Sabrina recostó al niño en su cuna y salió apresurada, esperando y rogando al todopoderoso que su padre se encontrara con bien.
Dentro del palacio no se encontraba ningún mágico, así que se encaminó más y salió a toda prisa del enorme castillo.
Lo que sus ojos vieron fue devastador; todos, con los que había crecido, con los que había convivido y pasado momentos amenos, se encontraban sobre un enorme charco, formado por su propia sangre.
La magia de todos ellos se había esfumado y solo quedaba el amargo olor a sangre, mismo que se había penetrado en todo el lugar.
La chica caminó, por el largo charco, manchando su hermoso vestido de seda. Buscando a su padre entre todos los c*******s que ahí se encontraban.
Cuando al fin pudo reconocerlo, corrió hasta llegar a donde se encontraba —Padre— dijo cuando llegó —Padre, resiste— se hincó a su lado.
El hombre estaba malherido, con una gran cantidad de veneno consumiendo su cuerpo —Mi pequeña Sabrina— el hombre estiró su mano con dificultad y tomó la mejilla de su hija —Perdón por no poder cumplir mi promesa— dijo entre susurros.
—Vas a estar bien— la chica se acercó más a él —Solo resiste, yo voy a ayudarte— comenzó a usar su magia recuperativa para ayudarlo a sanar las heridas de su padre.
—Ya es suficiente— el hombre, ahora, tocó las manos que la princesa tenía puestas en el pecho de él. —Ya debes saber que no hay salvación para mi, pero tú si tienes una oportunidad de ser libre.
—Yo voy a salvarte, no voy a dejar que mueras— las lágrimas ya comenzaban a formarse en sus ojos —Solo no nos abandones a mi hermano y a mi.
—Sabrina— el hombre dijo con dificultad —Tu y... tu hermano— comenzó a entrecortarse —deben... ir al... reino huma...no. Mis... hijos son... los elegidos para... que liberen a.. los... nuestros.. de... la... escala...vitud... en la que... se encuentra...n.
—No pienso ir si tú no vas— la chica negó y comenzó a liberar las lágrimas que esperaban ser sacadas.
—Escu...chame— ahora, tomo las dos mejillas de la chica, para tranquilizarla —Tienes que.. ser... fuerte... porque tú... hermano te... necesi...ta. Tienes que... volverte... fuerte... para que puedas... protegerlo a él... y a los... demás— el hombre dio una última sonrisa —Es...pero... que... lo... ha...gas.. bi...en— por fin la agonía del hombre terminó. Su mirada se quedó tenue hacia el cielo y sus manos se desvanecieron, indicando que él ya había muerto.
—¿Padre?— la princesa comenzó a moverlo, tratando de hacerlo volver —No, por favor, no— el llanto se intensificó.
Después se sentó en cuclillas y continuó llorando por la muerte de su padre, quien había dado la vida por la seguridad de aquellos que eran el futuro de la r**a mágica.
La ira se apoderó de ella, el desespero también y algunos sentimientos negativos que aún desconocía. Haciendo que su magia oscura se dejara al d*********o. Algo que su padre le prohibo hacer, nadie debía saber que su magia era oscura y no pura como la de un mágico normal.
Una infinidad de voces llegaron a su cabeza, pidiendo venganza, pidiendo toda clase de cosas que estaban prohibidas para ella. Un aura poderosa se formó alrededor de ella y le impedía razonar y volver a la normalidad.
La princesa solo debía controlarse, debía concentrarse y eliminar todo eso que la perturbaba. Para que pudiera cumplir la misión que su padre le había dado, ella debía mantenerse cuerda y desaparecer todos esos sentimientos que le hacían mal.
Al paso que iba no podría volver en si y se convertiría en lo que su padre le había advertido, la princesa no podía convertirse en ese ser malvado que su padre temía. Entonces ¿Qué podría sacarla del abismo al que se dirigía? ¿Qué era tan importante para ella como para poder hacerla reaccionar? ¿Su padre? Ya había muerto, ¿su madre? No pudo conocerla, ¿Sus súbditos? Jamás convivo con ellos ¿Su pequeño hermano? Si, él la necesitaba y debía controlar esa magia suya para poder protegerlo, pero ¿Cómo iba a hacer eso?
El llanto del bebé llegó a sus oídos y una magia poderosa llegó a sus fosas nasales, su hermano estaba en peligro, así que debía hacer algo para poder ayudarlo.
Cuando estaba por llegar a su punto de declive alguien apareció junto a ella —¿Que es lo qué haces?— pregunto aquella mujer idéntica a ella.
La princesa la miró —¿Quién eres?— cuestionó.
—Sabrina, soy tu antecesora.
—¿A que te refieres?
—Todas nosotras somos herederas del Fenix, y todas recibimos el nombre de Sabrina— la mujer idéntica se acercó a ella —Pero eso ya debes saberlo.
La princesa miro a su alrededor y vio a varias chicas idénticas a ella —¿Cómo?
—Todas nosotras hemos renacido a lo largo de la historia para mantener el orden y La Paz en el reino y los reinos vecinos. Somos el Fenix.
Otra chica llegó y se paró frente a ella después se sentó en cuclillas y la miró directo a los ojos —ahora ve y cumple tu misión, Sabrina— tomó su mejilla y le otorgó La Paz que su interior necesitaba.
Eso la hizo dar un enorme respiro y volvió en si, para cuando lo hizo, el enemigo que atacaba a su hermano ya se encontraba derrotado en el suelo.
La chica corrió a la cuna en la que el bebé se encontraba, envuelto en llanto, y lo cargó en sus brazos. —Ya, ya— comenzó a arrullarlo.
El bebé cesó su llanto y durmió nuevamente. Sabrina sonrió y lo puso de nuevo en la cuna.
De nuevo, una magia llegó a ella, pero esta no era peligrosa, sino más bien era reconfortante.
Sabrina se dejó guiar por ella y llegó hasta las mazmorras, en la que los delincuentes se encontraban. —Princesa— el chico se acercó a donde los barrotes le impedían su libertad —¿Qué sucedió?
—El reino está destruido— Sabrina se acercó a la puerta y los liberó —Ahora ustedes deben llevarme a su reino, porque tengo una misión ahí.
—¿Qué misión?— Preguntó el otro chico.
—Yo debo liberar a mi pueblo de la esclavitud.