Cap. 14

1160 Palabras
—Gracias. Y feliz cumpleaños. Jugó con el vaso que Lydia le había dado. Y de detrás de su espalda sacó una gran botella de vodka. Se la dio a la pelirroja que no tardó en ir y mezclar el alcohol con el ponche. Dejó la botella a un poco más de la mitad, en la mesa. La chica se fue a disfrutar la fiesta y repartir más vasos de ponche a los invitados. La teñida tomó la botella, de un sorbo pasó el ponche, dejando el vaso sobre un estante. Salió al patio, viendo mucha gente y una gran piscina. Empezó a tomar de la boca de la botella. Caminó por el patio, viendo al otro lado de este a Scott y Stiles. —Hola. Stiles, hermanito. Scott—, habló efusiva pasando un gran trago de alcohol. —Valeska. —Necesito una explicación. ¿Qué pasó con Derek? ¿Por qué hablaba en plural cuando se refirió a sanar? ¿Y por qué la madre de Allison dijo lo que dijo? —Creo que me perdí de algo. Dime dónde has estado. Papá estuvo preguntando por ti, le dije que estabas con Allison. —Primero, él y yo somos solo amigos. O bueno, lo estamos intentando. Sobre lo otro, Derek y Deaton, hablé con ellos el otro día y al parecer soy un lobo—, dijo burlona, relamió sus labios y tomó otro sorbo de la botella—. Y hoy estuve todo el día con Derek, Isaac, Boyd y Erica. —¡¿Qué?!—, casi gritaron al unísono. —¿Cómo es que no has perdido el control? —Aguarda. ¿Derek te mordió? ¿Eres de su manada?—, Stiles dijo sin creerlo. —¿Qué? No. Es más complejo. Luego les contaré bien. Creo que ya se me subió—, miró la botella en su mano, a esta solo le quedaba un poco de vodka. Parpadeo intentando aclarar su vista o incluso mantener el equilibrio, pues sintió repentinamente malestar. Pensó que quizá sí le había golpeado el alcohol. Scott se veía igual de mal que ella. —¿Están bien? —Sí. No es la luna, es algo diferente—, explicó Scott. —Prefiero pensar que es el alcohol. Así que iré por mas—, rió caminando hacia la casa nuevamente. Se tambaleaba por los pasillos de la casa, murmurando entre dientes una y otra vez "alcohol, ¿Dónde está el alcohol?". La música se escuchaba distorsionada. No me pudo golpear así. No he tomado casi. Pensó con el poco lado racional y humano que le quedaba. —Vale... Giró la cabeza al origen de la voz. Hallándose a su madre. Su madre. ¿Qué demonios hacía Lilian ahí? —¿Qué haces aquí? —Eso me pregunto. No deberías andar suelta en luna llena. Eres un peligro. Eres letal. —Malas noticias ¿no? Relájate. No morirá nadie. —Contigo suelta en luna llena, no puedo estar segura. Debes estar encerrada, como la bestia que eres. —No debiste venir, Lilian. —Oh... ya lo veo. Intentas proteger a alguien. ¿Quién será? La mujer caminó alrededor de ella amenazante. Como un león acechando a su presa. —¿Scott? ¿Será Allison? ¿Lydia tal vez? ¿El chico amable de rulos? —Se llama Isaac. Y no, ninguno. —Ah. Ya sé. Eres tan predecible...—, la mujer rió retadora. Poniendo de los nervios a la teñida—. Es Derek. —No. —Increíble. Asombroso cómo siempre caes ante el primer idiota con ojos lindos. Esos son los peores—, sus palabras salieron llenas de veneno—. Y al final, sufrirás por él, justo como el anterior. —No hables así de Calvin. Mucho menos de Derek. Es mi amigo solamente. —Eso crees tu. Pero hablas de él como un dios. Hablas de él y lo primero que hay en tu cabeza es...- —Cállate. —Es el miedo a que me prefiera sobre ti. Ese es el problema de los hombres, prefieren la experiencia, sobre cualquier cosa. Mírate, una niña, dieciocho años y una montaña de problemas, no hay nada que le puedas ofrecer. —¿Y tu sí, madre? —Tal vez. Al menos no tendrá que cuidarme en luna llena cuando la bestia salga. Malas noticias, mi dulce hija, él no busca nada en ti. Eres solo una dulce y pasajera distracción. —Tu estás en San Francisco—, intentó convencerse, tomando un trago de una botella que había encontrado. —Y tu en Beacon Hills. Pero eso no me quita el poder de lastimarte. —A tu salud, Lilian—, alzó la botella y tomó casi todo su contenido. Sintió el líquido quemar su garganta—. Por todo. Risas, dinero, autos. Dolor. ¿Sabes qué? Duele, siempre lo hace, pero sé ocultarlo. Duele, con un demonio, como el vodka arde bajando por tu garganta cuando tomas mucho de una sola vez. Así duele. La cosa es... Dio un paso al frente, moviendo la botella frente a ella, casi pegada a su pecho en algo similar a un abrazo. —Que me gusta el vodka. Y me encanta cómo quema—, sonrió socarrona. —¡Valeska! ¡Ven aquí! Caminó en dirección contraria, aún tambaleándose. —¡La policía está aquí! ¡Vámonos, hermanita! Miró a su hombro donde la mano de Stiles yacía. Entonces todo el sonido volvió a la normalidad, como si hubieran quitado tapones de sus oídos. Los gritos, las sirenas de la policía. Empezó a correr, sin coordinación absoluta de su cuerpo. Sintió entonces el frío del agua empapando su cara. Quitó sus gafas, limpiando los cristales con su camisa. Le dedicó a Stiles la peor mirada que pudo imprimir en el momento. Notó finalmente que no estaba ni siquiera mareada. Dos botellas y estoy intacta. Esto es lo máximo. Pensó. Sintió en su brazo un fuerte dolor, acompañado de una quemazón y presión indescriptiblemente fuerte. Era dolor puro y no se explicaba a qué se debía mucho menos de dónde venía, pues sabía que no había nada lastimando su brazo. Inconscientemente, como una corazonada, apareció en letras borrosas casi frente a sus ojos un nombre. Derek. Y, supo así, que por eso le dolía el brazo. Supo también que todas las veces que había sentido dolor inexplicablemente o incluso un fuerte cambio de humor se debían a él. Pero no podía explicarlo de manera racional pues no tenía argumentos. No argumentos racionales, lógicos, al menos. Todo esto lo sabía dentro de ella pero no estaba segura de que fuera cierto. Una corazonada. Un presentimiento. Algo. Algo muy sobrenatural a lo que no le hallaba una respuesta natural. Y así en la boca de su estómago sintió un pequeño nudo de ansiedad y miedo formarse, temió por la vida del ojiverde. Pero no comprendió el por qué. -V
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