Había luchado demasiado para desprenderse de su apellido miserable, Fox, y convertirse en una Lennox. Cecilia no estaba dispuesta a regresar jamás a ese pasado. Tenía que encontrar una salida. —Sí, nos conocemos, pero no entiendo por qué Aria de repente se volvió tan hostil conmigo.— Cecilia seguía negándolo todo. Aria no pudo contenerse y levantó la mano para abofetearla con todas sus fuerzas. La herida de su mano acababa de ser tratada, pero volvió a sangrar. —¿Cómo puedes ser tan despreciable? Te niegas a admitirlo y encima hablas con una indignación fingida.— Su voz temblaba de rabia. —Ese día me engañaste, me llevaste a una habitación privada y me vendiste a un extraño…— —¡Me duele, Adrián! ¡Estoy sufriendo!— Cecilia se cubrió el rostro y gritó para interrumpirla justo cuan

