba solo. Zoey estaba con él. Dylan se quedó quieto en la entrada, sintiendo la rabia subirle por la garganta. ¿En serio? ¿De todos los lugares en los que podían estar, tenían que estar en el mismo maldito caso? Ethan también lo vio. Sus miradas se encontraron en un choque de emociones no resueltas. Zoey dejó su taza de café en la mesa con calma. -- Bueno… esto es incómodo -- murmuró. Ethan mantuvo la mirada en Dylan, pero no dijo nada. Dylan cerró los ojos un segundo, maldiciendo su suerte. Después de todo lo que había pasado… todavía terminaban en el mismo jodido sitio. Porque así eran ellos. Porque no importaba cuánto se separaran, su destino siempre los arrastraba de vuelta al mismo camino. Dylan se acercó lentamente, apoyando ambas manos sobre la mesa y mirando directo a su hermano. -- ¿Qué demonios haces aquí? -- Ethan se cruzó de brazos. -- Lo mismo que tú. Investigando el caso -- Dylan soltó una carcajada sarcástica. -- ¿Investigando? ¿Desde cuándo trabajamos con monstruos? -- Su mirada pasó a Zoey por un segundo, su tono afilado como una navaja. Zoey no se inmutó. -- Tranquilo, grandote. Yo también quiero resolver esto. A menos que prefieras quedarte sin ayuda otra vez -- Dylan la ignoró y volvió su atención a Ethan. -- No sé qué demonios estás pensando, pero esto es nuestro trabajo, no el de ella -- Ethan apoyó los codos en la mesa y lo miró fijamente. -- ¿Y qué vas a hacer? ¿Echarme? -- Dylan se quedó en silencio. Porque sabía que no podía. No podía detener a Ethan, no podía obligarlo a largarse, no podía hacer absolutamente nada que cambiara el hecho de que su hermano había decidido tomar su propio camino. Y eso lo jodía. Dylan se enderezó, pasándose una mano por la mandíbula adolorida. -- Haz lo que quieras -- murmuró. -- Pero no te metas en mi camino -- Ethan asintió lentamente. -- Lo mismo digo -- Zoey suspiró, terminando su café. -- Ay, por favor, bájenle a la testosterona. Si los dos están aquí, significa que estamos jodidos y que el caso es real. Así que en lugar de medir quién la tiene más grande, mejor averigüemos qué demonios está pasando -- Dylan gruñó, pero no pudo negar que tenía razón. Finalmente, se sentó en la mesa. No era una tregua. Pero al menos ahora estaban en el mismo bando otra vez. El pueblo de Coldcreek parecía un lugar muerto. Las calles estaban desiertas, las luces de las casas titilaban como si fueran a apagarse en cualquier momento. El aire era denso, sofocante, como si algo invisible los estuviera observando. Ethan, Dylan y Zoey caminaban por la carretera principal, buscando respuestas. -- Este sitio me da mala espina -- murmuró Dylan, con la mano en su cuchillo de plata. Ethan asintió. -- Lo que sea que esté aquí, se esconde bien. No hay rastro de lucha, pero la gente desaparece sin dejar rastro -- Zoey se detuvo en seco. -- ¿Escucharon eso? -- Un sonido débil, casi imperceptible, un sollozo provenía de un callejón. Dylan levantó su arma al instante. Ethan avanzó con cautela y encontró a una mujer sentada contra una pared de ladrillos, temblando. Su ropa estaba sucia, su cabello despeinado, pero su rostro mostraba puro terror. -- Ayuda… por favor… -- Ethan se arrodilló junto a ella. -- Tranquila, estamos aquí para ayudarte. ¿Qué pasó? -- La mujer levantó la vista, sus ojos oscuros brillando con miedo auténtico. -- Ellos… ellos me llevaron… pero escapé… los demás aún están allí… en la cueva… los devoran uno por uno… -- Dylan y Zoey se miraron de inmediato. -- ¿Cueva? -- preguntó Dylan. La mujer asintió, temblorosa. -- Sí… está en las afueras… los escucho en mi cabeza… llaman a más… no quiero que me encuentren… -- Zoey la observó fijamente. -- ¿Cómo escapaste? -- La mujer parpadeó, confundida por la pregunta. -- No… no sé… solo corrí… -- Dylan frunció el ceño. Algo no cuadraba. Ethan la ayudó a ponerse de pie. -- Si hay más víctimas, tenemos que ir -- Dylan bufó. -- Esto huele a trampa -- Ethan le lanzó una mirada molesta. -- ¡Si hay una posibilidad de salvarlos, tenemos que intentarlo! -- Dylan suspiró con frustración. -- Bien… pero si esto sale mal, es tu culpa -- La mujer los guió a las afueras del pueblo, hasta una cueva oscura entre las montañas. Dylan apretó los dientes al sentir el aire dentro. Olía a muerte. Zoey se tensó. -- Esto es una jodida carnicería… -- Cuando dieron un paso más adentro, escucharon un ruido detrás de ellos. Ethan giró la cabeza… y vio a la misma mujer de antes. De pie en la entrada de la cueva. Sonriendo. -- Oh, mierda… -- La "mujer" que estaba con ellos dejó escapar una risa distorsionada… y su piel comenzó a derretirse. Eran los jodidos cambiaformas. De las sombras surgieron más figuras, piel deformándose, rostros cambiando. No eran solo dos. Eran al menos cinco. Dylan sacó su pistola de inmediato. -- ¡Nos tendieron una maldita emboscada! -- La cambiaformas que los había engañado torció la cabeza en un ángulo antinatural, su voz reverberando en múltiples tonos. -- Y ustedes cayeron justo donde los queríamos… -- Los cambiaformas atacaron al mismo tiempo. Los cambiaformas atacaron al mismo tiempo. La criatura que había fingido ser la mujer se lanzó sobre Ethan, su piel retorciéndose como si estuviera hecha de líquido. Ethan rodó hacia un lado, disparando a quemarropa con su pistola de plata. BANG. La bala perforó el pecho del cambiaformas… pero no en el corazón. El monstruo se convulsionó, gruñendo de dolor, pero en cuestión de segundos su herida comenzó a cerrarse. -- ¡Mierda! ¡Solo mueren si les das en el corazón! -- gritó Zoey, esquivando las garras de otra criatura. Dylan apretó los dientes. -- ¡Jodido clásico! -- Dos cambiaformas se transformaron en Dylan y Ethan al mismo tiempo. Era un maldito espejo. -- ¿Cuál es el verdadero? -- murmuró Zoey, sin saber a quién disparar. Los dos Ethan la miraron al mismo tiempo. Uno sonrió con confianza. El otro frunció el ceño y dijo con desesperación: -- ¡Zoey, soy yo! ¡No le dispares! -- Zoey no dudó. Le voló el corazón de un disparo al que sonrió. El cuerpo se convulsionó, su carne derritiéndose hasta convertirse en una masa informe antes de desplomarse. Dylan aprovechó la distracción y se lanzó sobre el cambiaformas que imitaba su rostro. Lo apuñaló en el pecho con su cuchillo de plata. La criatura rugió… pero no murió. Se giró y con una fuerza sobrehumana lo estrelló contra la pared de la cueva. Zoey trató de alcanzarlo, pero un cambiaformas la sujetó del cuello y la levantó del suelo. Dylan vio la escena en cámara lenta. Su propia imagen estaba estrangulando a Zoey. Y por primera vez… se vio a sí mismo como un monstruo. No lo pensó. Sacó su pistola y le disparó directo al corazón. El cambiaformas abrió los ojos de par en par antes de soltar un chillido agudo y caer muerto. Zoey jadeó, recuperando el aliento. Su mirada se cruzó con la de Dylan. Él la había salvado. Pero no había tiempo para hablar. Solo quedaba uno. El último cambiaformas tomó la forma de Ethan y trató de engañarlos. Pero Ethan ya estaba apuntándole con su pistola. -- No me vas a joder otra vez -- murmuró, y le disparó en el corazón. La última criatura cayó al suelo, retorciéndose hasta quedar inmóvil. El silencio en la cueva fue ensordecedor. Dylan se giró hacia Ethan, con el rostro cubierto de sangre y tierra. -- No digas nada -- murmuró. Ethan se cruzó de brazos. -- ¿Por qué la salvaste? -- Dylan apretó la mandíbula. Zoey se mantuvo en silencio, observándolo. Dylan suspiró. -- Porque… -- hizo una mueca, odiando cada palabra. -- No todos los monstruos son iguales… ¿feliz? -- Ethan sonrió levemente. -- Un poco -- Zoey ladeó la cabeza, divertida. -- Sabía que no podrías resistirte a mí, Ravenwood -- Dylan gruñó. -- No te hagas ilusiones. Si te veo matar a un humano, seré el primero en terminar el trabajo -- Zoey asintió lentamente. -- Supongo que eso es lo más cercano a un ‘te perdono’ que voy a recibir, ¿eh? -- Dylan bufó y miró a Ethan. -- ¿Nos largamos de aquí o qué? -- Ethan sonrió. -- Vamos -- Los tres salieron de la cueva, dejando atrás los cuerpos destrozados de los cambiaformas. En el exterior, el aire helado los envolvió. Zoey se quedó parada en la entrada de la cueva mientras los hermanos caminaban hacia el Impala. Dylan se giró. -- ¿Vienes? -- Zoey negó con la cabeza. -- No esta vez. Pero nos volveremos a ver, Ravenwood. Lo sé -- Dylan bufó. -- Ojalá que no -- Pero esta vez, su tono no fue tan frío. Zoey desapareció en la noche. Dylan se subió al Impala y giró la llave. Ethan lo miró de reojo. -- ¿A dónde ahora? -- Dylan encendió un cigarro y sonrió de lado. -- A donde nos lleve el camino, hermano -- Ethan sonrió. Y con eso, el Impala se perdió en la carretera bajo la luz de la luna.
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