Aineth
Mis ojos no paraban de llorar, mis labios temblaban, pensaba en el tiempo perdido, en sus palabras hacia mi hijo, eso era lo que me dolía, pensaba mientras secaba mis lágrimas, Aida se acercó, se sentó a mi lado.
- Por el lado que lo veas, fue la mejor decisión- la anime.
- Perdimos años valiosos- dije con tristeza.
- No, no digas eso-la miré- eres hermosa y tienes un romance- le di un codazo amistoso, ella sonrió.
- Un romance pasajero- me repetía siempre para no olvidarlo, para no colocar ideas en mi cabeza, suspire.
- Tu deja que las cosas fluyan- me quede conversando con ella durante horas, hasta que se quedo dormida.
Ricardo
Me levante temprano, fui a correr, después hacia la oficina, pero antes hice una parada, Sali del lugar con una sonrisa, al llegar a mi oficina, estacione el auto, baje, camine de prisa hacia su oficina, la oficina de Aineth, quien aun no llegaba, Sali, rumbo a mi oficina, la gente empezó a llegar, yo me senté en mi escritorio, encendí mi laptop e inicie mi día.
Aineth
Llegue a la oficina prácticamente corriendo, coloque mi bolso, mi abrigo en el perchero, al levantar la vista en la mesa de trabajo junto a la ventana ahí estaba, un enorme ramo de rosas, una bolsa color azul de regalo, un café y fruta, una sonrisa se dibujo en mi rostro, camine hacia ese espacio, tome la tarjeta que decía:
“Excelente día mujer bonita”
Ricardo
Tocaron a la puerta, en tono fuerte dije.
- Pase- ella se paro frente a mi escritorio, me sonrió, con esa sonrisa tan sexy, tan linda.
- Buen día- sonreí- gracias por las flores- el me sonrió, se puso de pie, camino hacia mí, sin decir nada me abrazo por la cintura, me beso, su abrazo me daba calma, me daba paz, cerre los ojos.
- Las rosas son lindas- le dije al oído, sin soltar- pero tu belleza las opaca- se dibujo una sonrisa en sus labios, la vi cuando la solté.
- Gracias también por el obsequio para mi hijo- el sonrió.
- Espero le guste y le quede- ella me miro.
- Aun no se si le gusta el beisbol- el se sonrojo.
- Pero si le quedara tu obsequio- le di una sonrisa, camine hacia la puerta, antes de abrir me detuvo- que tengas buen día- el me sonrió.
- También buen día para ti- sonreí- mujer bonita, ella salió de mi oficina, yo regrese a mi silla, suspire.
Aineth
Me encantaba sus detalles, sus besos, sus abrazos, pensaba mientras entre mis manos sostiene una de las rosas, mientras recordaba su abrazo, suspiré, a la hora de comida, yo fui a casa de mi madre por mi pequeño, al verlo, lo primero que hice fue abrazarlo, con fuerza, besar su mejilla y decirle cuanto lo amo, mi madre se acercó.
- ¿Todo bien? - la mire.
- Si, todo bien- sonreí- vine por mi pequeño, lo llevare a la oficina y después a casa- volví a besar su mejilla.
- Esta bien- se acercó, bese su mejilla- si necesitas algo por favor llámame- la note rara, como preocupada, pero no quiero meterme en sus cosas.
- Gracias, madre- suspire- me despides de papa- camine hacia la puerta, tenia una cita, para ver un departamento y quería llevar a mi hijo, lo coloque en el asiento trasero, el me dio una sonrisa, conduje, hacia ese lugar algo cercano a mi oficina, al llegar lo baje del auto, entramos a ver el lugar, estaba en el cuarto piso, tenia una vista hermosa, espacio para la habitación de mi hijo, mi habitación, habitación de visitas, un estudio, sala amplia, una terraza muy linda, contaba con otras amenidades, así que me estaba convencida que ese era el lugar, sin pensarlo mucho, acepte, al final regrese a la oficina, al entrar Ricardo estaba con un grupo de personas, los salude.
- Buena tarde- les di una sonrisa, Ricardo poso su mirada en mí.
- Buena tarde Licenciada- los ojos de los tipos que estaban conmigo se posaron en ella, y yo quería decir que ella y yo teníamos algo, pero ¿Qué?, solo la presente- ella es la licenciada e ingeniera Aineth, mi directora de bastecimiento- dije con orgullo ella se acercó, de inmediato su asistente tomo al pequeño y se lo llevo, ella siguió conversando con nosotros, pasaron unos minutos, los acompañe a la puerta, ella se quedo en su oficina al entrar estaba con el teléfono y el pequeño entre sus brazos, ya se había dormido, me quede observándola, cuando colgó dije- te ves tan hermosa y tiernas así, con el pequeño- suspire.
- Harás que em sonroje- el se acercó.
- Solo digo la verdad- sonreí, me acerque bese su mejilla.
- Lo siento por traerlo al trabajo- dije apenada.
- Esta bien, el no interfiere con tu trabajo- le dije muy cerca de su boca, mirando al pequeño, tenia la nariz de ella, sus facciones eran parecidas, por suerte pensé.
- Gracias- le di un beso en la mejilla- el sonrió, se levantó.
- Te dejo trabajar- me separe un poco de ella, camine hacia la puerta, con una sonrisa en los labios, provocada por ella.
Aineth
Pase el resto de la tarde trabajando, revisando documentos, en reuniones con mi equipo, por la tarde nos preparábamos para irnos, mi pequeño despertó y caminaba por la oficina, sonriendo, bailando, yo reía con él, tome sus cosas, mi bolso, su suéter y salimos hacia el estacionamiento, el caminaba tomado de mi mano, sosteniendo entre su mano un vaso, al estar cerca del auto, prepare su espacio, lo coloque en su asiento, coloque sus cosas, mi bolso, camine hacia el lado del conductor, estaba subiendo cuando jalaron la puerta, me asuste.
- Vengo por mi hijo-dije en tono fuerte el guarda estaba parado tras de mí, diciendo.
- Señorita no lo deje entrar, pero el paso- dije apenado.
- No se preocupe- dije intentando aparentar que todo estaba bien, por suerte ya nadie quedaba en la oficina o al menos eso pensé.
- ¿Estas bien Aineth? - estaba sacando mi auto, cuando vi a ese tipo, su esposo, al cual encare, me pare frente a el- mi empresa no es para venir a hacer escándalos- dije serio mirándolo.
- Estamos fuera de tu oficina- lo encare.
- Estas en el estacionamiento de mi propiedad- mirada retirado , mi rostro estaba caliente, apretaba el puño, el bebé lloraba- Aineth , sube al auto- cuando ella subió, yo detuve a Felipe con fuerza del brazo, Aineth se fue, los empujones empezaron.
- Defendiendo a tu amante- lo empuje.
- Defiendo y respeto totalmente a una mujer, algo que tú no sabes- volvió a empujarme, el guarda se acercó- espera, mire a Felipe- véte- dije molesto.
-¿Y si no me voy?- lo rete , me reí, lo empuje.
- Es mi propiedad y llámare a la policía- lo mire.
- ¿No te puedes defender solo?- rei , una carcajada, mire al guardia, Ricardo me miraba y yo no paraba de reír, reírme de él.
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