“Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.” Plutarco. Nigel Fletcher Como es costumbre, fui el primero en despertar. El cielo apenas comenzaba a clarear, derramando una luz tibia que se filtraba a través de las cortinas de lino blanco. A mi lado, envuelta en las sábanas revueltas por el derroche de pasión desmedida de anoche, dormía Eva. La observé en silencio. No hay nada más perfecto que verla así: con la boca apenas entreabierta, el cabello despeinado extendido sobre la almohada, su respiración acompasada como una melodía que sólo yo conozco. Eva es mi refugio, mi lugar seguro, y tenerla ahora como mi esposa, aunque el mundo entero aún no lo sepa es, sin exagerar, el regalo más absurdo y glorioso que me ha dado la vida. Suspiré, sintiéndome el hombre

