Otros guardias guiaron a los tres hasta las alcobas de los príncipes y uno más tocó la puerta de la habitación para informar que el nuevo guardia real estaba esperando.
—Su alteza— una de las criadas llamó a la puerta —la guardia real se encuentra aquí.
La puerta de la habitación se abrió y luego la hermosa mujer de cabellos negros salió con una sonrisa. La criada se reverencio, pero Sabrina se quedó admirando la hermosura de la chica.
—Un gusto— se inclinó por fin —Mi nombre es Sabrina, estoy recién graduada de la academia militar y me han asignado a su cuidado— tomó la mano de la princesa y la besó castamente —estoy dispuesta a dar mi vida a cambio de su seguridad.
La princesa se ruborizó al escuchar tremendas palabras. Se giró y comenzó a caminar, erguida y como le habían enseñado en la academia real. Sabrina solo la vigilo sin despegar la mirada de ella.
Salieron al jardín real, la princesa miraba cada detalle de las plantas que ahí se encontraban. Al llegar a la terraza, la princesa se sentó en la silla que ahí se encontraba y espero a que su hermana menor llagara para tomar el té.
Emily llegó junto a ella. Después Sabrina y Emily tomaron una posición cerca de las princesas para cuidarlas y así nadie les hiciera daño.
Sabrina no dejaba de mirar a la primera princesa, la chica le había robado el corazón desde el primer momento en que la había visto.
Soltó un suspiro —Es tan hermosa— susurró.
Emily volteó a verla —¿Eh? ¿Dijiste algo?
—Si, dije que la primera princesa es demasiado hermosa.
Emily miró la forma en que Sabrina miraba a la princesa. Parecía que sus ojos brillaban cada vez que ambas chicas conectaban la mirada. —Eres rara— susurró Emily.
La reina llegó a la presencia de ambas princesas, acompañada de la madre y abuela de Emily. La servidumbre y soldados hicieron su reverencia y las tres mujeres fueron a tomar asiento junto a las dos princesas.
Las mujeres comenzaron a platicar sobre cosas que no eran del interés de Sabrina.
—Nunca me contaste ¿por qué te enlistaste?— preguntó Sabrina a Emily.
Emily miró a Sabrina y dio un suspiro antes de responder —Quería demostrarle a mis padres que yo era fuerte. Mi madre siempre quiso que yo viviera como una flor delicada, mi padre quería que yo fuera una chica inteligente y que el futuro me convirtiera en tutora real. La verdad yo seguí el ejemplo de mi hermano y me enliste para demostrarle a mis padres que podía cuidar de mi por mi propia cuenta. Cuando les conté sobre mi decisión ambos lo desaprobaron, pero yo quería enlistarme y huí, abandoné la familia y ahora mi madre me odia— la chica sonrió ligeramente.
—Cielos— Sabrina estaba sorprendida —Tomaste una sabia decisión, nadie puede obligarte a hacer algo que no quieres.
—Y tú ¿por qué te enlistaste?
—Es un secreto— Sabrina sonrió.
Emily la miró molesta —No es justo, yo te conté mi por que.
—Algún día te lo dire— Sabrina la miró, pero Emily mantenía su molestia en el rostro. —Está bien, está bien— la chica accedió —Quiero recuperar a mi madre, voy a volverme fuerte y voy a vencer al rey mágico para que me la devuelva.
—¿El rey mágico tiene a tu madre?
—Si, él no tenía el derecho de llevársela así que iré a su palacio, lo retaré y traeré de vuelta a mi madre, cuando eso suceda volveremos a nuestra antigua vida.
—Eso es algo imposible. El rey mágico es invencible o eso es lo que las leyendas dicen.
Sabrina sonrió —Nada es imposible, Emily.
(...)
El día se pasó muy a prisa. Sabrina cuido a la primera princesa tal cual se le había ordenado. Al final del día devolvió a la princesa a su alcoba y ahí los guardias del palacio se encargarían de cuidarla.
Sabrina volvió a la mansión a descansar. La encargada apagó las velas y las dejó dormir. Sabrina volvió a su verdadera forma y se aventó a su cama.
—Esto es tan complicado— susurró —No podía mantener esta forma por más tiempo.
Las dos chicas se dispusieron a dormir, pero la persona que entró por la ventana de la habitación las interrumpió. Emily lanzó un pequeño ataque, pero Mael logró detenerlo.
—Tranquila, soy yo— dijo el chico.
—¿Qué haces aquí, Mael?— preguntó Sabrina entre bostezos.
—No puedo dormir si no estás tú.
—Ow, ven aquí, hermano miedoso— Sabrina extendió sus brazos.
Mael sonrió y caminó rápidamente hasta donde su hermana estaba durmiendo, se recostó a su lado y se acomodó para dormir —Te quiero, hermana.
—Y yo a ti— susurró la chica.
Después de eso los tres durmieron hasta que la mañana llegó, los pájaros comenzaron a cantar así que Mael abrió los ojos. Miró a su hermana y vio que ella estaba en su verdadera forma.
—Hermana, despierta— la sacudió de un lado para otro —Tienes que cambiar o ellos te verán.
Sabrina despertó y lo aventó lejos ya que su hermano no la había dejado dormir más tiempo. —Ella lo sabe— dijo un poco molesta.
—¿Que?— preguntó preocupado.
—Tranquilo, ella prometió guardar el secreto— se puso de pie y cambió a su forma humana —Puedes confiar en ella.
—Cielos, Sabrina— Mael se acercó a ella —¿En serio podemos confiar en ella?
—Si— asintió. —El problema no es ese ahora. Tienes que irte o sino se darán cuenta que dormiste aquí.
—Te veo en un rato— dijo el chico antes de girarse y salir corriendo por la ventana.
Sabrina dio un suspiro y volvió a su cama, aún faltaba algo de tiempo para que la encargada las levantara, entonces aprovechó el tiempo y volvió a dormir.
Al poco rato la encargada abrió la enorme puerta y se acercó a las camas —Es hora de levantarse, el baño está listo— dijo y volvió a salir.
Emily y Sabrina se pusieron de pie, tomaron sus cosas y salieron de la habitación. Se dirigieron hasta el enorme baño en el que las demás soldados estaban tomando su ducha.
Ambas chicas se ducharon, se cambiaron y luego fueron a sus posiciones de trabajo.
Sabrina estaba emocionada, volvería a ver a la bella princesa.