Ricardo
No podía dejar de mirarla, lo pensé unos minutos, ella se despedía de sus compañeras, yo me acerqué, en tono suave y amigable.
- Tu hijo se parece a ti- Aineth me miro.
- Gracias- sonreí- saluda mi amor- le dije a mi hijo, Felipe aclaro la garganta- él es Felipe Suarez- intente sonreír, Felipe extendió la mano y saludo a Ricardo.
- Felipe Suarez, esposo de Aineth- dije en tono firme, mirándolo fijamente.
- Un gusto- me sentí incomodo al saber que ella estaba casada, sabía que tenía un hijo, pero no comento que estuviera casada- que pasen buena tarde- me fui de prisa.
Ricardo
Me sentí incomode al verla con su esposo y su hijo, una mezcla de molestia y una sensación que no había sentido antes estaba molesto, claro está, Aineth regreso, de su horario de comida, yo seguía molesto y mi molestia no tardo en notarse, durante las siguientes reuniones, al finalizar Aineth comento.
- Ricardo, me regalas unos minutos por favor- el me miró fijamente, es tan sexy pensé.
- Claro- le dije quitando la mirada de ella, la gente salió y ella se sentó algo alejada de mí.
- Me podrías firmar por favor estos documentos- me puse de pie, caminé hacia él.
Ricardo
Tenerla cerca, respirar su aroma, rose su mano cuando me dio la pluma para firmar sus documentos.
- Listo- tenerla cerca, tan cerca, nuestros ojos se encontraron.
- Gracias- me separe de él, tome mis cosas, camine hacia la puerta, se puso de pie y camino hacia mí.
- No sabía que estabas casada- Y aquí estaba yo, haciendo una escena de celos, por una mujer casada, con una familia, una mujer que me gusta, con la cual tuve sexo casual, pensé mientras ella se detenía cerca de la puerta, volteo hacia mí, dio un par de pasos, estando justo frente a mi dijo.
- ¿Disculpa? - su comentario estaba fuera de lugar, lo nuestro fue casual, no nos debemos explicaciones pensé.
- Si, no sabia que eras casada- afirme, no había vuelta a tras, estaba dicho, aquí estaba yo reclamando por algo de lo cual no debia y no tenia derecha de hacerlo, tantas mujeres un divorcio y no aprendo, me reproche.
- No, estoy casada- levante una ceja, clave la mirada en èl- no tengo por que darte explicaciones- le dije, me molesto su comentario, me sentí incomoda pensé.
- En tu hoja de ingreso jamas mencionaste que eras casada- volví a insistir, la expresión de su rostro cambio de ser amable a molesto.
- No, estoy casada, tengo un hijo con Felipe, si- lo mire, Ricardo ya no dijo nada, yo vi el reloj eran las 6:00 pm- ahora si me disculpas debo ir a casa- camine hacia la puerta, la abrí, en tono bajo el hablo.
- Claro, que pases buena tarde- no debí hacer esta escena de celos, pensé, mientras tomaba mis cosas para irme a casa, las cosas se salían de control.
Aineth
Los dias pasaron, yo estaba intentando recuperar mi relación con Felipe, pero a veces era complicado, sus llegadas por a madrugada, su misterio con el celular, pasaron dos semanas, el ir y venir de Felipe, los fines de semana con mi hijo con mis padres, viendo en la oficina a Ricardo, mi vida amorosa era un desastre, viernes por la noche me decidí a salir fui a un bar, me senté en la barra solicite un whisky, esperaba por mi amiga Tania, minutos mas tarde llego.
- Amiga- sonreí al verla, la abracé.
- Hola, me da tanto gusto verte- sonreí, el mesero le ofreció una bebida ella solicito lo mismo que yo.
- Vamos a una mesa, la terraza me gusta, sonreí.
- Claro- caminamos hacia la terraza, conversando del día a día, al llegar a la mesa nos sentamos.
- Ahora si cuéntame todo- coloqué mis brazos sobre la mesa- ¿cómo vas con Ricardo? - sonreí.
- Hace mucho que no pasa nada entre él y yo- deje caer los hombros.
- Pero me dijiste que tenían buena química, ¿qué paso? - pregunte mirándola, sospechaba la respuesta.
- Resulta que Felipe se aplicó dos semanas, fue amoroso, excelente padre y pareja- Tania Viro los ojos, e hizo ese sonido clásico en ella cuando esta fastidiada.
- ¡Ash! - la mire- esa siempre es su estrategia, cambia unos días, para tenerte segura y cambia cuando lo logro- estaba molesta.
- Tengo un hijo con él- intente justificarme.
- Si y también estas perdiendo los años más valiosos de tu vida- tome de un trago mi bebida y ordene dos copas más- no te has visto en un espejo, eres hermosa, guapa, inteligente, joven y Felipe es un viejo que solo busca con quien pasar la noche- le dije.
- No me regañes quieres- la mire.
- Okay cambiemos de tema- ella empezaba a molestarse- vamos salgamos de aquí- ella me miro confundida.
- ¿A dónde? - la mire.
- Tu sígueme- pague la cuenta, tomamos un taxi y fuimos a bailar, gente iba y venía, chicos la invitaban a bailar, le coqueteaban, pero ella parecía no reaccionar, al amanecer nos fuimos a mi casa, nos quedamos dormidas conversando.
Aineth
Desperté con un fuerte dolor de cabeza con hambre, al abrir los ojos y ver hacia la ventana me levanté de prisa.
- Tania debo irme, es muy tarde- lleve la mano a la cabeza, me dolía.
- Déjame dormir.
- Bueno me voy- mire el reloj eran las 7 de la noche, tome mi bolso, mi celular, solicite un taxi, al llegar subí y fui directo a la casa de mi madre, por suerte Felipe no había ido por Alex, me fui a casa con mi hijo, Felipe como de costumbre no estaba en casa.
Ricardo
Pensar que mañana voy a verla, me senté en el sofá, ese sofá donde ella y yo hicimos el amor, recordé su sonrisa, su rostro, sus labios, quizás es especial para mi pensé no había traído a nadie a mi departamento, esto me asusto, me puse de pie, me fui a la habitación, ropa deportiva me preparé para hacer ejercicio.
Felipe
Me fui sin avisarle a Aineth, por mi comportamiento ella ya no cree que salgo de viaje por trabajo, algunas veces mentí para irme con otras chicas, así que esta vez me fui sin avisarle, tenía planeado regresar el lunes de mi viaje de trabajo, decidido a pedirle que se case conmigo, compre un anillo, le envié flores y chocolates, mensajes y llamadas que no respondió.
Aineth
Las 6:00 am, el sol se colocó por mi ventana, la alarma sonó, me levante, fui a la habitación de mi hijo, aun dormía, prepare café, regrese a mi habitación directo a la ducha, al salir tome un vestido gris y un saco del mismo color con un detalle n***o, bolso n***o y zapatos del mismo color, estaba lista la niñera llego, yo tome mi café, deje un beso en la mejilla de mi hijo, salí hacia la oficina, al llegar, me recibieron unas flores, rosas para ser exacta, rosas rojas, era evidente de quien eran, llame a mi asistente.
- Lety por favor llévate las flores de la oficina déjalas en la recepción por favor- mi tono serio.
- Las trajo su esposo- mi tono tímido.
- En cuanto regrese de la reunión no las quiero ver en mi oficina por favor- seguí mi camino, el celular en mi mano el cual sonaba con tono de mensajes y llamadas, las cuales no respondí, al finalizar las reuniones Ricardo, dijo mi nombre.
- Aineth quédate unos minutos por favor- dije sin voltear la mirada hacia ella.
- Claro- me volví a sentar lejos de él, se puso de pie, camino hacia la silla que estaba cerca de la mía.
- Debo hacer un viaje- ella me miro confundida, con la pierna cruzada, esas bellas piernas, los brazos recargados sobre la silla.
- ¿Sí? - no entendí lo que quería decir o a donde quería llegar.
- Requiero que me acompañes por favor- su rostro confundido, sus ojos buscando respuestas- sí, Alberto tu jefe no puedo realizar el viaje conmigo y acordamos que irías tu- la mire- claro si tu esposo lo permite.
- Sin problema- su comentario me molesto.
- Salimos mañana- dije alejándome de ella.
- Perfecto, te veo en el aeropuerto- tome mis cosas y salí de la oficina, al llegar las rosas no estaban, pero estaban unos chocolates, los cuales sin pensarlo lance a la basura, a la hora de salida, yo preparaba algunas cosas cuando la puerta se abrió.
- Hola, pensé que te habías ido- la mire, ella levanto la mirada.
- Hola, en eso estaba- tome mi bolso, la bolsa de laptop, camine hacia la puerta donde estaba él.
- Te ves hermosa el día de hoy- me sonroje- en general siempre te ves linda- me pare frente a ella, tan cerca.
- ¡Gracias! - sonreí.
- Me gusta cuando sonríes- enmarque su rostro, acerque mis labios a sus labios, sin decir más la bese, un beso delicado que se tornó apasionado.
-
Wow- no dije más, el me tomo por la cintura, siguió besándome, sin decir nada, sin hacer nada más que besarme, sus manos posadas en mi cintura, y mis brazos rodeando su cuello, nuestros labios unidos en una danza perfecta, en una sincronía inigualable.
- Extrañaba tus besos- sonreí.
- También los extrañaba- suspire.