Con la espalda siempre pegada a la pared
Por Franchesco Vitale.
Ser el hijo no deseado de uno de los consejeros del capo de Ventimiglia lo único que ha provocado en mi vida era odiar cada día más esta maldita organización, pero a la vez, la sed de poder supera y con creces ese odio. Además, si me estaban entregando esa oportunidad la debía de tomar, no podía morir sin ser el amo y señor de Ventimiglia.
Se me instruyó desde niño a que debía ser el mejor y lo había logrado con excelencia, una que mis hermanas no podrían lograr, aunque fueran las hijas legítimas de Vitorio Vitale, por eso fue que el viejo me buscó y después de encontrarme eliminó a la única persona que una vez me amó.
A penas y tenía cinco años cuando vi a la mujer que me parió caer con un balazo entre sus hermosos ojos verde esmeralda que me miraron por última vez velados y sin nonguna expresión, mis gritos fueron a callados por la risa de ese bastardo que decía ser mi padre que me golpeó hasta el hartazgo después de terminar con ella.
En la casa de los Vitale, era el hijo de la perra que se había metido en el matrimonio perfecto, en la familia perfecta, esa que vivía de las apariencias, una en la que pasé el secreto vergonzoso y de la que fui deshaciéndome, como si fueran mis obstáculos y lo hice con placer y lentamente.
Primero fue Carlota, la que tenía la misma edad que yo y que sin querer cayó por las escaleras al tratar de salvar a su maldito caniche, por desgracia (para ellos) ambos animalitos se desnucaron en la caída. Una lástima y a mis diez ya tenía dos muertes en mi conciencia.
Luego le siguió Loreana, la ilusa que creía en el amor y que por desgracia para ella se enamoró de mi perro faldero que usó y abusó de su cuerpo para dejarla tirada en un callejón como la vil puta que era.
Simona fue más difícil y debo decir que estuve a punto de desistir y dejarla vivir, pero por esas cosas de la vida conocí a André, un brasileño que le gustaba experimentar con drogas y que por azares de la vida me adentró en el mundo de las drogas duras. Solución para este escollo llamado hermanita, una sobredosis de éxtasis en un club de mala muerte.
Así fue como la esposa de mi querido padre, intentando culparme de lo que "supuestamente" había hecho, intentó matarme frente a mi padre y yo respondí defendiéndome, era la oportunidad de vengarme y a la vez de ganarme la confianza de ese viejo y hasta la de Cintolesi que vio en mí a su futuro yerno.
Lo que nunca pensé es que esa chiquilla me fuera a gustar y me enamorara como un imbécil de ella, así que me decidí a enamorarla y dar todo de mí.
Y otra vez el mundo me traicionaba, pero no podía desistir, ya lo había hecho hace dos años cuando esa maldita pendeja se metió con el hijo del anterior consiglieri y me había humillado a mí ¡A mí! ¡Franchesco Vitale! Quedando embarazada de ese imbécil y desapareciendo de la faz de la tierra con ese maldito engendro.
Y mi estrategia debió caambier, me mantuve al pie del cañón con el viejo Cintolesi porque era lo que ordenaba mi padre y cuando este murió, asumí el cargo de este siendo la mano de derecha del viejo como más que su yerno, era su hijo por compromiso y todo lo que eso conlleva este puesto.
Y ahora, la locura máxima se había tomado la casa Cintolesi, ese maldito viejo había acogido a la muchacha que cuidaba a sus hijas como si fuera esa maldita traidora.
Según su doctor era normal después de su infarto que sucedieran cosas así con él, algo así como que estaba perdiendo de a poco la cordura y teníamos que estar preparados para lonque se venía.
Por suerte, el matasanos no se había preocupado por hacer más revisiones que las normales y mi plan seguía adelante. Desde hace unos meses me había confabulando con varios de sus hombres para comenzar a envenenarlo y pensé que por fin lo había logrado, pero esa maldita chiquilla lo salvó y ahora debía seguir aguantando a ese viejo y su locura de decir que esa pendeja era su hija, mientras yo seguía en la búsqueda de esa traidora alrededor del mundo. Tenía que de alguna manera cubrir mis espaldas, no podía fiarme de nada ni de nadie en este mundo lleno de traidores.
—¿Algún avance?—le pregunto a Carlo, mi mano derecha.
—Nada aún, señor. Mis contactos han buscado con los de inmigración, pero ese viejo de Doménico la hizo de oro y cubrió muy bien sus rastros.
—¿Alguna novedad con el nuevo Don de Roma?
—Se ha hecho el difícil, pero aceptó verlo en representación de su suegro. Ahora está preparando su boda con la hija de Carlone.
—¿Cómo? ¿con Giordana?
—Es la misma pregunta que todos se hacen, pero al parecer la hija de Carlone la hizo de oro y lo amarró.
—Eso sí que es Interesante. Llama a Carlone, creo que le haré una visita.
Si Giordana Carlone había logrado amarrar al nuevo Don eso podía usarlo para comenzar a abarcar más poder en Ventimiglia, esa puta era una verdadera zorra con piel de cordero y como conocía sus formas no tan ortodoxas de actuar lo iba a utilizar a mi favor.
Por lo pronto, hoy iría a visitar al viejo y le haría firmar algunos documentos que me interesaba tener como protección y con esta nueva noticia otro as bajo la manga se forjaba en mi baraja.
Pronto, muy pronto el imperio de Cintolesi pasaría a mis manos y lo lograría manteniendo mis espaldas muy pegadas a la pared, porque había aprendido muy bien mi lección y esa era que en este mundo no puedes ni siquiera confiar en tu propia sombra.
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