El rugido del motor del Impala era lo único que rompía el silencio entre los hermanos.
Dylan conducía con la mirada fija en la carretera, los nudillos blancos de tanto apretar el volante. Ethan, a su lado, mantenía la vista en la ventana, perdido en sus pensamientos.
El cuchillo descansaba en el asiento trasero, envuelto en un trapo, como si su mera presencia contaminara el aire.
Dylan soltó un suspiro y sacó su teléfono del bolsillo.
-- Voy a llamarlo -- murmuró, sin apartar la vista del camino.
Ethan giró la cabeza, arqueando una ceja.
-- ¿A quién? --
Dylan solo le lanzó una mirada significativa antes de marcar el número.
El tono de llamada sonó una vez. Dos. Tres.
Nada.
Pero justo cuando estaba a punto de colgar, el buzón de voz se activó.
Dylan apretó los dientes y llevó el móvil al oído.
-- Papá… soy yo -- su voz era firme, pero tenía un tinte de cansancio -- No sé si aún usas este número, pero escúchame bien. Tenemos el cuchillo. Sí, ese cuchillo --
Ethan lo miró de reojo, en silencio.
-- El problema es que para conseguirlo... perdimos a alguien -- hizo una pausa, tragando saliva -- Zoey hizo un trato. Se quedó con el Alfa a cambio de que yo pudiera salir con el cuchillo. No pude hacer nada, joder. No pude evitarlo --
El dolor se colaba en su voz.
-- La vamos a recuperar, Ethan y yo. Pero necesito ayuda. No sé dónde estás, no sé si sigues vivo, pero si escuchas esto, llámame --
Colgó y tiró el teléfono sobre el tablero con frustración.
Ethan dejó escapar un suspiro.
-- ¿Crees que te llamará? --
Dylan apretó la mandíbula.
-- No lo sé. Pero si hay una maldita oportunidad, la voy a tomar --
Silencio.
Ethan miró de nuevo la ventana, su mente revuelta en pensamientos.
Dylan giró el volante y se adentró en una carretera secundaria.
-- Vamos a buscar un motel. Necesitamos descansar antes de hacer cualquier otra cosa --
Ethan no discutió.
Ambos sabían que lo peor aún estaba por venir.
MOTEL DESCONOCIDO – HABITACIÓN 6
La puerta del motel se cerró con un leve clic detrás de ellos.
Dylan tiró las llaves sobre la mesa y dejó escapar un suspiro cansado.
-- Unas seis horas de sueño, luego seguimos buscando información -- murmuró, masajeándose la nuca.
Ethan dejó su mochila en el suelo y se dejó caer en la cama más cercana.
Pero algo no estaba bien.
El aire en la habitación era pesado.
Frío.
Dylan sintió un escalofrío recorrer su espalda y frunció el ceño.
Fue entonces cuando lo vieron.
No estaban solos.
Un hombre estaba sentado en una silla en la esquina de la habitación.
Alto, con el cabello oscuro y un abrigo n***o impecable. Sus ojos amarillos ardían en la penumbra.
Ethan se quedó helado. Dylan reaccionó primero, sacando el cuchillo en un solo movimiento.
Pero el hombre solo sonrió.
-- Ah, Dylan, Ethan… tanto tiempo siguiéndolos y por fin nos conocemos cara a cara --
Su voz era tranquila, casi amigable.
Dylan frunció el ceño, su agarre en el cuchillo se volvió más firme.
-- ¿Quién eres? ¿Cómo nos encontraste? --
El hombre inclinó la cabeza, como si la pregunta lo divirtiera.
-- Oh, chicos... siempre los he estado vigilando de cerca --
Ethan sintió su estómago revolverse.
-- ¿Desde cuándo? --
El hombre se levantó con calma, metió las manos en los bolsillos y dio un par de pasos hacia ellos.
-- Desde que eran niños --
Ethan sintió su respiración volverse pesada.
Dylan apretó los dientes.
-- ¿Quién carajo eres? --
El hombre sonrió de lado.
-- Pueden llamarme Azazel --
El silencio se volvió insoportable.
El nombre colgó en el aire como una maldición.
Dylan sintió que la sangre le hervía en las venas.
Sin pensarlo, corrió hacia él con el cuchillo en alto, pero antes de que pudiera siquiera acercarse, Azazel levantó una mano.
BAM.
Una fuerza invisible lo lanzó con brutalidad contra la pared. Su espalda golpeó el yeso con un crujido seco, sacándole el aire de los pulmones.
Ethan sacó su pistola y disparó.
Bang.
Bang.
Pero las balas se detuvieron en el aire, flotando por un segundo antes de caer al suelo.
Azazel chasqueó la lengua.
-- ¿En serio? ¿Eso es todo lo que tienen? Qué decepción --
Con un simple movimiento de su mano, el cuerpo de Ethan fue arrojado con fuerza contra el suelo.
Dylan gruñó, intentando moverse, pero su cuerpo estaba paralizado.
Azazel caminó hasta Ethan y lo observó con curiosidad.
-- Qué increíble... verte en persona después de tantos años --
Ethan respiró con dificultad.
-- ¿Qué demonios quieres? --
Azazel se inclinó un poco más.
-- ¿De verdad no lo sabes? --
Ethan no respondió.
Azazel sonrió.
-- Tú fuiste mi objetivo desde el principio, Ethan. Y tu madre… bueno, ella solo fue un daño colateral --
Ethan sintió que el suelo desaparecía bajo él.
-- No... -- su voz apenas fue un susurro.
Azazel suspiró.
-- Alice se metió en algo que no le correspondía. No debió interferir. Pero supongo que era de esperarse, ¿no? Una madre siempre protege a su hijo --
Ethan sintió un nudo en la garganta.
Dylan apretó los dientes con rabia.
-- ¡Te juro que te voy a matar, maldito hijo de perra! --
Azazel sonrió con diversión.
-- Oh, Dylan… me encantaría verte intentarlo --
Con un chasquido de dedos, el cuchillo salió disparado de la mano de Dylan y se clavó en la pared, lejos de su alcance.
Azazel se enderezó y miró a Ethan una última vez.
-- Nos volveremos a ver --
Y entonces, chasqueó los dedos.
Desapareció.
La presión que los mantenía atrapados se desvaneció de golpe. Dylan cayó al suelo con un gruñido de dolor, mientras Ethan quedó arrodillado, con la mirada perdida.
El silencio en la habitación era insoportable.
Dylan recogió el cuchillo con manos temblorosas y miró a su hermano.
-- Ethan... --
Pero Ethan no respondió.
Su mente estaba en otro lugar.
Todo lo que creía, todo lo que sabía, todo lo que lo había definido hasta ahora...
Era mentira.
MUCHOS AÑOS ATRÁS
La noche era tranquila.
Demasiado tranquila.
El pequeño Ethan Ravenwood dormía profundamente en su cama, envuelto en una manta azul. Su respiración era suave, acompasada, con la inocencia de un niño que aún no conocía el horror.
Pero en la oscuridad de su habitación, alguien más estaba allí.
Una sombra se alzaba junto a su cama.
Alta. Inmóvil. Paciente.
Sus ojos brillaban como brasas, iluminando la penumbra con un resplandor amarillo.
Azazel observaba.
Su expresión era casi… tierna.
Como si analizara cada detalle del niño.
Como si lo estuviera juzgando.
La brisa nocturna se colaba por la ventana entreabierta, meciendo suavemente las cortinas.
Pero Azazel no se movió.
Esperó.
Esperó en silencio.
Esperó como si aquella escena se hubiera repetido una y otra vez en su mente.
Hasta que la puerta de la habitación se abrió de golpe.
-- ¡Aléjate de mi hijo! --
La voz de Alice Ravenwood rasgó la quietud como un trueno.
Ella estaba de pie en el umbral, con los ojos encendidos de furia y miedo.
En sus manos, temblorosas pero firmes, sostenía una pistola.
Apuntó directamente al corazón del intruso.
Pero Azazel no reaccionó.
No se inmutó.
Solo giró lentamente la cabeza hacia ella, con una sonrisa ladeada.
-- Oh, Alice… -- susurró con suavidad -- Qué valiente eres --
Alice apretó los dientes.
-- No sé quién eres ni cómo entraste aquí, pero te juro que si das un paso más, te vuelo la cabeza --
Azazel inclinó la cabeza, divertido.
-- ¿De verdad? --
Y, con un simple movimiento de su mano, el arma salió despedida de las manos de Alice.
Ella jadeó cuando un poder invisible la arrojó contra la pared.
El golpe fue brutal.
Su espalda chocó con el yeso con un ruido seco, y un dolor punzante le recorrió el cuerpo.
Azazel bajó la mano.
-- Qué lástima. Eras una buena cazadora --
Alice respiró con dificultad, pero no apartó la mirada de su hijo.
El pequeño Ethan se removió en la cama, susurrando algo entre sueños.
Azazel volvió su atención hacia él.
-- Nunca he entendido por qué los humanos hacen tanto escándalo. Solo es un niño --
Alice sintió un nudo en la garganta.
Sabía lo que él quería.
Lo supo en el momento en que lo vio junto a la cama de su hijo.
Y no iba a permitirlo.
Con un gruñido, reunió fuerzas y se impulsó desde la pared, lanzándose contra Azazel con toda la furia que tenía en su cuerpo.
Pero él ni siquiera se molestó en moverse.
Solo levantó una mano.
Alice quedó suspendida en el aire.
Su cuerpo se paralizó por completo, como si mil cadenas invisibles la sujetaran.
Ella gritó.
Azazel sonrió.
-- Luchaste bien, Alice. Pero esta guerra nunca fue tuya --
Entonces, el techo crujió.
Alice abrió los ojos con horror.
Porque sabía lo que iba a pasar.
Porque lo había visto antes.
Las llamas brotaron de la nada, devorando la madera con una rapidez imposible.
El fuego se expandió por el techo, iluminando la habitación con un resplandor infernal.
Ethan, en la cama, abrió los ojos.
Las lágrimas nublaron su mirada cuando vio a su madre flotando en el aire, envuelta en el resplandor de las llamas.
-- ¡Mamá! --
Alice no apartó la mirada de su hijo.
-- Ethan… -- susurró, con los ojos llenos de amor y desesperación -- No mires… --
Azazel hizo un gesto con la mano.
Y Alice voló hacia el techo.
El fuego la devoró.
Su grito se perdió entre las llamas.
El techo tembló.
Las paredes crujieron.
El fuego rugió con fuerza.
El pequeño Ethan gritó con todas sus fuerzas, mientras su mundo se derrumbaba a su alrededor.
Y Azazel, con una calma inquietante, se dio la vuelta y desapareció.
Como si nada de eso hubiera importado.
Como si Alice Ravenwood jamás hubiera existido.