—¿Para que es esto?— pregunta Sabrina a las criadas del palacio.
—Su vestimenta, tiene que estar formal para la ceremonia de hoy.
—¿Ceremonia?— Sabrina comienza a examinar la ropa que la criada le había dado —¿Como se usa esto?— ese vestido no era el tipo de ropa que Sabrina solía usar. Siempre estaba vestida con pantalones cortos y camisas de cuello alto, eso le permitía estar cómoda y tener mayor movilidad para poder moverse por los árboles.
—Le ayudaré a ponérselo, no se preocupe por eso— la criada le dio una sonrisa —Pero primero tiene que darse una ducha.
—¿En serio? Pero si aún no me toca— comenzó a contar con los dedos de sus manos — La última vez que me duche fue hace cuatro semanas, en el campamento— se acercó a la criada —Aún faltan cinco días para eso.
—Usted tiene que estar limpia y presentable, hoy le entregarán su insignia por formar parte del ejército real.
—El baño está listo— otra criada entró a la habitación.
—Vamos, señorita— la criada le tomó del brazo y la hizo caminar por el largo pasillo de la enorme casa.
Al entrar al baño vio a muchas muchachas, pertenecientes al ejército. La belleza de una mujer era la perdición de Sabrina y cuando las vio desanidas trató de no enloquecer. Caminó por el camino que la criada le señaló y luego, al llegar, se sacó la ropa y se aventó a la tina.
—Tan refrescante— se acomodó debajo del agua y comenzó a disfrutar del agua caliente. Las criadas ayudaron a bañarla, ese era su trabajo y no podían desobedecer.
Cuando la terminaron de bañar la envolvieron en una toalla y luego la ayudaron a cambiarse. Le peinaron el cabello y la perfumaron.
—Parezco una noble— dijo cuando se miró al espejo —Aunque esta vestimenta es demasiado incomoda.
—La ceremonia está por comenzar— habló la soldado que se encontraba fuera de la habitación.
Sabrina y las dos criadas salieron de la habitación y luego se dirigieron al jardín real. Ahí ya estaba Mael y Emily. Sabrina caminó hacia donde ellos se encontraban y luego se posicionó a su lado.
—Su alteza real, El rey Robert quinto— el soldado lo anunció y todos los presentes dirigieron su vista hacia el balcón, por donde bajó y se posicionó frente a los tres recién graduados.
—Me honra entregarles esta insignia, que es símbolo de su lealtad hacia mi.
—Emily de los Condés, un paso al frente— el soldado ordenó y Emily asintió, el rey tomó la insignia y se la entregó.
—Mael, un paso al frente— volvió a ordenar y Mael siguió la indicación, el rey tomó su insignia y se la entregó.
—Sabrina, un paso al frente— de igual forma, Sabrina se movió y luego el rey le entregó su insignia.
—Mira, Mael— Sabrina se la mostró a su hermano con una sonrisa, Mael sonrió y le mostró la suya.
Todos los presentes aplaudieron a los nuevos soldados y un pequeño banquete se celebró en su honor. Hubo vino y cerveza y al final de la velada Sabrina ya estaba completamente ebria.
Emily la ayudó a volver a la casa y la ayudó a entrar a la habitación —Pon de tu parte, Sabrina— dijo la chica mientras cargaba todo el peso de Sabrina.
—Estoy rendida, no soportaría beber otro trago, pero viniendo de una mujer tan hermosa como tú con gusto lo tomaría— Sabrina caminó lentamente a su cama —Esto es tan agotador.
Volvió a su verdadera forma. Estaba agotada y muy ebria como para comprender que ahora compartiría la habitación con Emily y no con Mael.
—¿Qué?— Emily se sorprendió al verla cambiar. Las velas aún estaban encendidas así que pudo apreciarlo con claridad. —¿Eres un mágico?— le preguntó mientras se acercaba a ella.
—Mi madre lo era, yo no sé lo que soy— respondió la chica entre bostezos.
—Señoritas, es hora de dormir— la cadete encargada de supervisar los horarios de las reclutas abrió la puerta y rápidamente Emily cubrió a Sabrina con la manta para que no pudiera verla en esa forma.
—Si, estaba a punto de hacerlo— Emily habló nerviosa mientras caminaba a la cama que estaba al lado de la de Sabrina, se recostó y luego la mujer apagó las velas. Emily dio un suspiro y luego se cubrió con la manta —Eso estuvo cerca— cerró los ojos y se puso a dormir.
A la mañana siguiente Emily fue la primera en despertar. Se levantó de la cama y se acercó a donde Sabrina se encontraba. La miró detalladamente, su piel era extremadamente blanca, sus orejas puntiagudas, su cabello blanco y algunas pecas se alcanzaban a ver.
—Sabrina— la movió —Despierta.
La chica gruñó —Cinco minutos más, aún no cantan las aves— se cubrió el rostro con su manta.
—Conozco tu secreto— Emily se acercó a su oído y susurró.
Sabrina se quitó la manta del rostro y abrió los ojos rápidamente —¿Mi secreto? ¿Cuál secreto? Yo no tengo ningún secreto— dijo nerviosa.
—Eres un mágico— Emily afirmó.
—No lo soy, no puedes asegurar nada ¿Acaso no has visto que mi cabello es café, mis orejas son redondas y mis ojos para nada son dorados?— comenzó a balbucear.
Emily tomó el pequeño espejo y lo colocó frente a Sabrina para que la chica se diera cuenta que mantenía su verdadera forma. En cuanto Sabrina se dio cuenta que estaba en la forma de un mágico tomó su cuello y luego la acorraló en la pared.
—Espera, espera— Emily se alarmó ante el comportamiento tan repentino de Sabrina.
—Nadie puede saber lo que somos Mael y yo. Eres una testigo así que tengo que silenciarte— apretó su cuello y luego intentó acabarla, pero no pudo hacerlo, aunque tenía que hacerlo.
La chica era una amenaza y toda amenaza tenía que ser eliminada. Todos los que los habían d*********o terminaban con un destino poco favorable y la chica no sería la excepción.
—Es... espera. No... voy a contarle... a nadie— dijo eso entrecortado. Sabrina impedía que la chica pudiera hablar y respirar.
—No puedo— soltó su cuello y retrocedió —No puedo matarte, eres mi primer amiga así que yo no puedo hacerlo.
—Sabrina, escucha— Emily le tomó los hombros —Si yo quisiera delatarte ya lo habría hecho. Puedes confiar en mi— sonrió.
Sabrina se tomó la cabeza —¿Qué hago? Matarla aquí y ahora me hará sospechosa, ¿si la llevo con Mael? No, él la mataría inmediatamente.
—Hem, aún sigo aquí y puedo escucharte— Emily no comprendía nada.
Para comenzar ¿como era posible que un mágico pudiera convertirse en un humano?
—Ya está, solo le cortaré la lengua y así no podrá hablar.
—¿Mi lengua? Pero si te dije que no le diría nada a nadie.
Sabrina se acercó a ella —Promételo.
—Lo juro— sonrió.
—Señoritas, es hora de levantarse— la soldado abrió la puerta y rápidamente Sabrina tomó su forma humana —El baño está listo.
Las dos chicas asintieron y luego la mujer salió de la habitación. Sabrina y Emily fueron a tomar su ducha y luego las criadas les entregaron su armadura.
—El rey en persona les entregará su puesto en el ejército— dijo una de las soldados que caminaban junto a Sabrina y Emily.
En cuanto llegaron a la presencia del rey ambas muchachas hicieron una reverencia ante el hombre que estaba frente a ellas.
—Bien— habló el rey y las muchachas dejaron de reverenciarlo —Como ustedes tres son fuertes he decidido que serán los nuevos guardias reales de mis tres hijos. Mael será el guardia del príncipe heredero, Sabrina será la guardia de la primera princesa y Emily de los Condés será la guardia de la segunda princesa.