CAPÍTULO NUEVE

1166 Palabras
—Los preparativos para el banquete están listos— habló el hombre que se encontraba parado al frente de su majestad. —Muy bien— el rey sonrió satisfecho —Trae a los hermanos Fenix y a la heredera de los Condés— ordenó. El hombre asintió y seguido hizo una reverencia. Había pasado ya medio año desde que los hermanos habían tomado sus puestos como guardias reales. El rey estaba satisfecho con el trabajo que habían hecho los hermanos, sin duda había hecho una buena elección. Esta vez se celebraría el cumpleaños número diecisiete de la primera princesa y el rey haría un enorme banquete para anunciar públicamente que su hija ya era mayor. Invito a todos los reinos aliados para que celebrasen junto a él. Faltaban dos semanas para eso así que el rey debía mandar a sus soldados mejor capacitados para que asistieran al reino del pino y escoltaran al príncipe heredero y al rey hasta el reino del cerezo. Después irían al reino del olivo y traerían con bien a la princesa y a su madre, la reina. El hombre llegó hasta las tres grandes casas, en donde vivían los soldados. En la primera casa vivían los soldados de alto rango, como lo era Sabrina, Mael y Emily. En la segunda casa vivían soldados masculinos de bajo y medio rango y en la tercera vivían soldados femeninos de bajo y medio rango. Llegó hasta la primera casa y avisó al custodio que el rey deseaba verlos. Las tres amigos ocupaban la misma habitación, así que cuando recibieron la orden, rápidamente se alistaron y fueron hasta la presencia de su majestad. —¿Nos mandó llamar, señor?— Mael se dirigió a él mientras que todos hacían una reverencia ante su rey. —Si— el rey dio un sorbo a su copa —Quiero que los mejores soldados vallan al reino del pino y del olivo y trufan con bien a los príncipes y los reyes— se acomodó en su trono. —Como verán el cumpleaños número diecisiete de mi primera hija se aproxima y he invitado a mis aliados para celebra. —Cuente con nosotros, su majestad— los tres chicos se retiraron y fueron a alistarse para poder marcharse. Los tres tomaron sus armas y su armadura. Los criados les dieron un caballo a cada uno y así se marcharon hasta el reino más alejado, el reino del pino. Cruzaron el bosque del cerezo y tomaron el atajo que el mapa marcaba. Cuando estuvieron lo más lejos y seguros de que ya nadie los miraba Sabrina tomó su verdadera transformación. —¿Qué haces Sabrina?— preguntó Mael a su hermana —Alguien puede verte. —Por favor, hermano— la chica miró a su hermano —No hay nadie aquí y no habrá nadie por los siguientes cuatro kilómetros así que no seas paranoico. —Es verdad— Emily apoyo a Sabrina —Estas tierras no están habitadas. —Te recomendó que también te transformes, nadie nos verá y así no gastas tu magia— dijo Sabrina. Mael obedeció a su hermana mayor y volvió a su verdadera forma. —Así está mejor— susurró el chico. —Te lo dije— Sabrina miró a su hermano —Por cierto— habló y los dos jóvenes voltearon a verla —Ya que pronto es el cumpleaños de la princesa tengo que darle un obsequio, pero no sé que cosa le agrade. —Pues pregúntale— dijo Emily. —¿Como haré eso? Se supone que tiene que ser una sorpresa. —Entonces sorpréndela. Regálale algo que sepas va a gustarle. —No se me ocurre nada— exclamó —Ella ha sido un poco cerrada en sus gustos y sentimientos. Había algo que Sabrina anhelaba mostrarle, pero no sabía si a Eliza iba a gustarle. Ella quería mostrarle el lago que se encontraba al lado de la cabaña en donde ella vivía. Ese era un lago hermoso y quería que Eliza lo mirara. Continuaron su viaje en silencio. Sabrina pensaba que cosa regalarle a Eliza. Algo que realmente amara y atesorara. Y finalmente decidió darle los pendientes que su madre le había regalado en su cumpleaños número cinco. No era la gran cosa, pero Sabrina los atesoraba, era como si le entregara su vida. (...) Después de dos días de viaje llegaron por fin al reino del pino, el reino más alejado y ninguno de los tres había ido jamás ahí. La fachada era elegante, la convivencia era armoniosa y podía decirse que los mágicos y los humanos convivan sin distinciones de razas. Era el sueño de cualquier mágico el vivir en este reino, aquí como en el del Magnolia los mágicos eran tratados como iguales, en cambio en el del olivo y el cerezo los mágicos eran algo inferior. Pero los peores reinos eran los del roble y del sauce, en esos reinos los mágicos eran esclavos y tratados como animales. Todo eso estaba mal, nadie puede ser tratado de esa forma, pero el rey mágico solo se olvidó de los que había dejado atrás y se encerró en esos muros impenetrables. Al único que debía ser culpado era al mágico que los abandonó. Una vez estando fuera de las enormes puertas los soldados los reconocieron inmediatamente gracias a la armadura y al tipo de caballo en el que estaban montados. Ese solo podía ser portado por un reino u ese era el del cerezo. Los soldados del reino abrieron las puertas y los tres chicos entraron. Observaron a su alrededor, no solo la fachada de las murallas eran lindas, sino que también el resto del reino era lindo, incluso más lindo que el reino del cerezo. Cabalgaron hasta el palacio, en donde fueron recibidos por más guardias, mismos que los escoltaron hasta la presencia de su majestad. Al llegar ahí hicieron su reverencia y se presentaron como los guardias que los escoltarían hasta el reino del cerezo. El rey pidió que descansaran de su largo viaje y ordenó a su guardia que los escoltara hasta las alcobas del palacio. Al día siguiente la caravana salió muy temprano, en ella iban criados y guardias que procuraban la seguridad de los hombres de sangre azul, hijos del dios todopoderoso. En el regreso tomaron el atajo que los llevó hasta el reino del olivo. Emily lo visitaba por primera vez, pero Mael y Sabrina viajaban seguido ya que varios de los ROCKOS se ocultaban en ese reino y los hermanos iban tras sus cabezas. Descansaron poco tiempo y continuaron su viaje junto a la seguida caravana que se encargaba de los sangre azul del reino del olivo. Al final del día todos lograron llegar con bien al reino del cerezo. El rey instaló a las familias reales en el palacio y a los guardias en las tres grandes casas. También se encontraba contento con el trabajo que los chicos habían hecho, traer con bien al prometido de la princesa.
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