El peor error de mi vida
Ya han pasado algunos meses desde que Enzo y yo hicimos ese pacto se sangre frente a todos. Nuestra vida había vuelto a la normalidad o bueno, algo así.
Enzo, se ha recuperado completamente de sus heridas y se reencontró con su abuelo, un hombre amable y de buen corazón que lo acogió cuando mi amigo perdió la memoria que le propuso algo importante para que volviera a su antigua vida.
Es por esto que estamos tomando un cerveza en el jardín de nuestra jaula de oro.
—¿Ya te decidiste?
—Volaré la próxima semana, es tiempo de que recupere mi vida.
—Pero ¿te presentarás cómo Enzo o cómo Valente?
—Sabes que soy ambos, pero mi nombre no me define, Valente fue el que me dieron en el orfanato y Enzo el que con tanto amor me dieron mis padres, así que me presentaré ante ellos como Enzo Di Rossi Arqueólogo y licenciado en artes.
—Y peleador callejero, cuasi Don de la camorra de Roma—le lancé con una risa sincera, algo que siempre hemos sido ambos desde que nos conocimos.
—¿Y tú? ¿Cómo te sientes de quedarte al mando?
—Bueno… No me quejo, mientras logre mis objetivos me mantendré al pie del cañón.
—¿Haz pensado en hablar con tu familia?
—No, ellos no se merecen esto, Enzo. Ellos son personas de bien y…
—Tú también lo ere, Lorenzo.
—Soy un mafioso, Enzo y porque así lo decidí, ellos están bien como están.
—Pero puede que algún día.
—Puede, lo has dicho, como puede que no. Es mejor estar solo sobre todo en este selecto grupo de personas que bos rodean. Tú más que nadie sabe de lo que son capaces—o somos —. En esta vida que elegí es mejor tener a mi familia lo más alejada posible.
—No sabes cuánto te admiro, Lorenzo.
Dice con un dejo de nostalgia, por el contrario yo me aborrezco cada día pensando en todo el daño que se ha hecho en nombre de la camorra y no. No quería eso para los míos.
—Ojalá y yo pensara así.
—¿Qué? ¿No me admiras?—dice con una risita burlona mientras me guiña el ojo.
—Idiota, sabes muy bien a qué me refiero.
—Perdón, Don, perdón —vuelve a reír, pero esta vez se queda mirando al cielo—. Gracias. De verdad, gracias por todo, Lorenzo.
—Algún día me lo pagarás, niño bonito y yo sabré cuando cobrarte y con intereses.
—Esperaré ansioso ese día…
Y como lo dijo, a la siguiente semana se marchó rumbo a Nueva York y aunque nos mantuviéramos en contacto, debió pasar mucho tiempo para que volviéramos a vernos.
—Don—me habla Nando entrando en mi oficina—, ya hay una carrera pactada para este viernes por las calles de Roma, creo que sería bueno aprovecharla, no ha salido hace tiempo y se le nota que necesita distenderse.
—¿Alguien conocido?
—Nadie de sus anteriores colegas, he revisado bien la información.
—Pues que no se diga más, creo que tienes razón y una buena dosis de adrenalina me vendría bien.
—¿Preparo la motocicleta?
—Lo haré yo, no te preocupes.
Entré en mi cochera y ya además de tener a mis cuatro bebés había sumado varias más a mi colección, podrían decir cualquier cosa de mí, pero el gusto por las motocicletas no me lo iba a quitar nadie.
—¿Quién de ustedes me quiere acompañar?
Ese día escogí a Lorna, mi preciosa nueva adquisición y me dirigí al punto de encuentro. Ahí me conocen como la sombra, nadie sabía quién era yo y eso lo hacía excitante.
Iba de n***o impoluto y un pasa montañas para cubrir mi cara, la noche estaba estrellada y el murmullo de los presentes al verme no se hizo esperar.
—Veo que te decidiste a competir.
—Si me apunté para hacerlo era lógico, Dante.
Cipriano era uno de los corredores más antiguos y aunque no nos conocíamos formalmente sabía de su valía.
Venía del brazo de una rubia despampanante que se deshacía en elogios para él y hasta juro que la mujer quería ser la moto para que el tipo la montara.
—Pues que gane el mejor, sombra.
—Lo mismo digo.
Ambos estrechamos nuestras manos y nos subimos a las motos.
La carrera se llevó a cabo y gané por pocos segundos, los vítores de los presentes me recordaron esos tiempos en que era un simple muchacho que le gustaban las carreras clandestinas y me dejé llevar por el éxito y las luces de este mundo de oscuridad.
Después de ganar la competencia, nos reunimos a beber. Entre la algarabía y el alcohol fue que también conocí a la que sería mi maldita perdición, Giordana… Sin saber que la mujer con la que había dormido era la hija del maldito Costia Carlone, ese ser nefasto que pronto sabré lo que quiere.
—Aún no lo entiendo, Nando ¿cómo fue que fui a parar a esa habitación?
—Mi señor, usted estuvo todo el tiempo en la fiesta a mi alcance, salvo por unos minutos, ¿recuerda que me pidió que fuera a buscar a Lorna?—asentí, aunque no lo recordaba—, para cuando regresé usted ya no estaba y ese tal Dante me dijo que debía esperarlo, en el momento que terminó la fiesta terminó fue que lo encontré con esa mujer en ese cuarto de hotel y el resto ya lo sabe.
—Dile que entre.
—Nos volvemos a ver jovencito—la sonrisa de oreja a oreja de ese maldito me dejaba claro que era una trampa, pero necesitaba pruebas para comprobarlo.
—Eso creo, ¿qué es lo que quieres?
—Ya lo sabes, cumple con tu deber y limpia la honra de mi preciosa hija y cásate con ella.
Y ahí estaba lo que quería ese maldito. No daba puntada sin hilo y al igual que cuando junto a mi padre me había vendido a Di Rossi me miraba como si fuese una mercancía.
¿Este era mi maldito destino?
Es que no entendía ni cómo ni cuándo me emborraché tanto para termina en su cama desnudo y según ella quitándole la virtud.
Definitivamente, me habían puesto una trampa y debía averiguar quién fue el que me traicionó entre mis filas. Por lo pronto, respondería al estar frente a él para hacerme responsable de la supuesta afrenta en contra de esa perra que me había quitado algo demasiado valioso, pero solo sería por un tiempo, este es el peor error de mi vida, pero haría pagar aún más a aquellos que me traicionaron.
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