Capítulo 22 Celos (Parte 2)

2554 Palabras
La mañana avanzó entre clases, notas, miradas y susurros que poco a poco se fueron apagando. El impacto del ramo había perdido fuerza; la gente ya se había distraído con exámenes, tareas y chismes nuevos. Lily respiraba un poco mejor. «Solo una clase más y al fin el almuerzo…» pensaba mientras acomodaba su cuaderno. Pero justo cuando el profesor cerraba la puerta detrás de él, esta se abrió de golpe. —Perdón la interrupción —dijo una voz conocida. Luciano. — De nuevo. El salón entero giró en sincronía, como si fueran una sola cabeza. Y ahí estaba él: sosteniendo un nuevo ramo. Esta vez, de gladiolas rosadas. Grandes, elegantes, llamativas. El murmullo regresó como una ola, más fuerte que la primera. —Entrega para Lily Simmons. Lily sintió su estómago caer al piso. «¿Otro? ¿En serio? ¿Cuántos... ¿Cuántos ramos piensa enviar?» Luciano ya conocía el camino. Cruzó el salón con paso firme y dejó el ramo sobre su mesa, justo encima de los girasoles que aún no había decidido qué hacer con ellos. —Este también trae una carta —informó, casi con una disculpa en la voz, como si entendiera la vergüenza. Lily asintió sin decir palabra. Sus manos temblaron un poco al abrir el sobre, aunque hizo todo lo posible por ocultarlo. Charlotte se inclinó hacia ella en automático. Ava volvió a levantarse para ir al lugar de Lily. La letra en la tarjeta era diferente. Lily leyó en silencio mientras una corriente fría le subía por la espalda: “Te pienso en algunos momentos y es verdaderamente irritante, pero al mismo tiempo no quiero dejar que salgas de ahí. Te veo, y pienso que debes cambiar ahora… Es el momento ideal para hacerlo. Puedes empezar a decir No. Puedes empezar a ser fuerte. Puedes empezar a ser ruda. Puedes empezar a gritar e incluso maldecir. Nada de eso cambia quien eres, solo te hará ser más tu yo interno. Victoria, fuerza, honor e inteligencia. — X.” Un silencio espeso se formó alrededor de su mesa. Todos seguían mirando el ramo de gladiolas rosadas y la tarjeta como si hubieran presenciado el inicio de un misterio digno del campus. Charlotte fue la primera en romper el aire. —Es el admirador X —susurró, casi con emoción morbosa, sólo para Lily —. No es el idiota de Peter. Ava se movió de su asiento y fue directo a ellas, vio la nota y el hermoso ramo. —Quién diría… Hoy Lily no solo robó miradas, sino que atrapó el corazón de Peter y el de su misterioso admirador. —hizo una pausa, mirando el ramo con descaro— Aunque debo admitir que tu admirador X tiene un estilo más… poético. Peter, desde su asiento, escuchó ese comentario. Su expresión cambió apenas un milímetro,pero para alguien observador, era evidente: Se le tensó la mandíbula. Sus dedos apretaron el borde del pupitre. Su respiración se volvió un poco más corta. Y sus ojos… Esos no se apartaban de Lily. —Si, sin duda intenta analizarte o algo así… —añadió Charlotte mientras olía las flores —. Pero tengo que decir que estas gladiolas son realmente hermosas. Son elegantes, no cualquiera las manda. Lily no podía hablar, aún estaba congelada con tanta atención. Sus ojos seguían clavados en la firma: X. Una simple letra… y aun así, la sensación se le metía bajo la piel. Y, para su sorpresa, no era desagradable. Sus palabras flotaban en su cabeza como si alguien hubiera puesto un dedo justo en el centro de su pecho y presionando con suavidad. Como si supiera que su mente y su cuerpo rara vez están alineados. Como si supiera que ella siempre duda. Como si supiera que quiere… pero no actúa. «Obviamente podría ser Sergei…» pensó mientras el corazón le golpeaba un poco más fuerte. «Pero no… no creo que sea él. Sergei no parece interesado de esa manera en mí.» A unos metros, Sergei seguía mirándola. No al ramo. No a la tarjeta. A ella. Su mirada tenía esa intensidad primitiva que la había hecho perder el aliento más de una vez. Ese tipo de atención que quemaba sin tocar. Pero él no se movía. No decía nada. Como si, en efecto, no fuera él. Lily tragó saliva, tratando de ordenar ese caos interno, pero Charlotte la pinchó con el codo. —No sonrías, que se nota —murmuró divertida. Lily parpadeó, desconcertada. —¿Sonrío? —preguntó Lily, confundida. Ava la observó de arriba abajo, evaluándola. —Tienes cara de alguien a quien le están coqueteando muy bien. Lily abrió la boca para negarlo, pero las palabras no salieron. Su cerebro seguía atrapado entre la calidez del mensaje y la mirada intensa de Sergei. Mientras tanto, internamente, Peter era una tormenta. Una mezcla de celos y frustración le mordía el pecho de adentro hacia afuera, aunque trató de ocultarlo levantando su celular como si revisara mensajes «¿Quién demonios es? ¿Quién se atreve a enviarle gladiolas rosadas? ¿Y por qué se ve… feliz?» Pero no podía dejar de verla. Lily giró la tarjeta entre sus dedos una vez más. Victoria, fuerza, honor e inteligencia. La frase le daba una sensación de calma… Y en medio del murmullo del salón, su propio pensamiento regresó, claro y nítido: «Esto es interesante» La última clase comenzó y Lily parecía estar feliz, las gladiolas son hermosas, eso la animó aún más que las flores enviadas por Sergei. Lily divagaba a veces entre las clases y las flores, era algo nuevo que experimentaba por primera vez. A las 12:05 PM de la tarde Las clases habían finalizado y Ava y Charlotte no sabían qué hacer con dos ramos de flores y la atención que seguían generando. Tenían que ir a la cafetería… y caminar con esas flores era un tormento tan incómodo como divertido. —Parecemos escoltas de San Valentín —murmuró Ava, ajustándose las gladiolas, que casi le golpeaban la cara. Charlotte resopló. —No estoy cómoda con los girasoles, pero ellos no tienen la culpa. Mientras tanto, Peter se había acercado a Daniel, inquieto, con el ceño fruncido. —¿Qué te parece? —preguntó Peter, mirando de reojo a Lily, que guardaba la tarjeta de las otras flores en su mochila. Daniel, soltó un suspiró y cruzó los brazos. —Bueno… —comenzó—. Parece feliz de recibir atención. Se ve… distinta. —Eso ya lo vi —gruñó Peter—. Pero siento que esto será un problema. Uno grande. Daniel ladeó la cabeza. —¿Por qué no eres el único que la está viendo ahora? Peter apretó la mandíbula. —Sabes que quiero arreglar todo lo que hice mal con ella. Pero creo que Charlotte está en mi contra. Daniel soltó una carcajada. —Hermano, Charlotte está en contra de todos. Es su personalidad. Es rencor con piernas. Peter bufó, pero sabía que era verdad. Cuando ya habían decidido que Charlotte cargaría los girasoles y Ava las gladiolas —cada una refunfuñando—, Luciano volvió a aparecer en la puerta del salón. Otra vez con esa sonrisa. Otra vez directo hacia Lily. Lily lo miró con sorpresa, esto ya era demasiado. —Lily —dijo Luciano, levantando una cajita con un lazo rojo—, voy a tener que mejorar la logística de entregas. Ya son tres veces. Me estás rompiendo el récord. El salón entero estalló en murmullos. Algunos ya estaban sacando el celular para grabar. Esta vez no traía flores. Solo la caja. Lily sintió el corazón acelerarse otra vez. Tomó la caja con cautela, desató el lazo —sus manos ligeramente temblorosas— y levantó la tapa. Primero vio el color blanco. Luego la forma redonda. Y cuando lo sacó… Ava soltó un grito agudo. Charlotte abrió la boca como si fuera a decir algo, pero nada salió. Era un peluche de bichón maltés, perfectamente suave, con orejas caídas y una expresión tierna que casi imitaba la del cachorro real que había visto esa mañana. —Ay, Dios mío… —susurró Ava—. Es hermoso. —Ok, esto sí es level-up del romanticismo —añadió Charlotte—. Quién sea, lo está haciendo bien. Dentro de la caja, había una nota doblada. Lily sostuvo el peluche con una mano, dejó la caja en un escritorio y abrió la nota. La letra era clara. Simple. “Si aún no te has decidido por uno real, puedes pensar en él con este.” Alek. Lily parpadeó. Ava y Charlotte intercambiaron una mirada explosiva. —¿Alek? —susurró Ava, como si su voz despertará a los muertos. —Alek te envió un peluche —repitió Charlotte, atónita—. Ok, esto oficialmente se volvió una novela. Las tres se rieron. Peter se puso rígido como una barra de hierro. Y Sergei, que había estado observando sin expresarse, hasta que escuchó el nombre de Alek, se llevó la mano a la boca para impedir que vieran una sonrisa. Lily, en cambio, sintió que algo en su pecho se encendía con una mezcla muy peligrosa de ternura… y nerviosismo. Muchos estudiantes empezaron a salir y uno de ellos era Sergei, salió del salón y lo primero que hizo fue llamar a Alek. El tono sonó dos veces. —¿Qué quieres? —respondió Alek al otro lado, con el eco de bandejas chocando—. Estoy en el almuerzo, ¿qué pasó ahora? Sergei no perdió tiempo. —¿Le enviaste un peluche a Lily? —preguntó con esa frialdad que sólo mostraba cuando estaba muy, muy molesto. Alek hizo una pausa y luego dejó escapar una risa suave… demasiado suave. —Ah… entonces ya lo recibió. Sergei apretó los dientes. —Alek. —dijo con tono seco. —Se lo quise regalar como su amigo —explicó sin remordimiento—. Matthew me dijo dónde vendían los peluches. Una voz más lejos, chillona y atrevida, entró en la llamada: —¡Sergei, amargado! Te van a robar a la chica. Si no es Alek, lo haré yo —gritó Matthew, feliz de joder. Sergei cerró los ojos un segundo. «Ese imbécil.» —Dile a Matthew —dijo con voz baja, peligrosa— que le voy a patear las bolas cuando lo vea. Del otro lado se escucharon risas. Alek trató de mantener la seriedad, pero era casi imposible con Matthew cerca. La voz de Matthew volvió a colarse, aún más imprudente: —Oye, si es bonita mándame una foto de su rostro. O, mejor, una de su culo. Alek soltó un suspiro indignado. —¡Matthew, respeta a Lily! A ella no la tratas así —le soltó, empujándolo. —¡Dile que la amo! ¡Dile que le voy a lamer el…! —Alek le tapó la boca antes de que soltara el desastre completo. Sergei sintió un latido violento en el pecho. Ira. Ira pura. Por las insinuaciones imprudentes de un mocoso como Matthew. —Alek —dijo, controlándose apenas— Matthew está muy pasado. Dale un buen golpe después por mí. —Lo haré —respondió Alek, como quien promete sacar la basura—. ¿Algo más? Sergei inhaló hondo. —Envíame el número de Lily. Alek tardó dos segundos en responder. —…Está bien. Te lo envío, pero dile a Lily que le ponga nombre al peluche. Se lo preguntaré después. —Bien. —Adiós, gruñón. —Adiós. La llamada se cortó. En la cafetería… En la cafetería, la mesa de Lily era un caos adorable: un par de ramo de flores y un peluche. Ava y Charlotte trataban de organizarlo, mientras Lily quería hacerse pequeña. Y entonces Peter apareció. Se sentó directamente al lado de Lily. Sin pedir permiso. Sin preguntar. —Voy a quedarme aquí un rato —anunció con tono neutro. Charlotte lo miró como quien mira a un ladrón entrando a su casa. Peter mantuvo la vista en Lily. —No quiero que alguien más piense que puede acercarse como si nada —dijo en voz baja, sería. Lily sintió un sobresalto. Ava abrió la boca, incrédula. —Haz fila Peter, el admirador X también está dispuesto a acercarse a Lily—murmuró, tomando un sorbo de jugo. Charlotte se recostó en la silla con una sonrisa por el comentario de Ava. —Esperemos que no sea el único. Muérete de celos Peter —dijo alardeando Charlotte. Peter observó a Lily beber de su jugo, sus labios, su cuello y el tirante de su vestido. Cuando Lily dejó su vaso en la mesa, Peter lo tomó. —Déjame probar este sabor —puso sus labios sobre el popote y bebió un sorbo. —Es muy buena fresa. La única intención de hacer eso era probar indirectamente los labios de Lily a través del popote, ella lo observó, pero por alguna razón con todos ahí no sintió miedo. —No lo hagas es mío. —Peter sólo sonrió. —Todo lo que sea tuyo, también quiero que sea mío, incluso tu cariño, que espero sientas por mi. —Tomó la mano de Lily y la acercó al vaso. —Pero si eso te molesta no lo volveré a hacer, lo siento. El almuerzo terminó sin incomodidades, en algunos momentos comentaban sobre clases, ensayos y trabajos. Por un momento Peter parecía una persona normal comentando con ello, y no el monstruo obsesivo que Lily y Charlotte conocían. Los estudiantes empezaron a acercarse. Primero dos chicas y luego otras más. Querían ver los Ramos de flores y el peluche que le habían regalado a Lily. Y en menos de cinco minutos… Un grupo completo rodeaba la mesa. —Que hermosos girasoles —¿Cuál te gusta más? —¿Esto fue todo hoy? —Me encanta tu vestido, es hermoso. —¿Quién te envió las otras flores? Lily sentía que el corazón se le iba a escapar del pecho con tantas atenciones, no sabía incluso a quién responder primero. —Ya, déjenla respirar —intervino Charlotte, levantándose como guardia de seguridad—. Si hacen tantas preguntas no podrán responder. Pero la gente seguía mirando. Y alguien —entre el barullo, los cuerpos y el ruido— hizo algo que ni Lily ni sus amigas pudieron procesar a tiempo: El peluche desapareció. —¿Dónde está? —preguntó Lily, revisando la mesa. Ava lo buscó entre los ramos. Charlotte miró debajo de las sillas. Nada. La multitud siguió moviéndose, alguien llamó a otro compañero, y en ese caos… —¿Quién lo agarró? —preguntó Charlotte, levantando la voz. Un par de estudiantes se encogieron de hombros. —Estaba aquí hace un segundo —dijo Ava—. ¡Lily, alguien lo tomó! Peter se levantó de inmediato. Su reacción fue silenciosa. Letal. —Muy bien —dijo con la voz controlada—. ¿Quién fue? Sus ojos recorrieron la multitud, buscando el más mínimo gesto sospechoso. Pero nadie respondió, todos miraban a un lado y a otro. —Fue un regalo que le hicieron a Lily, no puede desaparecer así —dijo Peter. Fue extraño para ella ver la reacción de Peter intentando recuperar algo de ella. La cafetería bajó de volumen. El primer regalo que había recibido de un amigo… Y alguien lo robó.
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