Capítulo 22 Celos (Parte 1)

2032 Palabras
El despertador vibró con insistencia. Lily lo apagó de inmediato, enterrando el rostro en la almohada con un quejido mínimo, pero el celular empezó a parpadear. Un mensaje en el grupo con Charlotte y Ava. Grupo: Brujas 🧙‍♀️ Charlotte: hoy usaras el vestido amarillo y los tenis blancos. más te vale ponértelo. Ava: Daniel y yo pasaremos por ti. Si no sales con ese vestido, te arrastraré de vuelta a tu habitación. Lily: Ok. Se quedó quieta, brazos abiertos, mirando el techo donde aún estaban las pegatinas fluorescentes en forma de estrella. Respiró hondo. «Por fin lunes… y ya me están ordenando la vida.» Se levantó arrastrando los pies hasta el clóset. Ahí estaba colgando uno de los vestidos que Charlotte había elegido como si fuera asesora profesional: Un mini vestido amarillo suave, ligero, flores blancas pequeñas, tirantes finos… demasiado dulce para tan temprano. Demasiado corto para sobrevivir en paz en la universidad. Suspiró. Tras darse una ducha rápida, permaneció frente a la cama con la toalla aún apretada al cuerpo, mirando el vestido como si se tratara de una decisión trascendental. —Es solo ropa… —murmuró ella. Pero igual dudó. Finalmente se vistió. El tejido suave se deslizó por su piel como si estuviera diseñando para resaltar lo que ella siempre intentaba ocultar. Se hizo una cola de caballo limpia, tomó su mochila y bajó las escaleras. James estaba en la cocina, taza en mano, camisa remangada. Parecía que trabajaría desde casa. —Papá me voy, desayuno en el camino. La vio y se quedó como estatua, como si alguien hubiera presionado “pausa”. Los ojos recorrieron el vestido, los tirantes finos, sus hombros descubiertos, el tono amarillo que iluminaba más de lo que él toleraba y sólo le llegaba hasta la mitad de los muslos. «Otro vestido.» Su mandíbula se tensó apenas. —¿Ese es… nuevo? —preguntó él, intentando sonar casual y fracasando miserablemente. —Sí. Charlotte y Ava me hicieron comprar dos más —respondió Lily ajustándose la mochila—. Todo es idea de ellas. James parpadeó dos veces, tragando saliva con dificultad. «Dos vestidos» —Ese vestido… es… bastante… —¿Bonito? —lo interrumpió Lily. —Corto —corrigió él, con el ceño fruncido. —Bueno, si creo que tienes razón… pero tengo un pequeño short debajo. —Aún así no parece —murmuró él, aún perturbado. Antes de que pudiera decir otra cosa, el claxon del auto de Daniel sonó afuera Ava gritó desde la ventana del pasajero: —¡LILYYY! ¡No te escondas, te vi pasar! Lily rió por lo bajo. —Me voy. — Lily dio media vuelta y se dirigía a la puerta —Lily —la llamó él justo cuando ella abría la puerta—. Ella lo miró. —Llévate la chaqueta de Jean que está en el perchero, te puede dar frío. —Si, buena idea —respondió ella con una sonrisa suave. Y salió… sin saber que ese vestido amarillo iba a convertirse en el centro de todas las miradas. Lily apenas abrió la puerta de su casa cuando escuchó a Ava gritar desde el asiento delantero: —¡DIOS MÍO! ¡ESTAS DIVINA! Ava salió del auto como si hubiera visto a una celebridad, la tomó de las manos. —Es perfecto. Esa piel, ese color, esas piernas… benditas tus piernas. —dijo Ava, evaluando cada detalle del vestido. Daniel se había quedado congelado, con las manos aún en el volante, mirando a Lily como si acabara de ver algo que causaría muchos problemas. Cuando subieron al auto, Charlotte lo miró. —¿No se ve hermosa? —Sí y no. Se ve linda… pero me costará alejar a los idiotas. Ava le dio un golpe en el hombro. Daniel suspiró. —Lily, vas a causar accidentes. Te lo digo en serio. Ella rió, acomodándose el tirante del vestido. Enrojeciendo su rostro por las palabras de Daniel. Compraron sándwiches y jugo en el camino. Lily comió nerviosa, sintiendo el vestido deslizarse contra sus muslos cada vez que el carro tomaba una curva. Ava hablaba sin parar. Daniel la miraba cada dos segundos por el retrovisor. Cuando Lily bajó del auto, en el parqueadero de la Universidad un aire frío le erizó la piel… y el vestido se movió suavemente contra sus muslos, una sensación que la puso aún más nerviosa, con sus manos cubriendo el vestido. Caminó por el pasillo exterior, y sintió de inmediato las miradas al caminar. Primero furtivas. Luego descaradas. Un grupo de chicos que estaban reunidos frente al edificio de Ciencias literalmente dejó de hablar cuando ella pasó. —¿Es Lily? —No jodas, ¿desde cuándo se viste así? —Que buenas piernas. Ella fingió no escuchar. Daniel caminó a su lado como un guardia personal. Ava sonreía orgullosa como si hubiera creado un monstruo. Charlotte salió del edificio B sosteniendo un café helado. La vio a lo lejos y corrió hacia ella. —¡AHH! —gritó mientras corría hacia ella, cuando estuvo cerca —Estas hermosa. Abrazó a Lily con tanta fuerza que casi la tiró. —Te ves increíble, te lo dije, este vestido era para ti —dijo mientras le acomodaba los tirantes como si fuese diseñadora—. Daniel, ¿no te da rabia? Siento que te quieres pelear con el mundo. Daniel no respondió. Solo lanzó una mirada asesina a un grupo de chicos que se voltearon a verla. Cuando Lily entró al salón, la conversación de todos se cortó por un segundo. Boom. Silencio. Un silencio que se sintió como si alguien hubiera apagado el sonido del mundo. Algunos la miraron de arriba abajo. Otros solo se quedaron viendo con curiosidad. Y un par más… con un interés demasiado evidente. Pero los que quedaron realmente inmóviles fueron Peter y Sergei. Peter estaba reclinado en su silla, hablando con uno de los chicos del equipo. La frase que estaba diciendo murió en mitad de su boca. Sus ojos se agrandaron, siguiéndola como si la luz del salón hubiera cambiado de dirección y cayera solo sobre ella. La recorrió, sin disimulo, de los tirantes del vestido hasta la curva suave donde terminaban sus muslos. «Perfección… No pensé que la vería así nunca. Tan radiante. Tan… mía.» La mirada de Peter se oscureció. Una sonrisa lenta y peligrosa le apareció en los labios. Lily la vio de reojo y apartó la vista enseguida, incómoda, con un escalofrío recorriéndole la espalda. Y entonces lo vio a él. Sergei. Estaba sentado sobre el borde de su escritorio, rodeado de Marco y otro compañero, que parecían comentar algo. Pero él no los escuchaba. La estaba observando. No con descaro, no con curiosidad, sino con una intensidad que la atravesó. Sus ojos la siguieron como si estuviera estudiando cada paso que daba, cada movimiento del vestido, cada respiración. Y Lily… sintió cómo un calor terrible y vergonzoso le subía por el pecho hasta su rostro, mezclados con el recuerdo que llevaba queriendo olvidar de esa noche y aquel momento íntimo de la ducha. Su rostro ardió aún más. Charlotte la empujó suavemente con el hombro cuando notó que se había detenido a medio camino sin darse cuenta. —Respira —susurró, con una sonrisa que intentaba contener. Lily siguió el camino hacia su asiento como si sus piernas fueran de gelatina. Se sentó de golpe, porque por un instante pensó que no podría seguir de pie sin que el temblor la delatara. —Serás la sensación del día, nadie olvidara que hoy Lily estaba más radiante que nunca. —dijo Charlotte con una sonrisa. No pasaron ni diez segundos antes de que la puerta se abriera. Luciano, uno de los repartidores de la universidad, entró con sus pasos pesados y expresión amable. Un tipo de treinta y tantos, moreno, de ojos claros y ascendencia brasileña que cautivaba a más de una estudiante. En la mano llevaba un pequeño ramo de girasoles. Frescos. Brillantes. Perfectos. La clase volvió a guardar silencio, con su llegada. —Entrega para Lily Simmons —anunció en voz alta, mirando alrededor. El corazón de Lily cayó directo al estómago. Charlotte contuvo un chillido y Ava giró la cabeza en su dirección con los ojos como platos. Sergei cerró lentamente su mano en un puño. Peter, en cambio, sonrió. Como si acabara de ganar una jugada estratégica. Luciano avanzó buscándola con la mirada, Lily deseó que el piso se abriera y se la tragara. —¿Lily Simmons? —repitió. Charlotte levantó un dedo como si estuviera participando en una subasta. —Aquí —dijo señalando a Lily sin un ápice de piedad. Luciano sonrió llegó hasta su asiento, le extendió el ramo. Los girasoles parecían casi demasiado brillantes entre sus manos. Lily no lo tomó de inmediato. Tenía las palmas húmedas, el corazón golpeándole contra el esternón. Sintió a todos en el salón observándola, esperando su reacción. Finalmente extendió los dedos y lo recibió. «Que hermosas, se ven tan frescas y radiantes como el sol» —Dejaron también una nota —añadió Luciano, entregando un pequeño sobre blanco. Lily tragó saliva. Charlotte ya estaba apoyando el mentón en sus manos, fascinada. Ava se levantó de su asiento y se dirigió hasta ella, pero Daniel se quedó en su asiento con los brazos cruzados. Los ojos de Peter ardían de satisfacción mientras observaba como el ramo era entregado en manos de Lily. «Todo irá por buen camino a partir de ahora…» Sergei, no dijo nada, su expresión era seria, mientras observaba la escena. Simplemente la miró. La reacción que Lily tenía al admirar las flores. La mandíbula se le tensó y sus dedos cerrados con fuerza sobre el borde del escritorio, como si evitaran hacer otra cosa. Charlotte, sin esperar permiso, estiró el cuello para ver el sobre. —¡Ábrelo! —susurró emocionada. —No… ahora no —murmuró Lily. —Vamos Lily abrela, me matas de curiosidad— dijo Ava. —Todo el salón está a punto de explotar si no lo abres. Y no mentía. Había un aire denso, invisible, que estaba llenando el salón como un gas inflamable. Lily podía sentirlo: dos miradas diferentes, pero igual de intensas, pesaban sobre ella. Quería que por la puerta entrará el profesor Thomas para que todo este ambiente terminará de una vez, pero el profesor aún no entraba. Sólo se veía a Luciano salir. Y entonces Peter habló. —Son un buen gesto para empezar a ofrecer una disculpa. —dijo Peter girando en su asiento —Supongo que debemos empezar por algo… ¿no crees? Lily no sabía qué responder. Las palabras se le habían quedado atrapadas en la garganta. Peter interpretó su silencio como una victoria. —No tienes que decir nada ahora —agregó suavemente—. Solo quería que supieras que estoy intentando… reparar lo que arruiné. Sus ojos se suavizaron… pero había algo terrible detrás de esa suavidad. —Ni un estadio completo de flores, harán que Lily apruebe tu perdón. —dijo Charlotte. —Seguiré intentando, no perderé la oportunidad de que me perdones. De repente, la puerta se abrió y el profesor entró, como un salvavidas para calmar todo esto. —Buenos días —anunció, dejando su maletín sobre su escritorio. Todos se movieron como si nada hubiera pasado. Pero la tensión no se disipó. Lily dejó las flores aún lado y abrió la Carta bajo el escritorio. “Voy a empezar de nuevo, de la mejor forma posible. Será tu decisión si esto puede continuar. Recuerda un No como disculpa es algo que no estoy dispuesto a aceptar. ” Con amor, Peter. Una corriente fría le recorrió la espalda, no era disculpa formal ese “tu” y “No” esas dos palabras que eran claramente una amenaza. Lily le mostró la Carta a Charlotte, la leyo y dijo. —Esto es demasiado. Es… poético y escalofriante al mismo tiempo. Eran las únicas que conocían muy bien las intenciones de Peter detrás de esas Palabras. Dejó las flores aún alado y la clase comenzó abrió su morral y sacó la chaqueta que colocó en sus piernas y luego su laptop.
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