Aineth
Escuche esa voz diciendo mi nombre de inmediato solté a Ricardo, él se hizo hacia un lago, hacia la ventana, limpiaba sus labios discretamente, yo voltee hacia la puerta, ahí estaba Felipe, con mi asistente, esta última dijo.
Le pedí que esperara afuera pero no acepto- dije apenada, preocupada por la licenciada.
—No te preocupes—le di una sonrisa—puedes retirarte por favor—la miré, yo estaba incomoda, la chica salió.
Gracias.
Tranquila- le dije mientras salía de la oficina, Ricardo regreso hacia mí, Felipe, Felipe intento besar mis labios, yo me moví, no podìa como si nada pasara.
Mi amor- le di una sonrisa, acaricié su mejilla, su jefe se acercó.
Te espero en mi oficina- dije sin voltear a ver al tipo, el cual por cierto no tolero.
Claro, voy en unos minutos- dije seria, Felipe, en tono suave dijo.
Te extrañe mi amor- me acerque la abrace, bese su mejilla, ella se hizo a un lado.
Felipe- lo mire- basta, tenemos que hablar, pero será por la noche, ahora no puedo- él se rio.
Claro, ahora tienes que atender a tu amante- ella camina hacia la puerta, pero cuando dije eso ella se detuvo, regreso hacia mí.
¿Qué estás diciendo? - me pare cerca de él.
Al tipo le gustas y yo podría estar celoso, pero sé que eres mía, tenemos un hijo- dije muy seguro.
Hablamos por la noche —no dije más, salí de oficina, sus palabras me dejaban pensando: era mi amante, pasé cerca del lugar de mi asistente, en tono suave le dije—ven por favor— caminamos hacia la sala de juntas, cerca de la oficina de Ricardo.
Dígame, licenciada- la mire.
Respecto a lo que viste- la mire, yo me sentía apenada, preocupada.
Yo no vi nada, yo solo entre así porque su esposo, no quiso esperar afuera- la miré fijamente, si los vi besándose como otras veces, pero no comento nada, ella es mi jefa y yo guardo sus secretos pensé.
Okay- la mire, claro que nos vio- gracias- le di una sonrisa- puedes retirarte- respire profundo.
Gracias.
Ricardo
Esperaba por ella, preocupado por la aparición de ese tipo, era evidente que nos había visto, pensaba, tocaron a la puerta, ella entro, me puse de pie, me acerque a ella, de inmediato pregunte.
¿Todo bien? - Me sonríe, enmarque su rostro y la bese.
Si, todo bien- sonreí, ver sus ojos verdes, probar sus besos, me arrancaba suspiros.
Ven a casa- le dije mirándola a los ojos.
Hoy no puedo mi amor- cuando dije mi amor, una sonrisa se dibujó en su rostro.
Me gusto como se escucha- le dije mirándola, sin soltarla.
No debí decirte así- no podía mezclar el corazón en esto.
A mí no me molesta- la abrace- puedes llamarme así- suspire.
Lo pensaré -le di una sonrisa.
Ven a mi casa- insistí, ella acaricio mi mejilla, un gesto que no había tenido conmigo, tiempo atrás.
Debo ir a casa —dijo mirando esos ojos verdes—hablare con Felipe—cuando él se alejó de mí.
Entiendo- escuchar y saber que ese tipo la tenía cerca, me incomodaba.
Debo irme- me acerque, lo abrace, bese su mejilla, el seguía serio, di unos pasos para salir, el me tomo de la mano, me trajo hacia el me abrazo, beso mi mejilla, mis labios.
Te veo mañana belleza- bese su frente.
Te veo mañana guapo- guiño de ojo, él se sonrojo, yo estaba por salir cuando el me detuvo.
Bella- ella volteo a verme.
Dime- me detuve cerca de la puerta.
¿Tu asistente nos vio? - la mire- ¿o fue tu esposo el que nos vio besándonos? - ella sonrió.
Fue mi asistente, tranquilo- sonrió- te veo mañana- Sali de su oficina, rumbo a mi oficina, deje mis cosas, tome mi bolso, Sali de la oficina, hacia mi auto, estaba decidido, hablaría con Felipe, ya no puedo seguir así.
Felipe
Llegue a casa, mi hijo no estaba, me quite la corbata, los zapatos, me puse cómodo, fui por una cerveza al refrigerador, regrese a la sala, a esperar a mi esposa, paso media hora y ella apareció.
Buena tarde- la mire, ella entro, sin decir nada, coloco sus llaves, camino hacia donde yo estaba.
Necesitamos hablar- mi tono serio.
Claro- apague el televisor- te escucho- la mire.
Tú y yo, ya no estamos bien- dije mirándolo.
Llevamos algunos años juntos, trabajamos mucho, fuimos padres muy jóvenes- la mire- al menos tu.
Mi hijo no es el problema- me dejaba claro que no estuvo de acuerdo en mi embarazo.
Debimos esperar un poco antes de tener un hijo, yo quería viajar, conocer lugares, hacerte el amor, disfrutar de tu compañía, que fueras conmigo a algunos de mis viajes, a las cenas con mis amigos, pero tu elegiste- ella se levantó.
¿Elegí qué? - me sentí molesta.
Elegiste tener un hijo, te dije que te cuidaras, que eras muy joven- la mire, no estaba de acuerdo con su idea de tener un hijo, yo estaba preparado.
No puedo creerlo- lo mire- Felipe me voy de la casa, pongo fin a esta relación, me llevo a mi hijo- no dije más camine hacia la habitación, tome la maleta, empecé a sacar mis cosas de los cajones, del closet, mientras una lagrima rodaba por mi mejilla, el entro a la habitación se acercó a mí.
Amor- la tome del brazo, hablemos por favor- no estaba dispuesto a perderla a dejarla ir.
Ya hablamos y me dejaste claro que mi hijo no te importa y lo ves como la raíz de nuestros problemas- nos miramos a los ojos.
Amor- insistí.
No Felipe, yo ya no me siento feliz, no me gusta como eres con mi hijo, tus viajes misteriosos, las veces que me pusiste el cuerno- cuando dije eso el cambio de actitud.
Gran parte es tu responsabilidad- ella me miro.
Acepto mi responsabilidad y esto segura de ya no querer estar contigo- cerré la maleta, tome mi bolso, camine hacia la habitación de mi pequeño.
Sabes si te vas, vete, pero no te lleves nada, todo lo que tiene ese niño lo compre yo- dije molesto.
Perfecto- camine hacia la salida, el tras de mi bebiendo su cerveza, camino conmigo hasta mi auto.
Yo no te pedí que te fueras- le dije cuando subió a su auto.
Me quiero ir- le dije muy segura coloqué mi cinturón de seguridad.
Si te vas te olvidas de esta casa, de mi- dije seguro- aquí ya no vuelves.
No tengo intenciones de volver- dije muy segura, encendí el auto, conduje, intentando no llorar, intentando no pensar en mi sueño, en mi proyecto de tener una familia, estaba enamorada de él, muy enamorada, pensaba, conduje hacia la casa de Aida, necesitaba hablar, al llegar le marqué.
Hola, amiga- sonreí.
Hola, ¿Estas en casa? - seque mis lágrimas.
Si amiga- Me levante de la mesa.
Estoy afuera- dije con la voz entrecortada, por las lágrimas.
En seguida te hablo- tome mi suéter.
Gracias-colgamos el teléfono, estacione el auto, baje y camine hacia la entrada de su edificio, al entrar, ella me abrazo, yo comencé a llorar.