Cap. 21

1244 Palabras
—¿Seguros que no está muerto?—, dijo ella mirando a Scott. Stiles la miró acusador. En medio del proceso el moreno se había desmayado a causa del dolor. Derek había terminado con el tatuaje hacía unos cuantos minutos, Stiles miraba a su amigo preocupado y ella sentía la necesidad de no alejarse del Alfa. Llevaba ya varios minutos abrazada al torso de Derek, cada cierto tiempo escondía su cabeza en el cuello del mayor a pesar de la diferencia de altura. Disfrutaba de su olor, inhalada cerca del cuello de Derek para maravillarse con el olor que desprendía. Era particular, fuerte, una mezcla entre lluvia y café. Y no entendía el por qué, pero le encantaba. Más a su omega que a ella misma. Scott despertó asustado, miró su brazo verificando que esta vez el tatuaje no hubiera sanado. Una vez de pie, se puso su camisa y empezó a caminar a la salida con Stiles, hablando con él. Su hermano insistió en llevarla a casa sin embargo se negó varias veces con la excusa de que debía hacer algo primero. —¿Qué sucede? —Nada—, dijo simple, cruzándose de brazos a la vez que con una mano subía sus gafas por su tabique. Paseando su vista por el cuerpo de Isaac, inconsciente en un pequeño sofá, cerca de ellos. —Mientes. Siempre haces eso cuando mientes. Además, hueles a miedo. —Volveré a tomar las malditas pastillas entonces. —Dime, Vale... Y por su mente sólo pudo pasar un pensamiento: ¿Cuándo se había vuelto tan débil? Jamás fue del tipo sentimental, mucho menos dependiente. Se sorprendió a sí misma al recordar cómo hacía menos de dos minutos no podía separarse de Derek. —Siento que algo anda mal. Pero no sé qué es y no quiero que alguien salga lastimado... —Estaremos bien—, la voz del alfa salió tranquilizadora, suave. Y seguidamente un gruñido desde su garganta hizo temblar a la omega que miraba con ojos brillantes a Derek. Él se inclinó un poco para acortar la distancia entre ellos. Ella miraba hacia arriba a causa de la diferencia de estatura. Derek dejó un suave beso en su frente, pasando sus brazos por los hombros de la teñida, y ella por el torso de su alfa. —Pintaste la puerta. Derek reaccionó al instante, su cara pasó a ser una mueca asustadiza. Incluso ella sintió el temor que emanaba de él. —Vete a casa, Scott. —¿Por qué solo de un lado? Scott sacó sus garras y empezó a rasgar la puerta. Stiles observaba sin decir nada. —¡Scott!—, repitió Derek. Está vez caminando hacia él. Dejando en su omega una sensación de vacío. Ante los ojos de los tres se reveló bajo la pintura una figura de color n***o. Los chicos miraron a Derek en busca de una respuesta y así empezó a explicar. —Las aves en la escuela, el venado de anoche como la noche que me pisotearon los venados, cuando me mordió el alfa. ¿Cuántos son, Derek? El ojiverde soltó un suspiro, dudando en decirle a Scott. —Una manda—, Valeska llegó a su lado, abrazándose al brazo de Derek de inmediato. Él no se negó, por supuesto. Tragó saliva temeroso—. Una manada de alfas. —¿Cómo funciona eso? —Supe que hay una especie de líder. Se llama Deucalion. El silencio reinó en la casa. —Sabemos que tienen a Boyd y a Erica—, dos pares de ojos cayeron sobre ella de inmediato, porque Derek había hablado el plural, lo que significaba que ella sabía -y que no les había dicho—. Peter, Isaac, Valeska y yo llevamos buscándolos cuatro meses. —Y si los encuentran, ¿Cómo planean enfrentarlos? —Con toda la ayuda posible. Stiles no pudo evitar la mueca de terror en su cara. —¿Y la chica?—, Isaac despertó sobresaltado. —¿Qué chica? ( . . . ) —No. Stiles. No puedo ir a la fiesta. Debo ir al estúpido aeropuerto a recoger a mi madre porque pensó en todo menos en transporte—, dijo al teléfono, tiró el aparato, encendiendo su auto y poniéndose en marcha hacia el lugar mencionado. El viaje fue callado pues iba sola no quiso escuchar música ni la radio y tampoco bajó las ventanas, su teléfono estaba en silencio y el aire acondicionado encendido. Iba solamente pensando. Realmente estoy haciendo esto. Repetía en su cabeza hasta que empezó a parecer una pregunta. Al llegar a las puertas del aeropuerto vio por una ventana los montones de personas que salían de este algunos con maletas y otros en un mar de lágrimas tras despedir algún familiar seguramente. Y entonces por una puerta salió su madre. Con una gran maleta. La mujer reconoció el auto de su hija, corrió a este. Subió su maleta al auto en los asientos de atrás, subiendo ella en el siento del copiloto. Valeska en ningún momento bajó del auto, ni siquiera se movió de su asiento. —¿Cómo has estado? ¿Qué tal Beacon Hills? —Bien. —¿Cómo van las cosas con tu padre? ¿Y tu hermano? —No me quejo. —¿Tienes amigos? ¿Algún novio? —Sí. —¿Sabes, podrías hablar más, no soy un examen de selección múltiple? —Y... ¿yo soy un juguete que puedes manipular? ¿O una hoja, a la que le borras lo que quieres? Sus recuerdos, por ejemplo. Arrancó el auto hacia el hotel. —Entonces... tienes novio. Cambió el tema descaradamente. La rabia aumentó en su sistema. —Sí. Qué demonios puedo perder. Y recordó el cumpleaños de Lydia, el solo recuerdo le producía un malestar que no comprendía. Bien sabía que había sido una alucinación porque el ponche había sido envenenado, pero... había una "verdad" camuflada tras lo que había visto.  —¿Va a tu escuela? —No. —Entonces es mayor... —Ajá... Tomó el camino hacia el hotel y una vez la mujer notó esto se apresuró a decir: —El check-in es más tarde. Pensé que tal vez podríamos pasar un rato juntas, no lo sé... ¿Qué karma estoy pagando? —Toma—, le tendió su celular, la mujer lo tomó entre sus manos, la pantalla se iluminó con una foto que la teñida le había tomado a Derek desprevenido. —¿Es él? Wow... —Busca nuestra conversación. No mires nada más. La mujer obedeció, encontrándose con el último mensaje que ella le había enviado a su hija. —Léelo. —"Hija, necesito que me recojas en el aeropuerto. Olvidé por completo hablar con la agencia para pedir un auto. ¿Podrías recogerme y llevarme al hotel? Lo lamento. Por favor, ven". —Voila... —Hija...- —Te diré lo mismo que a mi padre cuando llegué a su casa después de que mi muy preciada madre me sacara a patadas de su casa. "Hablaremos, eventualmente". Así que por ahora, te aconsejo que no molestes a los lobos. La mujer se mantuvo en silencio en gran parte del viaje, hasta que finalmente decidió hablar: —¿Él sabe lo que eres? ¿sabe que eres un monstruo? Una enorme sonrisa arrogante creció en su rostro y por primera vez la miró. —Él es un alfa. -V
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