—No confíes en él.
—No confío en nadie.
—Lo sé. Si lo hicieras podrías ser el alfa que esperas. Aunque lo malo es que en quien deberías confiar no confía en ti. Y en quien confías no será de mucha ayuda.
—Scott.
—¿Y...?
—Valeska—, suspiró.
—Están con Stilinski ahora. Debes encontrarlos tan rápido como puedas.
Derek miró a Deaton. Y sabía que lo que decía iba en serio.
( . . . )
—Viene en camino.
Jugó con con el celular en sus manos, viendo de Scott hablar con su padre, el alguacil miraba los archivos que tenía esparcidos sobre el escritorio.
Entonces ingresó al despacho Stiles con cara de tragedia, fue así que, tras un empujón al chico de lunares, pudo ver que detrás de él se hallaba Matt apuntándole con un arma.
—Mierda. Sí es malvado—, maldijo, soltando su celular y alzando las manos al verse apuntada por un arma.
—¿Matt? Matt, pase lo que pase te aseguro que hay una solución que no requiera un arma.
—Okay, es gracioso que diga eso porque creo que no sabe cuánta razón tiene en realidad.
—¿Qué demonios?—, bajó sus manos algo fastidiada. Y al instante Matt regresó el arma hacia ella, haciéndola alzar los brazos nuevamente.
—Sé que no quieres lastimar...—, su padre intentó razonar.
—De hecho, sí quiero lastimar a muchos. Ustedes no están en mi lista pero podría ponerlos, si, por ejemplo, intentan llamar a alguien. Como McCall lo está haciendo.
Toda la habitación giró la vista hacia el moreno quien al instante puso cara de completo terror.
Scott sacó el teléfono de su bolsillo. Y así los cuatro siguieron las órdenes de Matt quien en ningún momento dejó de apuntarles con el arma. Forzó a Stiles a esposar a su padre a un tubo de metal y los empujó entonces a los tres por los pasillos de la comisaría.
Matt y Scott intercambiaron palabras a las que ella no prestó atención. Presionó el gatillo en la sien de la chica y no pudo evitar soltar un gemido de terror.
Definitivamente no podría sanar la herida de una bala en su cerebro.
Los empujó por los pasillos hasta llevarlos a una habitación donde los forzó a destruir cualquier evidencia incriminatoria hacia él. Stiles intentaba negociar con Matt para que los dejara libres sin embargo no surtía efecto. Las luces de un auto iluminaron las ventanas, y Scott alzó la vista totalmente aterrorizado. Todos sabían quién era.
—Si no te mueves ahora, Scott. Mataré a los Stilinski y luego a tu madre.
Los hermanos miraron al chico, aterrados. Insistiendo con los ojos que obedeciera.
—Por favor.
—Abre la puerta. Ahora.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Tuvo un mal presentimiento, algo no estaba bien, o bueno, algo no saldría bien.
En cuanto Scott abrió la puerta se distinguió la imponente figura de Derek frente esta. Los chicos soltaron un suspiro agradecido al ver al hombre. Pero ella sabía que algo no andaba bien.
Entonces el cuerpo de Derek se desplomó en el suelo dejando a la vista a Jackson medio transformado en Kanima.
Está paralizado.
—¿Él es el que lo controla? ¿Este niño?
—Muy bien, Derek, no todos tenemos la suerte de ser lobos grandes y malos.
Las palabras "no es malo" se atoraron en su garganta casi en un acto reflejo por defender al ojiverde.
—Sí. He aprendido mucho. Hombres lobo, Kanimas. Todos se convierten en luna llena ¿y tu, Stiles? ¿En qué te transformas? O bueno, disculpen...- ¿En qué se transforman los Stilinski?—, miró a la chica también.
No lo sabe. Tenemos un punto a favor, entonces. Razonó.
—En el Abominable hombre de las Nieves, pero sólo en época invernal ya sabes, tengo cosas qué hacer... y ella en el hada de los dientes, tiene turnos nocturnos por eso las ojeras y la piel pálida.
Ocultó la sonrisa que intentaba crecer en su rostro.
Entonces Stiles se desplomó, también paralizado, sobre el cuerpo de Derek.
—Quítamelo de encima.
—Oh... no lo sé, hacen bonita pareja. Tranquila, Valeska, él muere por ti, no sientas celos de tu hermano—, se burló Matt.
—Ese estuvo bueno—, se encogió de hombros, ganándose una mirada de reproche de Scott y Derek. Matt pareció disfrutarlo.
—Todo ese poder con un solo corte en la nuca. Qué se siente ser así de indefenso.
—Aún tengo colmillos. Acércate a ver qué tan indefenso soy.
—Sí, maldito—, Stiles habló aún sobre Derek.
Matt gritó varias órdenes hacia Jackson y hacia Scott. La teñida fue llevada por el Kanima hasta las celdas, en donde estaba esposado su padre. Él la encerró en una y se fue, seguramente a custodiar a los chicos paralizados.
—¿Y Stiles?
—Está paralizado.
—¡¿Qué?!
—Tienes preguntas, lo sé. Pero no es el momento para hacerlas.
Sostuvo su cabeza entre sus manos sintiendo un poco del efecto de la luna sobre ella.
—Piensa, piensa, maldita sea.
Caminó desesperada por la celda. No podía estar tranquila, no sabiendo que Derek y Stiles corrían peligro, no sabiendo que Jackson podía matarlos.
Al cabo de un rato ingresaron la madre de Scott seguida por su hijo y Matt. Encerraron a la mujer en una celda y se fueron. Ella lloriqueaba y gemía de miedo por su hijo, pues al parecer Matt le había disparado.
No se abrirá. Pero la puedo tirar. Razonó, mirando las bisagras y tuercas que mantenían los barrotes.
Empezó a mover la puerta, a alzarla un poco con la esperanza de desencajar algo. Escuchando de fondo a su padre y a la madre de Scott decirle que era inútil y que si la llegaban a descubrir intentando escapar, la matarían.
Pero entonces pasó. Las luces se apagaron dejando a todos en la estación completamente a oscuras. Le siguieron disparos.
—Mierda, mierda, mierda—, se asustó. No por la falta de luz. Pues sabía que eso no era impedimento para Derek de matar a Matt, sino porque sabía que ese apagón era generado. Estaba premeditado y tenía un propósito terrible.
No sabía qué hacer, se estaba desesperando y sentía la rabia acumularse dentro de ella. Fue entonces que un foco se prendió en su cabeza. Miró sus manos en las cuales se veía juego de garras.
Agradeció a la poca iluminación pues así ninguno de los adultos veía lo que pasaba.
Poderes de lobo, no fallen. Casi rezó. Se acercó a los barrotes apoyando su cabeza en ellos. Ignoró la conversación que tenían los adultos a su lado y se enfocó meramente en lo que pasaba en la estación, buscando algo que le fuese de ayuda.
Y lo encontró.
—¿Dónde está Derek?
—Allison...
—Sal de mi camino, Scott.
—¿Qué harás?
—Aléjate Scott.
—Lo matará. Lo van a matar. Debo advertirle.
—¿Qué? ¿Quién?
—¿De quién hablas?—, la mujer le habló dulcemente.
—Debo salir de aquí.
Y así se permitió perder el control, dejó que la luna hiciera efecto en ella y entonces pudo tirar la puerta de la celda. Sabía que la madre de Scott había visto sus ojos brillar en un tono azul fuerte, y sabía que estaba asustada y que no entendía qué pasaba.
Corrió por los pasillos de la comisaría totalmente oscuros, buscando a Derek. Aunque a decir verdad buscaba algo que la llevara a él, pues así como él le había explicado acerca de los sonidos, sabía que en esta ocasión su mejor opción era el olfato. Y recordando, que había hablado con él y con Deaton, sabía que el olor de él era particular y lo reconocería en donde fuera. Le sería fácil encontrarlo.
Corrió por los pasillos, dio vueltas por el lugar, esquivó algunas balas perdidas, evadió algunos hombres de los Argent; sin éxito, no encontraba a Derek, pero tenía su olor y seguía el rastro que había dejado.
Y si su olfato no le fallaba, Derek debía estar en las celdas, justo de donde ella venía.
El gato y el ratón. Pensó burlona dando vuelta en un pasillo.
Escuchó gruñidos, gritos y algunos disparos. Confirmó su teoría: Derek estaba allí.
Al ingresar pudo distinguir un par de ojos rojos que luchaban con salvajismo contra Matt y Jackson.
—¡Derek! ¡Derek! ¡Son los Argent! Te están buscando para matarte. Tenemos que irnos—, le explicó una vez captó su atención.
Miró hacia la celda donde se encontraba la madre de Scott aterrorizada y en el suelo estaba su padre inconsciente.
Al parecer Matt había escapado.
Tomó a Derek del brazo y tiró de él por los pasillos. Dieron vuelta en una esquina y se detuvieron antes de llegar al final del pasillo, a petición de Derek pues parecía escuchar algo; para cuando se dio cuenta de esto, ya no oía nada más allá de pasos y gritos lejanos.
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