Aria sabía perfectamente a dónde se dirigían. A lo lejos, distinguió sus siluetas. Estaban a punto de llegar al estacionamiento. Aria aceleró el paso, casi corriendo. Si se daba prisa, podría confirmar si aquella mujer era realmente Cecilia… y descubrir quién era el hombre que había estado en aquella habitación ese día. Aunque sabía que era inapropiado gritar en la mansión Moretti siendo solo una niñera, Aria no pudo contenerse: —¡Espera un momento!— —¡Adrián!— Pero estaban demasiado lejos para que Adrián pudiera oírla. Al final, gritó con la voz quebrada por el llanto: —¡Adrán! ¡Por favor! ¡Espera!— Varias sirvientas de mediana edad que trabajaban en el jardín escucharon sus gritos y se giraron para mirarla. Comenzaron a murmurar entre ellas: —¿Está intentando seducir al seño

