—Quiero que los lleven al calabozo y ahí les den su merecido castigo— ordenó el rey, mirando a la chica, misma que se le hacía un tanto parecida.
—Como usted ordene, su majestad— el jefe del ejército se reverenció y luego indicó con sus manos que tomarán a los criminales y comenzarán a desplazarse.
Los soldados obedecieron su orden y tomaron a los prisioneros de las cadenas que los ataban para seguido sacarlos de ese lugar.
Mientras los prisioneros salían, los príncipes de ese reino entraban a la presencia de su padre. Sabrina pudo ver de reojo a la princesa. Una mujer linda para su parecer, la primera mujer que le robaba la atención.
Miró hacia atrás para poder contemplarla mejor, pero el soldado la tomó de la cabeza y la hizo mirar al frente —Camina— dijo y después le soltó un golpe.
Ruo Gou se lamentaba aquello. Morirían de la peor forma, él estaba seguro de eso. Los criminales como ellos tenían un solo destino y ese era la muerte después de la tortura, esa era la mejor manera de advertirles que, si volvían a nacer, en su próxima vida no había forma de que fueran criminales porque ya conocían las consecuencias de sus malos actos.
Los hicieron caminar hacia los oscuros calabozos, en donde solo aluzaba la luz de las antorchas y en donde había un gran número de mágicos que, según el reino, habían comentado un crimen aunque no fuera cierto.
Abrieron una de las tantas celdas y los arrojaron dentro —Disfruten su estadía, nobles guerreros— dijo uno de los soldados entre burlas, cerró la celda y se giró para salir de ahí.
—Sabrina— Ruo Gou caminó rápidamente a donde la chica se encontraba —¿Estas bien?— preguntó mirándola.
Sabrina mostró una sonrisa —Lo estoy— dijo, aunque era mentira, ya que la herida que había recibido la debilitaba lentamente.
—Estas herida— el hombre habló preocupado —Estas perdiendo mucha sangre.
—No te preocupes— la mujer luchaba por mantener los ojos abiertos —Solo necesito liberar un poco de mi magia para que la herida sane más rápido— cerró los ojos —Descansare un poco, detenme si libero más magia de la que debería.
Ruo permaneció al lado de la chica y rápidamente el anochecer llegó.
Al paso de cuatro horas, las heridas de Sabina se habían curado casi por completo. La chica dejó de dormir y despertó de su sueño profundo, con una condición de salud mucho mejor a la inicial.
—¿Ya estás mejor?— preguntó Ruo.
—Si— respondió la chica —Creo que ahora si podemos salir sin complicaciones— lo miró y le dio una sonrisa.
—¿Cómo haremos eso?— preguntó mirándola —¿Si sabes en donde nos encontramos? No podremos siquiera salir de estas rejas cuando esos soldados molestos ya nos tengan como prisioneros de nuevo.
—No se tu, querido amigo, pero yo no pienso morir en este lugar— Sabrina se puso de pie y comenzó a mirar a su alrededor —Aún tengo una misión que cumplir y no pienso romper la promesa que le hice a mi padre— busco una ruta de escape, una que fuera segura y fácil.
Su vista se movía rápidamente, buscando un solo punto de escape. Cuando por fin logró dar con el, ideó un rápido plan. Cuando lo tuvo bien planeado regreso a donde Ruo se encontraba y se sentó en el suelo y se mantuvo ahí cruzada de brazos.
—¿Encontraste algún lugar por el cual escapar?— preguntó el hombre.
—Lo hice— susurró la chica y lo miró —Pero no podremos salir si no abren la reja, así que cuando el carcelero venga por nosotros vamos a irnos. Cuando sea el momento te diré mi plan— volvió su vista al frente y cerró los ojos —Esperemos.
Ruo se tocó la cara y luego se dejó caer al suelo —Espero que tu plan funcione— luego, en silencio se puso a esperar. —Mi paciencia se agota— comentó el hombre al ver que el plan de Sabrina no funcionaba.
Sabrina lo miró y luego se acomodó en la paja que cubría el suelo húmedo —Los carceleros vendrán mañana muy temprano. Durmamos un poco y mañana por la mañana escapemos.
—Si— el hombre se acomodó al lado de Sabrina, mirando hacia el techo —Oye, Sabrina— este la llamó y Sabrina se giró para poder verlo —¿Crees que algún día logremos liberar a los nuestros?
—Bueno— Sabrina respondió —Es algo que me cuestionó todas las noches— se acomodó y miró a la misma dirección que Ruo —Cada día lo veo más lejos de cumplirse— susurró —Al principio creí que me sería fácil y volveríamos a nuestro reino para vivir libres, pero conforme el tiempo pasaba ese sueño se alejaba rápidamente— lo miró —Aunque aún creo que podemos cumplir nuestra misión y llevar a los nuestros con nosotros— sonrió animada.
—Tienes mucha determinación— Ruo la miró y rió —Voy a apoyarte siempre ¿Ya lo había dicho?
—Cada que tienes oportunidad, hombre— Sabrina rió también —Gracias por confiar en mi.
—Bueno, para eso están los amigos ¿Qué no?
—Tienes razón— volvió a girarse —Buenas noches, Ruo— dijo antes de cerrar los ojos.
—Descansa, Sabrina— susurró y se acomodó también para poder dormir.
(...)
—¿Donde está mi hermana?— preguntó el pequeño Draco al ver que su hermana mayor no llegaba aún.
Emily lo miró y luego miró a Christ, mismo que daba vueltas en círculos dentro de su choza —Ella vendrá pronto— le dio una sonrisa para que no se preocupara —Se hizo un poco tarde, pero ella esta bien.
—Señor— habló él hombre desde fuera de la choza —Tenemos noticias.
Christ salió apresurado —¿Dónde están ellos?— preguntó —¿Son noticias buenas?
—Los emboscaron y asesinaron a la mayoría— respondió uno de los informantes.
—¿Que?— los miró con nervios —Sabrina está bien ¿Verdad?
—No estaba en el lugar, tampoco Ruo Gou— dijo el otro —Creemos que ellos se los llevaron prisioneros.
—Por el todopoderoso— Christ se tomó la cara —Quiero que investiguen más a detalle en donde se encuentran.
—Si, señor— hablaron ambos y luego se giraron para poder partir de nuevo.
Christ volvió a entrar a su cabaña —¿Mi hermana esta bien?— fue recibido con una pregunta de Draco.
—Si, ella está bien, solo hay un pequeño retraso— se acercó a donde el pequeño se encontraba y lo tomó de la mano —Vamos a dormir, ella volverá un poco tarde, no debes preocuparte ¿Esta bien?
—Si, cuando ella llegue ya estaré bien dormido y me felicitará— dijo el niño con una sonrisa.
—Entonces mientras más pronto duermas, amanecerá más rápido y más rápido verás a tu hermana— hablo Emily.
El niño fue a aventarse a la cama y esperó a que la mujer fuera a arroparlo —Buenas noches, señora Emily— el pequeño dio una sonrisa y cerró los ojos.
—Buenas noches, pequeño— la mujer se acercó al niño y le dio un beso de buenas noches, después apago la vela que aluzaba el lugar y salió de ahí. —¿Qué pasó con ellos?— preguntó a su marido.
—Ellos fueron arrestados por el ejército del pino— respondió Christ —Espero que no los hayan matado ya.
—Si ellos mueren ¿Que pasará con el pequeño? Necesita a su hermana— susurró mirándolo.
—Lo se— se tocó el entrecejo —Pero el reino del pino es muy poderoso, no podremos hacerle frente jamás y ellos no tendrán un buen destino.
—¿Que le diremos entonces?
—No lo se. Que su hermana desapareció o que tuvo una misión muy lejos— la miró —Aún es un niño y con el tiempo la olvidara.
—Bueno, iré a dormir también. Mañana será un nuevo día y hay muchas cosas por hacer— tomó el hombro de su marido, lo miró y le dio una sonrisa.