Isabel se quedó paralizada ¡Conocía esa desagradable voz! Antes de que pudiera moverse siquiera, él exclamó: —¡Luces! Instantáneamente, el panteón se iluminó ¿Por qué mantenían aquel sitio oscuro entonces? Lo primero que hizo fue contemplar a la persona que le había hablado. Tenía el cabello canoso, bastante sobrepeso y su piel era rosada. Benítez. Esa misma persona la había acosado en la calle, y a su vez, había sido uno de los asesinos de su tía Daniela. Sintió escalofríos. —Tu mirada me causa ternura —comentó el pervertido. Isabel retrocedió unos pasos. Sabía que no podría escapar fácilmente de sus garras ¿Acaso le habían tendido una trampa porque sabía que iría a buscar allí la evidencia? Sin perder más tiempo, se echó a correr. Su corazón latía con violencia, y sus extremidade

