El precio de la sangre

2558 Palabras
El viento soplaba con violencia, arrastrando ceniza por el aire, como si el mundo entero se hubiese transformado en un cementerio de polvo y muerte. Ethan abrió los ojos con dificultad, sintiendo el sabor metálico de la sangre seca en la lengua. El cielo estaba teñido de un rojo abrasador, cubierto por nubes negras que giraban en espiral como si un huracán infernal estuviese por desgarrar el mundo desde lo alto. Frente a él, las ruinas de una ciudad desconocida ardían en silencio. Los edificios, derretidos y partidos por la mitad, parecían haber sido arrasados por algo más que fuego. El suelo estaba agrietado y la tierra lloraba humo. No había gente. No había animales. Solo muerte. Ethan se puso de pie con esfuerzo, tambaleando como si acabara de ser arrastrado por un vendaval. Sus botas pisaban escombros humeantes mientras caminaba sin saber hacia dónde. En medio del caos, una figura solitaria se alzaba sobre una colina hecha de huesos humanos. No necesitaba acercarse más para saber quién era. Azazel. Sus ojos brillaban como dos soles enfermos, amarillos y venenosos. Vestía una gabardina oscura, y sus manos estaban manchadas de sangre que goteaba y chispeaba como si fuera lava ardiente. -- Bienvenido, Ethan -- dijo con voz rasposa, como si la tierra misma hablara a través de él -- -- ¿Dónde estoy? ¿Qué demonios es esto? -- preguntó Ethan, mirando a su alrededor con desesperación -- Azazel sonrió con burla, caminando hacia él con paso lento, seguro, como si cada centímetro de ese mundo fuera suyo. -- Esto es el futuro. Uno de muchos. Un mundo donde Lucifer se ha levantado. Donde la humanidad fue reducida a cenizas. Un mundo donde los niños como tú, los que llevan algo dentro... son el arma más poderosa -- Ethan retrocedió un paso, sintiendo que algo se agitaba dentro de él. Algo que siempre había estado ahí, enterrado, latiendo en silencio. -- ¿De qué estás hablando? -- Azazel inclinó la cabeza como si admirara una obra de arte. -- Parte de mí vive dentro de ti, Ethan. Desde que eras un bebé. Te elegí. Te marqué. Eres especial. No un simple humano, no un cazador cualquiera. Eres la semilla de algo más grande. Y cuando llegue el momento, esa parte de ti me va a necesitar -- -- Nunca. Jamás voy a ser como tú -- gruñó Ethan, apretando los puños, con la respiración agitada -- Azazel rió, una carcajada que hizo temblar el suelo bajo sus pies. -- Oh, Ethan... tú aún no sabes quién eres. Pero lo harás. Y cuando ese momento llegue, tú serás el que abra la puerta. No yo. Tú. Porque tú vas a elegirlo -- La ciudad detrás de Azazel comenzó a crujir, como si algo gigantesco se levantara desde lo profundo de la tierra. Un grito inhumano resonó en la distancia, y la colina de huesos comenzó a temblar. -- ¡Basta! -- gritó Ethan -- ¡Esto no es real! ¡No lo es! -- Azazel extendió una mano, acariciándole el rostro como si fuera su propio hijo. -- Nos volveremos a ver, hijo mío. Y ese día… sabrás que ya es demasiado tarde -- Una luz blanca, cegadora, estalló frente a Ethan, obligándolo a cerrar los ojos. Cuando volvió a abrirlos, jadeando, empapado en sudor, estaba de nuevo en el sofá. Ethan se incorporó, respirando como si acabara de correr una maratón. Se llevó una mano al pecho, buscando latidos que se sentían ajenos. Su mente temblaba con la visión que acababa de vivir. Pero no dijo una sola palabra. No gritó. No despertó a nadie. Simplemente se quedó ahí, en el sofá, con los ojos fijos en la oscuridad. Y por primera vez en mucho tiempo, tuvo miedo. Miedo real. Miedo de sí mismo. La noche avanzaba lenta en la casa de Boone. Un silencio inusual flotaba en el ambiente. Ethan hojeaba un libro sin prestarle atención real. Dylan estaba sentado junto a la ventana, limpiando su pistola como quien pule una promesa. Boone preparaba café en la cocina, aunque ninguno de los tres parecía tener ánimos para beber nada. -- Nunca lo había visto así -- murmuró Boone, dejando la cafetera sobre la mesa -- Ni siquiera cuando perdimos a tu madre -- -- ¿Quién, Ethan? -- preguntó Dylan, sin levantar la mirada -- -- Sí. Está raro. Silencioso. Como si estuviera guardándose algo... algo grande -- Ethan no dijo nada. No podía. Su mente seguía atrapada en la pesadilla. Azazel. Ese mundo de cenizas. El calor en su pecho. Su respiración aún no era del todo normal. No podía contarles. No todavía. -- Estoy bien -- dijo al fin, cerrando el libro sin mirarlos -- Solo estoy cansado -- Dylan lo observó un segundo más, pero no insistió. Boone tampoco. Tal vez por respeto. Tal vez porque algo en el aire les decía que ese no era el momento para presionar. Fue entonces que la puerta explotó. La madera saltó en astillas, las bisagras volaron y un viento helado se coló en la casa como si el invierno mismo hubiese decidido irrumpir. Boone fue el primero en reaccionar, desenfundando una escopeta vieja que tenía colgada detrás del sofá. Dylan ya estaba de pie, cuchillo en mano. Ethan se incorporó al instante, con el corazón acelerado. En la entrada, una figura femenina se recortaba contra la oscuridad exterior. Su piel era pálida, su cabello n***o como la noche, y sus ojos... sus ojos eran de un n***o profundo, como un vacío sin fin. Iba vestida con un abrigo de cuero, cubierto de tierra y sangre seca. Y aunque su apariencia parecía salida del infierno, literalmente, sus manos estaban alzadas en señal de paz. -- ¡No disparen! ¡Vengo a ayudarlos! -- gritó, con una voz ronca, cargada de urgencia -- -- ¿Qué demonios eres tú? -- espetó Dylan, apuntándole con el cuchillo encantado -- -- Justamente eso... un demonio. Pero no de los que trabajan para él. Estoy huyendo. Y si me matan, nunca encontrarán a Azazel -- Boone no bajó su arma. -- ¿Por qué deberíamos creerte, eh? ¿Después de patear la puerta de mi casa como si fueras la dueña del lugar? -- -- Porque soy la única que puede llevarlos hasta él -- dijo ella con firmeza -- Y porque si no se apuran, su plan va a completarse mucho antes de lo que creen -- Ethan frunció el ceño. -- ¿Cuál es tu nombre? -- Ella dio un paso hacia adelante, sin miedo. -- Me llamo Lilith. Y estoy cansada de ser su esclava -- Lilith entró lentamente, sin dejar de mirar las armas que la apuntaban. Caminó hasta el centro de la sala como si el infierno la hubiese arrojado allí, pero sin perder el aire de orgullo. Cada paso resonaba en la madera con un eco tenso. -- Él me tenía encadenada -- dijo, señalando las cicatrices que cruzaban sus muñecas -- Me hizo hacer cosas que no quiero recordar. Cosas horribles. Pero logré escapar... y quiero venganza -- -- A ver si entiendo -- dijo Boone, bajando apenas la escopeta, pero con la mandíbula apretada -- ¿Vienes del infierno, pateas mi puerta, hablas de cadenas, y ahora esperas que te creamos porque... estás dolida? ¿Qué sigue? ¿Un abrazo de grupo? -- -- Boone -- dijo Ethan con voz baja -- Espera, escuchemos lo que tiene que decir -- -- No. No me jodan con eso -- Boone los miró a ambos con ojos cargados de furia -- ¿Saben cuántas veces he visto a demonios llorar, mentir, manipular? Es lo que hacen. Es lo único que saben hacer -- Lilith cerró los ojos un segundo, respiró hondo, y dijo con calma: -- Sé que no soy lo que esperaban. Pero también sé que ustedes quieren matarlo. Y yo... tengo la llave para encontrarlo. Sé dónde se esconde, sé cómo se mueve, sé qué está planeando. Ustedes no lo conocen como yo -- -- ¿Y por qué ahora? -- preguntó Dylan, aún con el cuchillo listo -- ¿Por qué justo ahora decides traicionarlo? ¿Por qué nosotros? -- -- Porque ustedes tienen el cuchillo -- dijo ella, señalando el arma con una sonrisa amarga -- Y porque Azazel teme a ese cuchillo más de lo que admite. No porque lo pueda matar... sino porque fue forjado por alguien que lo conoce. Alguien que estuvo por encima de él una vez -- -- ¿Y por qué deberíamos confiar en que nos llevarás a él y no a una emboscada? -- preguntó Ethan -- Lilith los miró con sinceridad. Era extraño, pero su expresión no tenía la frialdad típica de un demonio. Había algo humano en sus ojos. Algo roto. -- Porque si él gana... todos perderemos. Humanos, demonios, todos. Azazel no quiere solo el control. Él quiere desatar al Príncipe. Y para eso... necesita a Ethan -- Ethan sintió un escalofrío recorrerle la espalda. -- ¿Cómo sabes eso? -- -- Porque me obligó a buscar niños como tú -- susurró Lilith -- Porque tú eres especial. No eres solo un humano, Ethan. Eres... algo más. Algo que Azazel necesita para abrir las puertas del infierno. Y si no hacemos algo pronto, él va a lograrlo. Y este mundo se convertirá en cenizas -- Un silencio denso cayó sobre la habitación. Boone se frotó el rostro con ambas manos, frustrado. -- Esto es una maldita locura -- murmuró -- No podemos confiar en ella. No podemos jugar este juego con un demonio en nuestro equipo. Esto no es una serie de televisión, muchachos. Esto es real -- Dylan se giró hacia él. -- Lo sé, Boone. Pero también sé que si hay una oportunidad, por pequeña que sea, tenemos que tomarla. No estamos ganando esta guerra. Y si ella puede darnos ventaja... necesitamos escucharla -- Ethan asintió, pero el nudo en su garganta era cada vez más grande. Las palabras de Lilith le retumbaban en el pecho como campanas de advertencia. No eres solo un humano. Lilith alzó la mirada, decidida. -- Si me siguen, puedo llevarlos hasta él. Pero deben decidir ahora. Porque Azazel ya sabe que tienen el cuchillo. Y no va a esperar a que ustedes hagan el primer movimiento – La noche se cernía sobre el bosque como una amenaza silenciosa. Lilith caminaba al frente, envuelta en un abrigo largo n***o, con el rostro tenso y la mirada fija en el camino. A sus espaldas, Dylan ajustaba el cuchillo en su cinto, mientras Ethan cargaba una escopeta con sal demoníaca. Boone los seguía en silencio, escéptico, pero con los sentidos en alerta. Llegaron a una casa abandonada en mitad de la nada. La madera podrida crujía bajo sus pies. Las ventanas estaban cubiertas con tablones y las paredes, llenas de símbolos demoníacos. -- Aquí es -- susurró Lilith, girándose hacia ellos -- Está en el sótano. Siempre le gustaron los lugares oscuros... como su alma -- -- ¿Estás segura de que no nos estás llevando a una trampa? -- preguntó Boone, con la escopeta en alto -- Lilith lo miró con hastío. -- Ya lo dije. Si quisiera matarlos, lo habría hecho en tu sala de estar -- Dylan hizo un gesto con la cabeza. -- Vamos. Cuanto antes entremos, antes saldremos de aquí -- Bajaron las escaleras en silencio. El aire se volvió más frío a cada paso. Las paredes parecían cerrarse alrededor de ellos. Cuando llegaron al sótano, lo encontraron iluminado por velas negras. En el centro, una silla vacía. -- ¿Dónde está? -- murmuró Ethan -- -- Aquí -- La voz resonó como un trueno. Azazel apareció detrás de ellos, como si la oscuridad lo hubiera escupido. Sus ojos amarillos brillaban con una intensidad antinatural. -- Siempre tan valientes... tan estúpidos -- Dylan sacó el cuchillo. Boone apuntó la escopeta. Ethan retrocedió un paso. -- Esto se acabó -- dijo Dylan -- Te vamos a matar, maldito -- Azazel soltó una carcajada seca. -- ¿Matarme? ¿Con eso? -- Antes de que pudieran reaccionar, Azazel alzó una mano. Una fuerza invisible los lanzó a los tres contra la pared con una violencia brutal. El cuchillo cayó al suelo, lejos del alcance de Dylan. Ethan intentó moverse, pero no podía. -- ¿De verdad creyeron que podían sorprenderme? -- dijo Azazel mientras caminaba entre ellos con calma -- Los he estado observando desde el principio. Cada paso. Cada palabra. Cada duda en sus corazones -- Se detuvo frente a Ethan. -- Y tú, mi favorito... Mi obra maestra en construcción. No sabes lo especial que eres, ¿verdad? Dentro de ti, late algo más. Algo... oscuro. Algo mío -- -- ¡Cállate! -- gritó Ethan, con el rostro tenso de impotencia -- -- Tu madre fue solo un daño colateral -- dijo Azazel sin emoción -- Estaba buscando el recipiente perfecto. Y tú eras el siguiente. Pero ella interrumpió. Y tuve que... hacer lo necesario -- Dylan gritó de rabia, forcejeando, mientras la furia le subía como un incendio. -- ¡Te voy a matar! ¡Lo juro! -- Azazel se rió. -- Ustedes nunca podrán matarme. Porque aún no entienden con qué están lidiando. Yo no soy un demonio cualquiera. Yo soy Azazel... príncipe del infierno. Y este mundo, es solo el comienzo -- Y entonces, cuando alzó la mano para rematar a Dylan, una ráfaga de energía lo interrumpió. -- ¡Aléjate de mis hijos! -- Henry. Entró con un arma sagrada en la mano, lanzando una onda de luz que hizo retroceder a Azazel varios metros. Dylan y Boone cayeron al suelo, libres de la presión. Ethan jadeaba, temblando. Azazel lo miró, furioso. -- Henry Ravenwood. Cuánto tiempo... -- -- Desgraciado -- escupió Henry -- Esta vez no voy a fallar -- Lo que siguió fue una batalla brutal. Magia demoníaca contra artefactos sagrados. El sótano temblaba con cada impacto. Boone ayudó a levantar a los chicos, mientras Henry lograba herir a Azazel en el pecho con una daga consagrada. Azazel rugió de dolor. Por primera vez, sangró. -- ¡Esto no ha terminado! -- gritó mientras desaparecía entre llamas negras -- El silencio volvió al sótano, denso y pesado. Henry se volvió hacia ellos. -- ¿Están bien? -- Dylan se levantó, con una mezcla de asombro y rabia. -- Viejo hijo de... ¿Dónde demonios estabas? -- -- Luego hablaremos de eso. Vámonos antes de que regrese con refuerzos -- La noche los envolvía mientras el Impala avanzaba por la carretera. Ethan iba en el asiento trasero, mirando por la ventana con los pensamientos revueltos. Dylan manejaba, con la mandíbula apretada. Henry, en el asiento del copiloto, en silencio. -- Le hicimos sangrar -- murmuró Dylan -- Le hicimos sangrar, maldita sea. Tal vez sí podamos matarlo -- -- Tal vez sí -- respondió Henry, sin mirar atrás -- Por primera vez en mucho tiempo, había esperanza en el aire. Una chispa. Una posibilidad real. Y justo cuando Boone los llamaba por la radio... Un camión de carga apareció de la nada, saliendo a toda velocidad de un cruce. No hubo tiempo de frenar. El impacto fue brutal. El Impala giró en el aire como una hoja arrastrada por el viento. El mundo se volvió oscuridad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR