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La viuda de mi padre es mi esposa

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Descripción

El día de la lectura del testamento se me designó como heredera absoluta, pero también descubrí que ¡¿Estoy casada?!¿Qué sucede cuando la ambición puede más? Se supone que él me detesta, entonces ¿Por qué atarse a un matrimonio conmigo? ¿Por qué casarse con la que un día fué la empleada de su casa? Ah, claro. La respuesta era evidente, el dinero y la herencia que me dejó su difunto padre.Cuando era adolescente llegué a la mansión Becket en busca de trabajo para ayudar a mi familia. El señor de la casa me dio la oportunidad, aunque dentro me esperaban humillaciones y desprecio de su esposa e hija. En esa oscuridad apareció Belzer, el hijo mayor, apuesto y caballeroso, mi primer amor y mi primer beso. Años después todo cambió cuando supo que me había casado con su padre; no conocía las razones y jamás me creyó. Para muchos, incluido él, me convertí en una cazafortunas. Todo empeoró cuando un accidente me arrebató a mi madre, a mi hermana y al propio señor Becket; nadie creyó que fuera un accidente y me señalaron como la viuda negr@.Sola y sin defensa, fue fácil culparme por algo que no hice, y la justicia les creyó a ellos. Juré mi inocencia, supliqué piedad, creí que al menos en ese momento Belzer creería en mí, pero él solo apartó la vista. Ser encerrada dolió menos que la indiferencia del hombre que yo seguía amando, aquel día creí que todo había terminado, que pasaría mi vida ahí, pero gracias a una mano misteriosa recuperé mi libertad, y al ser libre me juré jamás regresar. Con mis ahorros de regreso, me fuí del país, estudié lo que quería, me convertí en una famosa diseñadora y aquel sobrenombre que un día fue mi sentencia, se convirtió en sinónimo de mi esfuerzo “La viuda negr@”. Hasta que un día recibí una carta del abogado del difunto señor Becket solicitando mi presencia para la lectura del testamento. Habían pasado varios años y creí ese asunto olvidado; estuve tentada a negarme, pero su llamada recalcó que mi presencia era obligatoria. Me negaba a volver al lugar donde fui despreciada y a ver esos rostros, especialmente el de Belzer. Todo cambió cuando aquella mano misteriosa que confió en mi inocencia me escribió para conocerme en una fiesta de disfraces. Sin opción, tomé un avión y regresé, confiando en el anonimato del antifaz, sin imaginar que llamaría tantas miradas ni que alguien intentaría poner algo en mi bebida, hasta que por suerte alguien lo notó y me salvó.Durante el resto de la fiesta me ayudó a recuperarme, conversamos, me contó que él también estaba ahí solo por unos días y que luego se iría a continuar su vida fuera del país. Hace mucho que no tenía una conversación tan relajada, y al final la persona que tenía que ver ese día, jamás llegó, por lo que me quedé conversando con aquel hombre que llevaba también un antifaz como yo, no dejamos de reírnos, era como si lo conociera de toda la vida. La música pronto se apoderó de nosotros y en medio de esa cercanía, sus labios tocaron los míos y sin darnos cuenta… Aparecimos en una habitación, los besos dieron rienda suelta a caricias y eventualmente sucedió.Desperté en la mañana dándome cuenta de lo que había hecho, pero no podía darme el lujo de quedarme, recordé que era el día de la lectura del testamento, quisiera o no tendría que ir, rápidamente me apresuré en tomar mi cosas, incluído él antifaz, pensaba en despedirme y al menos conocer el rostro del caballero con el que pasé la noche, pero el antifaz cayó de mi mano cuando descubrí el rostro del hombre, era… Belzer Becket.Aterrada, me vestí a prisa y salí de la habitación. ¡No podía creerlo! ¡Había pasado la noche con Belzer Becket! Pero las cosas no acabaron ahí, pues dudando y acudí a la lectura del testamento rezando para que Belzer no asistiera, ya que él aún debía estar durmiendo, la suerte parecía sonreirme pues solo me crucé con su madre y hermana, quienes me vieron con odio, lamentablemente mi suerte no duró mucho y apareció, por un instante creí que me reconocería pero tan pronto me vió sus ojos me miraron con el mismo odio que el resto de su familia. Al estar todos presentes inició la lectura del testamento: el señor Becket me había nombrado su única heredera y me dejaba a cargo de todo, incluida la empresa “Essenza”, lo que hizo estallar a su familia. Estaba sorprendida, pero apareció una condición: todo sería mío solo hasta volver a casarme; después, la mitad pasaría a su hijo mayor. No me preocupó, pues no tenía planes de boda, hasta que el abogado mostró un documento y dijo: “Señora, ¿por qué no nos informó que ya estaba casada?”. Lo negué, pero sus últimas palabras me sentenciaron: “Claro que lo está, y su esposo está aquí, el señor Belzer Becket”.

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Entre máscaras
A mis 24 años había tenido la certeza de que jamás volvería a pisar la tierra en la que fuí humillada y maltratada, pero por razones del destino, aquí me encontraba, bajo grandes candelabros de cristal, la música flotando en el ambiente, pero no por capricho, sino para conocer a la única persona que apostó por mí, cuando todos me dieron la espalda. —Buenas noches, hermosa dama —de pronto, una voz irrumpió mis pensamientos, llevando un antifaz que cubría parte de su rostro, pero no el descaro de su mirada al recorrer mi cuerpo con asquerosa lujuria, un hombre se me acercó—. Disculpe que me entrometa pero llevo observándola largos minutos desde que hizo presencia y la he notado sola, ¿no desea compañía? Quizás algún vino. ¿Pero este sujeto quién se creía? ¿Qué tenía de malo estar sola, acaso era un delito? Con la intención de mandarlo a volar, me obligo a sonreír tratando de ser cortés pero de ninguna manera me iba a quedar callada. —No se moleste en disculparse, caballero y claro que he notado su mirada sobre todo la que acaba de hacer hace un momento —contesté, provocando que el hombre cambiara de expresión al verse descubierto con sus intenciones—. Y no, es una lástima pero tendré que rechazar su invitación. De momento me encuentro esperando a mi compañía, así que continúe dando un festín a su mirada con las esbeltas figuras de las jovencitas presentes —haciendo una leve inclinación para despedirme dejé al hombre con el rostro totalmente ruborizado, tal vez de vergüenza pero creo que en parte también de furia al ser rechazado. Definitivamente Patrick tenía razón, los hombres siempre eran iguales sin importar su condición o estatus social, y era curioso porque él también era hombre, pero a pesar de todo me entendía muy bien, razón por la cual aparte de ser mi mano derecha era mi mejor amigo. No recordaba la última vez que había asistido a un evento social como este. De hecho, durante los últimos años había procurado no mostrarme en público, sin embargo la ocasión era diferente por lo que decidí hacer presencia además de que contaba con el hecho de que esta era una fiesta de máscaras y disfraces. Tal vez si todos esos estirados supieran realmente quién era la persona que estaba detrás de mi antifaz ni siquiera se molestarían en mirarme, pues para muchos de ellos fui considerada “La viuda negra”. De repente, voces alborotadas se acumularon en la entrada. Muchas mujeres se cubrían el rostro con el abanico que no ocultaba para nada el desorden de sus alocadas hormonas. Por todos los cielos, esto en lugar de ser una fiesta parecía una granja donde miraban a la mejor presa y la degustaban con la mirada. —. ¿Desea una bebida? Un mozo que iba cruzando me ofreció una copa y aunque estaba dispuesta a no beber durante esta noche, realmente lo necesitaba para tolerar todas esas miradas que ya ni siquiera disimulaban. Con la copa de vino en mano, me alejé sin prestar atención a la persona que acaba de llegar, caminé directamente hasta pararme cerca de la ventana desde donde observé una fuente de agua con una estatua de mármol de un hombre desnudo que parecía estar estirando la mano como si intentara alcanzar algo, realmente eso llamaba más mi atención que estar aquí dentro así que aprovechando la pequeña distracción que todos tenían con la persona que acaba de llegar, salí al jardín observando más de cerca la estatua que había llamado mi atención. “Parece que no escatimaron en detalles" dije en mi mente cuándo observé la entrepierna de la imágen, soltando una ligera carcajada mientras me llevaba la copa a los labios y bebía un suave sorbo que se sintió algo áspero. Quizás se debía a la falta de costumbre así que continúa observando la estatua hasta que observé que uno de los dedos de su mano parecía estar apuntando algo. Seguí la dirección con la mirada y entonces descubrí otra figura y esta era la de una mujer que al igual que la anterior se encontraba completamente desnuda y estirando el brazo. Ambas figuras parecían querer transmitir algo, como si intentaran alcanzarse el uno al otro “Interesante…” dije apreciando el mensaje cuando de manera inesperada escucho unas voces masculinas detrás de mí. —¿Aprecia el arte, señorita? —dice uno de ellos. —. Quizás sí volteara y nos viera podría apreciar una mejor obra —dice otro, intentando ser gracioso cosa que solo le provocó una carcajada a él y a los que le acompañaban. Entonces reconocí la última voz, era la de aquel hombre que me había estado observando desde el inicio —. ¿Acaso hoy se volvió muy tímida, señorita o es que prefiere la compañía de unos seres inertes sin vida que una grata compañía con nosotros tres? Forjando una sonrisa di media vuelta y miré a los tres hombres, sentía mi lengua pesada al igual que mi cuerpo, pero no lo suficiente como para responderles a esos idiotas. —. Pues sí caballeros, ciertamente estos seres inertes como usted lo llama son mucho mejor compañía que cualquiera de los que se encuentra en esa fiesta con sus caras hipócritas ocultas tras unos antifaces que desgraciadamente no sirven para disfrazar sus asquerosas intenciones. El hombre al cual hace un momento había mandado a volar, de inmediato mostró un gesto de enfado al parecer le había ofendido mi comentario, entonces el más alto de ellos lo detuvo y se acercó un poco más a mí —. No me parece que una dama tan hermosa utilice un vocabulario que solo es digno de un vulgar delincuente, olvidaré su comentario señorita si acepta hacernos compañía. —. Entonces no estoy tan lejos de serlo, ciertamente estuve en la cárcel —afirmé, sintiendo como algo helado bajó por mi cuerpo, ¿Qué me estaba pasando? Levanté la copa —¿Qué clase de cosa es esto? —Quizás ya deba dejar el alcohol, señorita —me dice el más alto tratando de tomar mi muñeca, pero apenas sentí su roce, golpeé su brazo con mi palma. —¡No me toque! ¿Qué demonios tenía esa bebida? —Te dije que era buena idea pagarle al mozo —dijo el hombre al que al principio rechacé. —¿Te fijaste cuánta dosis le aplicó? —le preguntó el otro. Fue ahí cuando lo entendí, esos malditos habían alterado mi bebida. Entonces el más alto volvió a acercarse a mí —Quiero que esté consciente, así se disfruta más. —¡Váyanse al infierno! —sabiendo sus intenciones, di media vuelta con la intención de correr de regreso al interior, pero el alto sujetó mi antebrazo, así que usando mis uñas se las clavé en su brazo y esté retrocedió, aproveché este instante para correr mientras sacaba mi celular para llamar a Patrick. —¡Sujetenla! —dijo furioso y los otros dos me atraparon sin hacer esfuerzo. Mi cabeza daba vueltas, mi cuerpo se sentía cada vez más pesado. —Ni lo pienses —dijo uno cuando me arrebató el celular y lo lanzó. De un solo movimiento me tiraron al suelo, uno sujetó mis brazos y el otro mis piernas para que no pudiera defenderme y el más alto se paró frente a mí. —¡Malditos delincuentes! —los llamé. —La que estuvo en la cárcel fuiste tú, así lo dijiste. Ahora veamos si así como arañas, eres buena para complacernos. Con mis ojos llenos de terror, quise gritar pero ahora ni siquiera mi voz respondía. —Ábrele las piernas —ordenó al que me sujetaba, mientras él se llevaba las manos al cinturón—. No sabes cómo me la pusiste cuando te vi entrar con ese vestido negr0, quisiera saber quién eres tras ese antifaz, pero ya lo veré al final. Quitándose el cinturón, se relamió los labios y cuando estaba por bajarse la cremallera del pantalón, el sonido de un látigo irrumpió en el aire. De repente, mis captores estaban en el suelo, heridos mientras un hombre se acercaba con un látigo en las manos. —No pensaba usarlo, más que como accesorio para mi disfraz, pero veo que hay animales sueltos —entonces aquel hombre misterioso vió todo con más atención—. Tres hombres que dicen llamarse caballeros atacando a una dama… —sus ojos de azul profundo observaron la copa de mi vino en el suelo—. Ahora entiendo. —¿Qué hacemos? —dijo aquel que me había sujetado las piernas. —Idiota, es solo uno. Nosotros somos tres —respondió aquel que sostuvo mis brazos, pero el más alto los interrumpió. —Hay muchas personas dentro como para hacer escándalo —finalmente se puso de pie y mirando el látigo retrocedió, y escapó al igual que sus cómplices. Yo apenas había logrado sentarme en el suelo, llevándome una mano a la cabeza, aún me daba vueltas la cabeza. —¿Se encuentra bien? —de repente, alcanzo a ver su mano frente a mis ojos, levanto levemente la cabeza y visualizo únicamente sus ojos azules, ya que gran parte de su rostro estaba cubierto por un antifaz que protegía muy bien su identidad. —Claro, casi soy atacada por tres asquerosos hombres, es obvio que estoy bien —respondo con alto sarcasmo debido al efecto de la bebida—. Ah, ya no sé ni lo que digo, solo ayúdeme a encontrar mi celular para llamar a Patrick. —¿Su novio? —me pregunta, mientras busca con la mirada mi celular en el suelo. —¡Ja! —suelto una carcajada —¿Patrick mi novio? —¿Dije algo malo? —Bueno, digamos que él y yo tenemos mucho en común —debido a los efectos de la sustancia en mi bebida, no controlaba lo que decía—. Incluso la orientación s****l, perdí un prospecto de novio, pero gané un excelente amigo. —Creo que encontré su celular —él se inclinó para recogerlo y regresó conmigo para entregármelo—, pero me temo que no le servirá de mucho ahora. Enfocando mi vista en el aparato, noté la pantalla rota y con un líquido oscuro que cubría todo. —¡Oh camarones…! —gruñí. —¿Camarones? —dice el sin entender. —Oh, detesto los camarones —aclaro, mientras sacudía la hierba de mi vestido, y lograba ponerme de pie—. Me enrojecen la piel y provocan que mi garganta se inflame. —¿En serio? —él parece sorprenderse, más no comenta algo al respecto, solo sacude la cabeza, pero vuelve a enfocarse en mí cuando observa que trato de dar un paso pero debido a los efectos de la sustancia que contenía mi copa, mis rodillas se sienten débiles y me es muy difícil coordinar mis pasos, así que termino tropezando. —¡Cuidado! —como si fuera un acto reflejo él rápidamente estira los brazos y yo caigo en ellos, cierro los ojos pensando que recibiría el impacto de la dura superficie del suelo más al abrirlos todo lo que veo son sus ojos, ese azul profundo casi completamente oscuro como el océano en la noche, misterioso… fascinante… Mi respiración parece cortarse, veo sus ojos, luego sus labios que se entreabren, el tacto de su palma y el calor que emite su cuerpo se siente extrañamente familiar. —G-gracias… —logro articular, sintiendo aún la pesadez de mi lengua. Finalmente él me ayuda a estar en pie nuevamente, aleja sus brazos, pero no deja de mirarme—. ¿Sucede algo? —Nada, bueno… No del todo. Es evidente que tú cuerpo aún siente los estragos de lo que esos imbéciles le pusieron a tu bebida —él se lleva una mano al mentón—. Ya sé, ven conmigo. Él me ofreció su brazo, pero yo lo miré completamente desconfiada. —¿Qué? —Descuida —respondió, aún esperando que aceptara su brazo—. Conozco al que organiza la fiesta, le pediré que me consiga unas cosas que te ayudarán a sentirte mejor. —¿Y cómo sé que debo creerte? ¿Cómo sé que no eres igual que esos que adulteraron mi bebida? —¿Desconfias mucho de los hombres, verdad? —Tengo motivos. —Bien, podría decirte que esperes aquí en lo consigo lo que se necesita, pero corres el riesgo que esos imbéciles vuelvan y yo no esté para detenerlos. Así que dígame señorita… ¿Desea quedarse y convertirse nuevamente en una presa fácil para cualquier otro o acompañarme? Resoplando y porque ya sentía que mi cabeza estaba estallando acepté su brazo. — El primer movimiento en falso, te clavo mis uñas ¿Oíste? Por supuesto respondió y entonces regresamos al interior de la fiesta, las personas estaban muy concentradas en lo suyo bailando, conversando y comiendo de lo que se repartía. —Espera un momento aquí —me dijo, acercándome a un asiento—, podrías tropezar al caminar entre tanta multitud. Conseguiré que me den lo que necesito y volveré, ¿de acuerdo? Mientras tanto no te muevas Yo ni siquiera tenía fuerzas para responder, simplemente me senté y observé cuando se alejó. Rápidamente, se transformó en el centro de atención, las mujeres no tardaron en acercarse como buscando obtener un baile con él, algo de conversación. Realmente esto era impresionante, no me sorprendería qué una de ellas se lanzara como tributo. Hasta que obtuvo lo que buscaba, regresó y tomó mi mano con la suya. —¿Puedes caminar? —me pregunta. Yo solo asiento, y aferrándome a su brazo trato de seguirle el paso, pero como si él notara que ya me costaba hacerlo, su caminar se volvió más pausado. Finalmente, la multitud se queda atrás, entramos a otro lugar de esa enorme mansión, todo estaba casi a oscuras, iluminado únicamente por la luz de la Luna. Yo cada vez estaba más débil, él me sentó en un asiento que pudo encontrar, y después solo podía escuchar el movimiento que hacía con sus manos, frascos chocando, una cucharilla y por último… Su voz. —Listo, lo hice con lo que pude encontrar, bebelo. Apenas podía abrir mis ojos, y solo visualicé un vaso de dudoso contenido. No tenía muchas fuerzas como para negarme así que él acercó el vaso hasta mis labios y yo empecé a beber, el sabor realmente era agrio aunque tenía un toque de menta pero aún así lo bebí todo. Al terminar, sentí que mis ojos se hicieron más pesados, mi cuerpo ya no resistía, ¿Qué era esa bebida? ¿Acaso todo había sido una trampa? Y después de tanto, perdí el conocimiento. ¿Qué pasaría conmigo? ¿Me venderían? Sabía que no debí haber venido. El día que recibí la carta del abogado de los Becket, informándome que debía estar presente en la lectura del testamento del señor Becket, mi negativa fue de inmediato, pero aquel día el pasado quiso jugar conmigo y recibí otro comunicado, esta vez de alguien que sí deseaba conocer. Primero me reuniría por primera vez con quién fue mi salvador y al día siguiente iría a la lectura del testamento, ese mismo día tomaría un avión con el que regresaría a la vida que había construido fuera. Dónde nació la famosa diseñadora de alta costura, dónde “La viuda negra” era sinónimo de éxito y no de un crímen que jamás cometió. —N-no lo hice… —balbuceé, reaccionando poco a poco, hasta que al abrir los ojos me encontré con unos ojos y por inercia, agité mi brazo y… ¡Plaf! —¡Ugh! —D-dónde estoy… —me froté los ojos. Entonces alguien ingresó y las luces se encendieron. —El señor me dijo que si la dama aún no despertaba, podía… —el mozo guardó silencio al ver al sujeto sentado en el piso con una mano cubriendo su mejilla—. El señor d-dijo… Si deseaba una habitación para que la dama descanse. —Creo que no hará falta —respondió él, poniéndose en pie—. La dama ya se encuentra bastante bien, ¿Verdad? —me observó de reojo y yo asentí, recordando vagamente las cosas. Entonces el mozo asintió y pasó a retirarse. —¿C-cuánto tiempo? —pregunté, aún ordenando mis ideas. —Hora y media —respondió—. Supongo que el efecto fue muy fuerte y te quedaste dormida, pero al final ya te sientes mejor, ¿Cierto? —Supongo que sí —me puse de pie, satisfecha de que ya no sentía mareos—. Agradezco tu gentileza. —Un placer ayudar a una dama en apuros, aunque tienes una forma muy rara de agradecer —agregó frotando su mejilla. —No fué mi intención, pero me asustó. Usted apareció de la nada, además ¿Por qué estaba todo a oscuras? —Mantuve las luces apagadas, porque muchas personas me vieron venir por este camino con usted, no deseaba que nadie supiera que estábamos aquí y sobre lo otro, noté que empezaba a moverse así que solo quise verificar que estaba reaccionando, aunque con su golpe lo entendí bien. De repente fui consciente del tiempo que había mencionado hace un momento. —Espera… ¿Cuánto tiempo dices que estuve dormida? —Aproximadamente una hora y media. —¡Oh camarones! No puede ser… Seguro me buscó y se fué. —¿Se fué? —dice él algo confundido. —La persona con la que debía encontrarme. Genial, mi primera oportunidad de conocerlo perdida —me llevé las manos a la cabeza. —No creo que eso haya sucedido —responde él con voz suave—. No ha llegado nadie después de mí, así que supongo que la persona que usted esperaba, simplemente no asistió. —P-pero eso es… Imposible, se supone que aquí debía verlo. —Quizás sucedió algo, de cualquier forma supongo que se comunicará con usted. Entonces, solo me quedó suspirar. Relajé los hombros y supuse que ya no había nada que hacer, para variar tenía el celular destrozado como para llamar a Patrick. Mi única opción en estos momentos era salir a buscar un taxi y darle la dirección del hotel donde me estaba quedando. Volteé a mirar al sujeto que hasta ahora sigo desconociendo su identidad. —Fue un placer, señor… ¿Del látigo? De pronto él suelta una carcajada —Me han llamado de muchas formas, pero nunca de esa manera, ¿Entonces no sabe quién soy? —Evidentemente no, es una fiesta de disfraces y máscaras. —Muchos de los asistentes me reconocieron al instante, pero imagino que no es sorpresa, lo cierto es que tampoco logro identificarla, ¿No es de aquí? —No, solo vine por motivos legales y también para conocer a quien parece me dejó plantada. Él sonríe. —¿Le causa gracia? —No, para nada. Pero ya que ninguno sabe la identidad del otro, por qué no solo disfrutamos de la fiesta. —Oh no, me temo que está en un grave error, no es mi interés permanecer en esta fiesta, como ya le dije solo esperaba a alguien, mañana tendré otro asunto que atender y luego de esto tomaré un avión para regresar a mi vida. —Yo también —respondió él—. Llevo un tiempo viviendo afuera, si bien me he hecho cargo de los negocios de la familia desde lejos, solo vine porque queda un asunto por solucionar mañana, luego a mi vida rutinaria quizás nunca nos volvamos a ver, así que… ¿Qué dice? Además, ya se debe haber dado cuenta que no tengo malas intenciones. En parte él tenía razón, lo más probable es que jamás lo volvería a ver, así que para cuando empezó el siguiente baile, él y yo estábamos sentados juntos en la fuente de agua, riendo mientras yo le recordaba como prácticamente una mujer se le quería lanzar en el salón. —No fue para tanto… —¿No fue para tanto? ¡Casi te lanzan sus calzones! —solté una carcajada y él también empezó a reír —. Estoy segura que detrás de esa máscara eres muy popular, especialmente con las féminas. Él ríe y suspira, levantando la mirada hacia la noche estrellada, hasta que parece recordar algo. —Por cierto, traje esto —de manera inesperada él ingresa una mano al bolsillo de su enorme abrigo y como por arte de magia saca una botella de vino. —Pero en qué momento… ¿Y cómo tenías eso de tu bolsillo? —Bueno, siempre dicen tener un as bajo la manga, pues yo tengo una botella de vino en el bolsillo, ¿qué dices probamos un poco? —La verdad no creo que sea una buena idea —respondo—. Ya viste lo que sucedió hace un momento por tan solo tomar una copa. —Eso fue distinto, la copa que bebiste estaba adulterada, en cambio esta botella está aún sellada. Lo miro con intriga. —Y cómo sé que no intentas hacer algo indebido. —Vamos, ya viste que si hubiera querido aprovecharme de ti ya lo hubiera hecho, es más para que veas que no hay nada de malo en mi botella yo mismo beberé de ella —con gran facilidad él abrió la botella de vino, realmente me sorprendió que pudiera hacerlo tan fácil, y bebiendo directamente del pico de la botella dio un largo sorbo, luego me extendió la botella —.Ya ves, no hace nada. Tras dudarlo un instante al final acepté la botella, la acerqué a mi olfato, percibí su dulce aroma realmente se podía intuir que tendría un sabor exquisito. Así que, al igual que él bebí del pico de la botella, lo suficiente como para sentir su sabor inundar mi paladar. Cuando de repente, escuchamos que la música del interior se detiene y empieza otra, sorpresivamente se pone de pie y… —¿Me concedes está pieza? Levantó la vista, y no puedo evitar soltar una sonrisa de incredulidad. —¿No tratas de seducirme o sí? Nuevamente él libera una carcajada. —Si quisiera seducirte, no te pediría un baile —entonces su rostro se acerca hasta estar a centímetros del mío—. Simplemente lo haría y ya. Pasó saliva, de cerca se siente aún más fuerte el aroma de su perfume masculino, fresco en combinación con el vino. —E-está bien —contesté, aceptando su mano. Él sostiene delicadamente mis dedos, hasta estar ambos de pie, mirándonos frente a frente, el viento sopla suavemente, algunas hojas vuelan a nuestro alrededor y de pronto, él avanza un paso más hacia mí. Sin dejar de mirarme, coloca una mano en mi cintura y con la otra entrelaza nuestros dedos. —¿Y ahora? —pregunto. —Solo déjate llevar —susurra, y en un instante nuestras piernas se mueven al compás de la música. Bailamos en medio del jardín, teniendo como espectadores a solo algunas aves que se posaban sobre las ramas de uno que otro árbol. —Es una excelente bailarina —me elogia. —Usted tampoco lo hace mal. —Porque no solo me llamas de “tú” estamos en este constante cambio entre usar el “tú” y el “usted”. —Supongo que tienes razón, en ese caso. No bailas tan mal —respondo esbozando una sutil sonrisa. Continuamos moviéndonos, como guiados por el viento, cuando inesperadamente ambos fuimos tomados por sorpresa por una raíz que sobresalía de un árbol. —Woaw… —estuve cerca de caer. —Te tengo —afortunadamente él mantuvo el equilibrio, sosteniéndome en sus brazos. La música finalmente finalizó, pero nuestros ojos siguieron mirándose fijamente, cada vez con mayor intensidad, y entonces… Atraída con fuerza a su pecho, sus labios asaltaron mi boca en un encuentro que me dejó anonadada, el sabor del vino en nuestras bocas aún seguía presente y como si quisiéramos succionar el sabor del otro, el beso se intensificó. Sus manos se deslizaron de mis brazos a mi cintura y se aferraron a mí, apretándome fuerte a su cuerpo, sentía lo duro que era su torso y como mis pechos se apretaban a él, luego sus brazos subieron, sentí como la yema de sus dedos acariciaron la piel desnuda de mi espalda, erizando por completo mi cuerpo, sin embargo, tuvimos que detener el beso por falta de aire, momento en el que ambos nos miramos. Mi pecho estaba agitado sintiendo la adrenalina correr por todo mi ser. Él nuevamente vió mis labios, que rojos e hinchados, parecían atraerlo aún más. Así que, volvió a besarme está vez con más pasión y fuego, pero ya no solo enfocándose en mis labios, atrapando mi nuca, dejó mi boca para hundir el rostro en mi cuello, besando, lamiendo y saboreando mi piel. —Oh señor… —gemí, sintiendo las rodillas débiles. Ese solo sonido lo inquietó por completo, sin embargo como reuniendo toda la voluntad que aún poseía tensó sus dientes y observó a su alrededor. —¿Por qué te detienes? —pregunté agitada. Entonces él me tomó suavemente el rostro —Aquí no linda, podrían vernos. —¿Acaso no te gusta? —le pregunto entre mareada por el deseo que me recorría y el vino. —Claro que me gusta —respondió, apretándome nuevamente a él y que con esto él apretara mis gluteos—. Pero no deseo que otro vea o escuche los gemidos que sueltas por mí.

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