La viuda de mi padre ¿es mi esposa?

2552 Palabras
Sorpresivamente, él me levanta en sus brazos, y como si su vida dependiera de ello, sale apresuradamente del jardín conmigo, yo no dejo de observar su barbilla y cómo el antifaz lo hace incluso ver más atractivo y misterioso. Pasamos por un largo pasillo oscuro antes de ingresar al lado trasero de la mansión, sin ningún tipo de esfuerzo él sube con facilidad las escaleras, aún llevándome en sus brazos. Pronto llegamos a una habitación la cual empuja con el pie después de hacer un ligero movimiento en la perilla. Mi cuerpo cae en la cama, con él sobre mí, ahí mis piernas parecen querer amoldar su forma y rodeo sus caderas, sintiendo la presión de una gran dureza contra mi pelvis. —¡Ah! —libero otro gemido, esta vez más fuerte que el anterior, ya que él simula el movimiento de una embestida, presionando aún más fuerte contra mí. —Aquí si puedes gemir tanto como puedas. Todos están en la fiesta y nadie nos escuchará. —Oh cielos… La boca de él que antes estaba solo en mi cuello, ahora se apodera de mi escote y pechos. Por todos los cielos, esto se sentía tan bien que no deseaba que pare, pero cuando creí que ya no había más, él metió una mano entre nosotros y tuve que ahogar un gemido en mi garganta al sentir sus dedos deslizándose suavemente entre mis pliegues. —Si linda… ¿Te gusta? Yo solo asentí, ya que ni podía articular palabra alguna. Entonces, su dedo trató de deslizarse aún más, pero cuando lo hizo, sintió que era estrecho, a pesar de mi humedad, era complicado y esto lo llevó a cambiar de expresión como si se cuestionara algo, como si sospechara que yo… —Sí, lo soy… —susurré la respuesta antes de que hiciera la pregunta. Entonces él parecía no saber qué responder y se quedó quieto por solo unos segundos. —¿Y estás segura de querer hacer esto conmigo? Cuando me hizo esa pregunta no pude evitar sentir una presión en el pecho siempre había creído que mi primera vez sería con Belzer; el hombre que tanto había amado pero ¿Valía la pena? Después de tantos años estaba segura de que no. Así que tomando la mano de esa persona la llevé a mi pecho. —Tú lo deseas, yo lo deseo, ¿qué más respuesta que esas deseas? Seamos solo dos desconocidos dando rienda suelta a sus deseos, toma mi virginidad. Él pasó saliva, creí que se arrepentiría Y qué se iría pero contrario a eso volvió a besarme, pero esta vez con suavidad, besó mis labios y de ellos bajó a mi cuello, escote y pechos, al llegar ahí sus manos comenzaron a bajar los tirantes de mi vestido. Mis pechos saltaron libres y aunque estábamos a oscuras podíamos vernos tenuemente por la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Sin dejar de besarme su boca descendió hasta mi vientre, conforme lo hacía bajaba el vestido cada vez más y más hasta que se encontró con mi parte más sensible y ahí atrapando mis bragas con sus dientes, lo deslizó por mis piernas dejándome de esta manera completamente desnuda. Por inercia me cubrí los pechos con los brazos sentía deseo pero también algo de pudor. Todo lo contrario a lo que él parecía sentir, ya que de tan solo un tirón se abrió la camisa, su abrigo había al suelo desde que ingresamos, sus manos sin titubear quitaron su cinturón y pronto desabrochó su pantalón hasta que dé un solo movimiento se lo quitó con todo y ropa interior quedando de la misma manera que yo. Tuve que pasar fuertemente saliva ya que a pesar de que todo estaba a oscuras podía observar la silueta de su cuerpo y lo pronunciado y erguido que se veía su m13mbro. Subiendo suavemente a la cama, se posicionó entre mis piernas, sus brazos quitaron mis manos de mis pechos y viendolos libres se mordió los labios, con una mano tomó su virilidad y la acercó hasta mi entrada. —Dime cuándo detenerme y lo haré —me dijo con voz ronca. —Yo asentí. Colocando mis manos en sus hombros y sin dejar de mirarnos comenzó a deslizarse suavemente en mi interior, podía sentir como con cada centímetro mi interior se abría y lo apretaba succionándolo con dolor. —Oh mierd@... —se mordió los labios tratando de contenerse, entonces sorpresivamente con su otra mano se quitó el antifaz luego hizo lo mismo con el mío y me besó, en ese acto se hundió por completo en mí. En ese instante, solo por ese instante, sentí como si reviviera aquel beso que recibí cuando era una adolescente de quién creí que sería mi primer amor. —Perdóname —me dijo él susurrando en mi hombro—. Si seguía haciéndolo lento hubiera intensificado tu dolor. Entonces yo solo asentí. —¿Quieres que continúe? —me pregunta. —Tómame, tómame por completo —susurré. Y así fue. Besándonos, sus caderas retrocedieron y volvieron a avanzar, embistiéndome primero con suavidad, atento a cada uno de mis sonidos pero cuando percibió que mis gemidos ya no eran de dolor sino de placer la intensidad aumentó, convirtiéndose en embestidas fuertes y rápidas cuyo sonido inundaba toda la habitación. —Ah, ah, sí más … no tenía idea de dónde salían esas palabras pero era lo que quería más realmente quería más que no se detenga porque podía sentir como con cada movimiento mi cuerpo parecía querer liberar algo. Hasta que aferrándome fuertemente a sus hombros y él a mis caderas sentí algo caliente derramarse en mi interior. Él cayó sobre mi pecho, ambos agitados y agotados pero satisfechos. —Eso fue… —susurré—. Increíble… Él volvió a besarme y pegándome a su pecho, me abrazó con una calidez que me absorbió por completo, hasta caer en un sueño profundo. … Con los primeros rayos del sol, mi cuerpo empezó a despertar antes que mis ojos, lentamente mis párpados se abrieron, recibiendo el amanecer entre sábanas ajenas. Cuando de repente recordé… —¡La lectura del testamento! —abrí los ojos grandes, dándome cuenta que el sol brillaba con fuerza, y eso solo indicaba que ya era tarde. Me senté, sintiendo un tirón de la sábana, volteé y vi de espaldas a la persona con la que había pasado la noche, al parecer aún dormía, y como no. Si la intensidad fue tal que caímos dormidos debido a todo el desgaste de energía. “Lo mejor será no hacer ruido”. Teniendo cuidado, recogí mi ropa, primero procedí a colocarme la ropa interior y luego el vestido, ya cuando me terminaba de colocar los tirantes encontré mi antifaz y el del sujeto con el que pasé la noche. Recogí ambos, ya tenía que irme, sin embargo, no pude evitar volver a mirar la cama donde él dormía. —Ay, solo será un vistazo, total seguramente jamás lo volveré a ver. Con sigilo, me asomé a ver el rostro del hombre, ¿Cómo sería? ¿Será que en algún momento nos hemos cruzado? No lo sabía, pero estaba algo ansiosa, así que cuando visualicé sus facciones, la expresión de mi rostro cambió por completo, los antifaces cayeron de mis manos y yo retrocedí impactada ante lo que estaba viendo. ¡Por todos los cielos! Es… —Belzer… —susurré impactada. Pronto, tomé el resto de mis cosas, ni siquiera lo pensé, tomé la perilla de la habitación y salí. Corrí por el pasillo sintiendo que mi estómago se retorcía. No podía creerlo ¡Había pasado la noche con Belzer! ¡Por el amor a Dios, hicimos tantas cosas! Finalmente encontré la salida. Corrí por todo el jardín, hasta lograr alejarme de la propiedad. —Taxi —detuve a un auto que pasaba. Con mi pecho latiendo a mil, le di la dirección del hotel donde me quedaba. No tardé en llegar, apenas entré, dejé mis cosas sobre la mesa y me metí a la ducha. —¿Qué hice? ¡No puede ser! Mi cabeza daba vueltas, pero no podía darme el lujo de ahora entrar nuevamente en pánico, aún debía ir a la lectura del testamento. Así que me vestí y salí fingiendo que no había pasado nada. Al bajar a recepción, pedí un teléfono y llamé a Patrick, apenas me respondió me reclamó por no haber dado señales de vida hasta ahora. —¿Puedes venir? Tenemos que llegar a la lectura del testamento. —Pero más te vale contarme eh, ya estoy en camino. Patrick llegó en el auto que habíamos alquilado por estos días, apenas entré al vehículo, él me miró por el espejo retrovisor. —¿Y? Estoy esperando, ¿Cómo te fué? —¿A mí? —No, a mí. Obvio que a ti, mi reina. —Oh, cierto —traté de desviar la atención—. Mi celular cayó al suelo y terminó así —desde el asiento trasero le pasé mi celular. —Uy reina, esto es un caso perdido —respondió, apenas lo vió—. Compra uno nuevo, no es nada complicado. —Sabía que no debía venir —dije en voz baja. Todo esto se había vuelto un caos. … La lectura del testamento se daría en la vieja mansión de quién en vida fue el difunto señor Meyer. Tras muchos años, vería nuevamente las caras de quienes me culparon de su muert3. —Hemos llegado, ¿Quieres que te espere? —Sí, te lo agradeceré mucho. Bajé del vehículo, encontrándome con las rejas abiertas, en el patio de encontraba ya el auto de la familia, lo que significaba que ya habían familiares presentes. —Solo será una última vez —me dije en la mente—. Después de esto, nunca más volveré. El interior de la mansión Becket, me recibió con un ambiente sombrío y una extraña sensación de frialdad. Mi cuerpo sintió como si mil agujas se clavaran, hasta que los vi. El abogado, esperando a que los demás llegarán, y en los asientos a dos mujeres que identifiqué de inmediato como a Morgana; la ex esposa del señor Becket y a Odette; la hermana menor de Belzer. —Buenos días —saludé, ingresando con total sobriedad. Al instante, ambas mujeres me miraron con desprecio y odio. —Definitivamente el descaro no tiene límites —comentó Morgana. —Buenos días señora Hazel —me saludó el abogado—. Tome asiento, en lo que preparo los documentos. —Muchas gracias. Y claro, el descaro no tiene límites para algunas personas, como por ejemplo, para aquellas que el papel de víctima ya no les queda —al dar este comentario, tomé asiento en el lado izquierdo, pero al parecer Morgana no estaba de acuerdo y estuvo a punto de lanzar un grito, sin embargo, el abogado la detuvo. —Por favor, se pide el silencio del caso, ¿Aún faltan integrantes? —Mi hermano y mi novio —añadió Odette—. Pero me temo que ambos llegarán tarde. El abogado vió la hora en su reloj. —Bueno, me temo que tendremos que iniciar sin ellos. Escuchar eso fue un alivio, no tendría que ver a Belzer, y podría marcharme fingiendo que no pasó nada. El hombre ya empezaba a colocarse sus gafas, cuando de repente unos pasos se empezaron a escuchar a lo lejos. Pasé saliva, pero permanecí inmóvil, hasta que oí: —Froy —dijo Odette al ver al sujeto que jamás había visto en mi vida—. ¿Dónde rayos estuviste? —ella le reclamó, tomándolo del brazo. —¡Ouch! ¿Qué te pasa? Ten más cuidado —se quejó. Ella bajó la vista y observó una venda en el brazo de él. —¿Qué te pasó? ¿Ahora en qué lío te metiste? —¿Quieres dejar de ser problemática? —le respondió él con fastidio—. Me resbalé en la ducha, es todo. —¡Ya basta ustedes dos! —Morgana levantó la voz—. Estamos en un evento importante, dejen de ser inmaduros y tomen asiento. Odette obedeció en silencio pero él… Él desvió la mirada hacía mí, y aunque no lo conocía, me sentí muy incómoda. —En fin, prosigamos. Volví a enfocarme en el abogado, él ya había tomado los documentos. —Este documento fue redactado y firmado en pleno uso de las facultades mentales del difunto señor Becket… —Pues todos aquí podríamos jurar lo contrario. De repente, se produjo un abrupto silencio. La persona que deseaba que no apareciera, acababa de llegar. Belzer, con pasos firmes, caminó en medio de los asientos, hasta estar en la misma línea que todos nosotros. —Las decisiones que tomó en vida, solo son dignas de alguien que no tiene control de sus acciones —me observó de reojo, y era obvio que se refería a mí. Fue evidente que no me reconoció, solo eso explicaba que regresara a ser tan desagradable. Sin la máscara, era el mismo de años atrás. —Señor Belzer, le pido que tomé asiento para iniciar la lectura, y que respete la decisión de su padre. Él tomó asiento a la derecha, junto a su familia. La lectura del testamento continuó, el abogado mencionó las leyes y normas bajo las cuales se había escrito. Hasta que comenzó con lo que todos esperaban oír. —Dicen que cuando todos te dan la espalda, la familia estará ahí, desgraciadamente no fue mi caso. Les di todo a los míos, pero nunca valoraron lo que verdaderamente importa, y es por ello que hoy dejo mis propiedades, mi patrimonio, mi dinero y las sedes de mi empresa “Essenza” a Hazel. —¡¿Qué?! —exclamó Morgana completamente horrorizada. Todos estaban sin palabras, incluida yo. —¿Yo? —dije aún incrédula. —Espere señora, que aún hay más —dijo el abogado—. El señor Becket la deja a cargo de todo, pero hay una condición, y esa es que solo podrá estar al mando, hasta que usted vuelva a casarse. Si usted llegase a contraer matrimonio una vez más, solo tendrá derecho a la mitad de todo lo que se le deja en potestad. —¿Casarme? Eso es absurdo, no tengo planes de casarme. El abogado frunció el ceño. —Pero eso no es lo que me dicen otros documentos. —¿Cómo? Él saca otro documento y hace lectura de ello. —Según este certificado, usted está casada… con el señor Belzer Becket. —¡¿Cómo?! — él dió un grito y yo quedé en shock. ¿Estaba casada? ¿Pero cómo? No, esto era una pesadilla, esto no podía ser real. Yo… No puedo estar casada con Belzer. —¡Eso es falso! —exclamé—. Yo jamás me casaría con alguien tan despreciable como él. Belzer me observó como si hubiera dicho el peor insulto del mundo. Entonces, el abogado giró los documentos y señaló nuestras firmas. —¿Acaso no reconocen sus firmas? Ustedes están legalmente casados. —¿Está bromeando conmigo? —agrega él—. Me está diciendo que… La viuda de mi padre… ¿Es mi esposa?
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