CAPÍTULO VEINTIOCHO

1201 Palabras
Al día siguiente, muy de mañana, los soldados del ejército del pino, entraron al calabozo y abrieron la reja de la celda en la que Ruo Gou y Sabrina se encontraban. El ruido hizo que la chica abriera los ojos y se alertara. Ruo Gou también despertó, pero este se encontraba somnoliento. —Muy buen día, mis queridos prisioneros— hablo el jefe del ejército —¿Listos para su debut?— se puso en cuclillas y tomó a Sabrina de los cabellos. —Oh si, claro que nos encontramos listos— dijo Sabrina misma que recibió un golpe del hombre. Después este se puso de pie y salió de la celda —Tráiganlos— ordenó y continuó su camino. Los otros dos tomaron las cadenas y jalaron de ellas para que los prisioneros comenzaran a caminar hacia su muerte. Sabrina se puso de pie y comenzó a caminar, después Ruo Gou la siguió y la chica le entregó una sonrisa —A mi señal vamos a huir— susurró mirando al frente. Los soldados los sacaron del calabozo y los llevaron a rastras por las calles del reino, hasta llegar a la gran plaza, en donde la mayoría de pueblerinos ya se encontraba reunida. —¡ESTOS DELINCUENTES SERÁN CASTIGADOS POR SUS CRÍMENES EN EL NOMBRE DEL TODOPODEROSO!— habló el jefe del ejército. Entonces obtuvo la atención de todo el pueblo. En seguida la caravana del rey se hizo presente y los pueblerinos se arrodillaron ante la presencia del hombre de sangre azul y sus dos hijos. El rey se encontraba presente para mirar cómo la organización delictiva más grande, perecía de raíz. —Estos hombres— habló el rey —Están sentenciados a recibir 500 azotes y morir, finalmente, en la orca— miró a su pueblo —es el mínimo castigo que unos delincuentes como ellos, merecen— miró a su soldado y asintió, después caminó hasta su silla y observó la escena. Jalaron a Sabrina y a Ruo hasta el escenario, en el que el hombre con el látigo ya se encontraba listo para comenzar con la función. Una vez llegaron ahí, los hombres los hicieron hincarse y los ataron a la estructura que se encontraba al frente. Una vez listos el verdugo se acercó a donde ellos se encontraban, listo para comenzar a t******r a los prisioneros Sabrina miró a Ruo Gou. —¿Listo para escapar, Ruo?— preguntó a su compañero. —Más que listo— el chico uso su magia de calor para derretir el metal que ataba sus manos y así, pudo liberarse. Después Sabrina, ayudada con su magia, se liberó también. —Me habría gustado darle el espectáculo que quería— habló Sabrina mientras se acercaba a la presencia del rey —Pero tengo una misión muy importante— se paró frente a él y le dio una sonrisa. —¡ATRÁPENLOS!— gritó aquel hombre enfurecido. —Nos veremos pronto, su majestad— la chica hizo una reverencia y giró su vista hacia donde la princesa se encontraba sentada, le dio una sonrisa y se giro. —Rápido, Sabrina— dijo Ruo mientras repelía los ataques de los soldados con su abrumadora magia. Sabrina comenzó a correr y a ayudar a Ruo a abrir el paso para poder irse. El ejército del pino salía de diferentes lugares, pero los jóvenes eran ágiles peleando cuerpo a cuerpo, así que rápidamente lograron huir. —¿Puedo, Padre?— la princesa miró a su padre y este la miró a ella. —Franco irá contigo— dijo el hombre mirando a su hijo. —Ya que— el chico dijo desanimado, después se puso de pie y en seguida su hermana también lo hizo. —¿No lo crees interesante?— preguntó la chica a su hermano —Perseguimos a dos bandidos peligrosos y padre me permitió cazarlos. —Lo es, pero no me hubieras involucrado. Esto de cazar bandidos peligrosos no es de mi agrado— el chico trataba de seguir el paso de su hermana. —Apresura tu paso, hermano— la chica se despojaba de su vestido, el cual le era incómodo para moverse —Ellos escaparan si no los detenemos antes. —Violeta, espera— dijo el chico, danto todo de sí para poder alcanzar a su veloz hermana. La chica se perdió entre las calles, así que su hermano la perdió de vista. Sabrina se alejaba lo más rápido, se adentró al bosque del pino y trepó a los árboles para obtener una mayor movilidad, en cambio, Ruo Gou se mantuvo corriendo por debajo de ella. Esa era la estrategia de ataque que ambos usaban y siempre había funcionado a la perfección. La princesa logró mirar a Sabrina cuando subía a los árboles, así que, usando su magia se protegió y se adentró, no sin antes esperar a que su hermano llegara con ella. —Eres lento, Franco— dijo la muchacha antes de correr tras los fugitivos. —No lo soy, es solo que no estaba listo para seguir a dos bandidos mediocres. —No digas eso, hermano— respondió la chica —Se que esos mágicos son más poderosos de lo que aparentan ser— lo miró y le dio una sonrisa. —¿No crees que esta vez estás yendo muy lejos?— preguntó el chico una vez se acopló a su paso. —Piensa en esto— la chica miró a su hermano —Madre nos contó sobre aquella mujer cazarrecompensas que era muy temida por las grandes naciones, todas sus grandes hazañas. Piensa que nosotros podemos ser nombrados héroes por haber derrotado a esos bandidos— mostró una sonrisa. —Diablos, si que tienes una gran imaginación. La chica rodó los ojos y volteó su vista al frente. —La chica del árbol es mía— dijo la muchacha cambiando de dirección —Tú ve por el fortachón de allá. —Pero, Violeta tenemos que estar juntos— susurró, pero la chica ya no logró escucharlo, ya que se encontraba lejos de él. El muchacho solo se quedó parado por unos segundos en su lugar y después fue a atrapar a su presa. Sabrina y Ruo se detuvieron a mitad de bosque, tenían que recuperar sus fuerzas —Esto es una locura— dijo Sabrina con gran felicidad —Jamás creí que lograríamos escapar de un ejército tan poderoso— las risas comenzaron a salir de su boca, al mismo tiempo que recobraba el aliento. —Bueno, tú eres Sabrina, yo soy Ruo Gou. Somos los criminales más peligrosos de todos los tiempos, era obvio que lograríamos escapar de ellos. —Debiste haber visto la cara del rey— dijo, intensificando su risa —Era muy graciosa. —Volvamos a casa, niña— Ruo rió ligeramente y luego se acercó a Sabrina para poder pasar su brazo por sobre su cuello, haciendo notoria la diferencia de estatura. —Ya quiero ver a mi pequeño Draco— sonrió y luego ambos comenzaron a caminar. —Alto ahí— dijo la princesa. Al escucharla, Sabrina y Ruo se detuvieron, se miraron entre sí y luego se giraron, quedando frente a los dos príncipes reales.
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