CAPÍTULO TREINTA

1481 Palabras
El resto de la tarde se la pasaron entrenando y cuando el sol comenzó a ocultarse por el horizonte, Sabrina y su hermano fueron a la orilla de la playa a mirar el atardecer. Cuando llegaron se sentaron en la arena y ambos miraron al horizonte, como el sol se despedía del día. —Hermana— Draco la llamó. Sabrina dejó de mirar el horizonte y giró su vista a su hermano —¿Qué sucede? —¿Es cierto lo que dicen las personas de la aldea? —¿Que cosas dicen? —Sobre que Ruo Gou y tú estuvieron prisioneros e iban a morir. Sabrina abrió los ojos ¿Cómo es que su pequeño hermano se había enterado sobre eso? —Si— susurró en respuesta. —Entonces ¿ahora eres un fugitivo?— preguntó. —No— Sabrina le mostró una sonrisa —Soy una persona libre y jamás cometí ningún crimen del que se me acusaba, así que el rey nos dejó libres— volvió su vista al horizonte. —Hermana— el pequeño volvió a llamarla. —Dime— dijo la chica, pero ahora sin despegar su vista del sol, el cual ya estaba casi escondido. —¿Crees que nuestro pueblo logre obtener la libertad? —Por supuesto— respondió segura —Es por eso que estamos aquí, porque tú y yo lograremos liberar a nuestro pueblo en algún futuro— lo miró y sonrió —Es por eso que debes volverte fuerte, para que tú y yo cumplamos nuestra misión. El niño la miró y sonrió también —Voy a esforzarme al máximo todos los días para convertirme en un guerrero poderoso como mi hermana. —Estoy segura que lo harás— Sabrina estiró su mano y jalo a su hermano hacia ella, después con su otra mano revolvió el cabello del niño. —Te quiero, hermana— Draco la miró y le dio una sonrisa feliz. —También te quiero, pequeño hermano tonto— Sabrina rió y después solo siguieron apreciando el atardecer. (…) —Alistate, Sabrina— Ruo Gou entró a la choza, en la que Sabrina y su hermano se encontraban comiendo. —Voy— Sabrina lo miró y después miró a su hermano. —Saldré y volveré tarde, termina tu desayuno y ve a jugar con tus amigos ¿está bien?— le tomó la mejilla y el pequeño asintió. Se puso de pie y salió de la choza, después fue a encontrarse con Ruo, mismo que se encontraba reunido con Everett, Cael y Adonis —Iremos al Cerezo— dijo Ruo —Andando. —Espera— Sabrina caminó para acoplarse al paso de Ruo —Pero ¿Que pasará si nos descubre el ejército? ¿Sabes el riesgo que cometemos al ir ahí? —Solo iremos por comida— Ruo la miró de reojo —No hay de que preocuparse— mostró una sonrisa y siguió su camino. —Bueno— dijo ella y luego continuó su camino en silencio. Avanzaron unos cuantos metros cuando volvió a abrir su boca —Pero ¿por que vienen ellos?— señaló a los otros chicos. —Necesitamos fuerza para cargar la comida— respondió Ruo. —Si claro— la chica rodó los ojos —No será que más bien Everett planea ver a la princesa— miró a Everett y este se puso nervioso. —No, para nada— meneo su mano, intentando disimular su nerviosismo —Ruo dijo que nos necesitaba. —Como digas— agregó Sabrina antes de cerrar la boca. Después de eso continuaron su camino, casi en silencio. Adonis tarareaba una de las canciones que su madre le cantaba de niño antes de dormir. Pronto Cael se integró a su cántico y ambos ambientaron el largo y aburrido camino. Luego de casi un día y medio, lograron llegar con bien a dicho reino. Este reino no tenía la seguridad que poseía el reino del Pino, pero la seguridad que tenía era más que suficiente. Entraron desapercibidos y después Ruo comenzó a comprar la comida que la aldea necesitaba. Sabrina no había visitado el reino desde que llegó ahí la primera vez, este había cambiado mucho, pero el mal trató a los mágicos aún seguía y se volvía peor con cada día que pasaba. Para suerte de esos cuatro, cuando usaban aquella magia prohibida podían ocultar sus orejas y fingir ser humanos en aspecto. —A un lado— ordenó uno de los guardias del Pino —¡La familia real del reino del Pino está llegando!— grito y en seguida la carabaña comenzó a entrar por las puertas. Los príncipes y reyes viajaban cómodamente dentro del carruaje, mientras que los soldados cuidaban la seguridad de la familia real. Sabrina se quedó en su lugar, mirando como él lujosos carruaje era jalado por algunos caballos. Los mágicos que le servían a la corona llevaban ropas de lino y las que tenían un puesto alto, podían usar ropas de ceda. La princesa del Pino miraba por la pequeña ventanita del carruaje y una vez pasó al lado de Sabrina, sus miradas conectaron, haciendo un click instantáneo. El corazón de ambas comenzó a latir intensamente, era como si explotaría de un extraño sentimiento que ninguna podía explicar. El carruaje avanzó rápidamente, así que ambas tuvieron que apartar la mirada. Sabrina miró al suelo y se tocó el pecho, su corazón latía rápidamente y el rostro de la princesa se reproducía repetidas veces en su cabeza. Su hermosura, su cabello ondulado, sus ojos esmeralda, sus labios, todo de ella parecía perfecto. —¿Estas bien?— Ruo la tomó del hombro. Ella volvió en si y miró a su compañero —Si— susurró y dejó de tocar su pecho, trago saliva y continuó su camino junto a los otros chicos. —Vamos a comer— dijo Cael —estoy hambriento— camino lento y desganado. —Vamos entonces— Ruo accedió, solo porque se trataba de su indefenso hermano menor. Caminaron hacia la tienda de comida, la cual no se encontraba muy lejos de ahí. Una vez llegaron, entraron y fueron a sentarse a una de las mesas que se encontraban cerca de la ventana. La mujer que atendía el puesto fue a pedir su orden y Ruo hizo el pedido, añadiendo bastante cerveza para todos. Al final del día, todos fueron a la choza que pertenecía al padre de Ruo. Se acomodaron para dormir y antes de acerolo, Ruo apago la vela para que la luz no molestara su sueño. Cuando pasó casi una hora, Everett rectificó que ya ninguno se encontraba despierto y se puso de pie. Discretamente, sin hacer ruido caminó hasta la puerta. Después la abrió lentamente para que no rechinara y salió. Sabrina se dio cuenta de que el chico había salido, así que uso su magia para salir detrás de él. —¿Irás a?— preguntó cruzada de brazos detrás del chico, mismo que se encontraba cerrando la puerta. Everett cerró los ojos y se lamentó aquello. Rápidamente se giró y miró a la chica, misma que mantenía una mirada fija en él. —Este…— pensó su respuesta —Hacia un calor tremendo y…— calló por un segundo, ella sí que lo ponía nervioso —Quise tomar aire fresco. —Bien, entonces voy contigo— mostró una sonrisa y se giró para seguido comenzar a caminar. —Espera, no quiero molestarte con esto— el chico debía impedir a toda costa que Sabrina lo acompañará. —No me molestas para nada— ella se detuvo y se giró —También quiero ver a alguien— sonrió y volvió a girarse. —Espera ¿cómo lo supiste? —Saber ¿Qué cosa? —Que iría a ver a la princesa— caminó rápidamente y se acopló a su paso. Sabrina rió a lo bajo —Era obvio, querido Everett. —Ya veo— susurro y siguió caminado. —¿Qué persona verás tu? —La princesa del reino del Pino— respondió sin dudarlo. —¿Que?— Everett se alarmó. Sabrina no debía meterse con el reino del Pino. Ellos podrían matarla de verdad. —Tranquilo, seré cuidadosa— ella lo miró —Solo quiero averiguar algo. —Bien, pero no causes problemas ¿entendido? —Si— Sabrina asintió y ambos continuaron su caminó. Al llegar al palacio, burlaron la seguridad y luego Sabrina acompañó a Everett hasta la habitación de la princesa heredera. Treparon la enorme pared y llegaron al balcón de la habitación. Everett tocó la ventana y la princesa fue a recibirlo —Cariño— dijo ella cuando lo vio, después corrió a abrazarlo y le depositó un beso en los labios. —Bueno— habló Sabrina —Te veré más tarde, Everett— dicho eso se esfumó y fue a buscar a la princesa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR