Stiles se arrojó al casillero siguiente del de ella.
—El casillero no tiene la culpa.
—Encontré una conexión. Todos tenían veinticuatro años y seguramente estuvieron juntos en clase.
—¿Hablas de los homicidios?
—Así es. Y Scott tiene un plan.
—Me lo dices después de lacrosse.
Intentó irse, dejando el tema de lado. Tenía mucho en qué pensar, pues todo lo que había pasado en las últimas veinticuatro horas, era demasiado para ella. Y aún lo sentía todo irreal. Por la misma razón no había hablado del tema con nadie más allá de Derek.
—Por cierto—, la llamó Stiles, aún recostado en el casillero. Hizo la mímica de dos personas besándose apasionadamente—. ¿Ya se besaron?
—Cállate. Solo somos amigos.
( . . . )
El entrenador salió de su oficina molesto por no ver a Jackson en la práctica. Y al cabo de un rato ingresó nuevamente en ella.
Stiles y Scott intentaban negociar con Dany. No tenía idea de qué cosa pero parecía importante. Solo sabía que se veían patéticos.
—Ustedes dos son patéticos—, dijo ella sentada en una banca justo frente a ellos.
Isaac los tomó de la camisa. Y después de intercambiar palabras él fue con un chico. Y a juzgar por las caras de los chicos, dedujo que Isaac había golpeado a alguien. Y después regresó con dos tiquetes.
( . . . )
—¿Qué sucede?
—Creo que debería hacerte la misma pregunta.
—Algo pasó. Y no me quieres decir.
—Despidieron a papá. Porque tengo una orden de restricción y robé un vehículo de la policía.
—¿Seguro que no lo retiraron del caso?
—Entregó su placa y arma.
—Oh...
—¿Qué te pasa a ti? No has hablado casi.
Miente. La insidiosa voz de su cabeza habló y simplemente pensó que era lo mejor. Para ella y para él.
—Cuando Erica tuvo el ataque, que Derek les ayudó. Supongo que escuchaste la pelea que tuve con mi madre.
—Sí. Pero... no entendí mucho.
—Es mejor así. Solo he estado pensando en eso—, se encogió de hombros, cruzando los brazos sobre su pecho intentando mantener el calor. Esa noche hacía frío.
—Estarán bien. Yo peleo con papá todo el tiempo y...
—Gracias, hermanito. Pero esta vez no tiene arreglo—, interrumpió—. Iré a ver el perímetro, o alguna mierda... tú encierra la bodega en polvos mágicos. Vigilaré que no te maten.
( . . . )
Vio una camioneta bastante familiar estaciona en la mitad de la calle. Se escondió detrás de un contenedor de basura asomando un poco su cabeza para poder ver lo que sucedía. Acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz y se fijó con claridad en lo que tenía enfrente de ella. Era la madre de Allison y en el suelo frente a ella estaba Scott inconsciente. La mujer jugaba con con la cabeza de Scott moviéndola con uno de sus tacones.
La alarma se desató en su sistema, al recordar las palabras de los chicos. Cazadores. Y sabía que la esposa de Argent era uno.
—¡Hey! Déjalo.
La mujer se giró, encarando a la teñida.
—¡Scott despierta! Maldita sea, ¡Scott!
—Tu eres Valeska. La hermana de Stilinski, ¿no es así?
—Sí...
—Hay cosas que aún no sabes. Cosas terribles. Deberías mantenerte alejada, como tu amiga Lydia.
—¿O como Allison?—, escupió retadora.
Sabía que necesitaba ganar tiempo, el suficiente como para que Scott despertara o alguien llegara a ayudar. El problema era que no sabía cómo.
Recordó todos esos años en clases de artes marciales.
Corrió hacia la mujer, intentando atacarla. Lanzó varios golpes que evidentemente la mujer bloqueó. Entonces Argent la atacó, lanzaba golpes. Empezaron a retroceder hasta que la teñida sintió la pared contra su espalda.
Un disparo fuerte resonó en eco por todo el callejón y no pudo evitar desviar su atención a él. Luego sintió ardor en el pecho, similar a una quemadura, este se desvaneció tan rápido como llegó. No se sentía propio, como si fuera dolor ajeno y ella lo sintiera empáticamente. Y la madre de Allison no perdió la oportunidad. La tiró al suelo y pateó su cabeza, dejándola igual que Scott, inconsciente.
( . . . )
Al despertar los sonidos sonaban amortiguados, distorsionados. Y se dio cuenta entonces que se había desmayado, ya que intentó aclarar su vista, pero todo se veía borroso. Intento moverse, levantarse tal vez, y allí cayó en cuenta de que estaba atada de manos y pies.
—¿Qué haces?—, distinguió la voz de Scott.
—¿No es obvio? Matarlos—, se inclinó hacia Scott—. Parecerá un accidente. Tuviste un ataque de asma y no encontraste tu inhalador. En cuanto a ti, dudo que el acónito funcione, por eso mismo traje algo especial para ti.
Su cabeza daba vueltas. El dolor en sus sienes era similar al de un martillo golpeando una pared intermitentemente.
—En tu expediente está el asma, Scott. Y en el tuyo, nada. Tuve que investigar un poco más. Pero, finalmente, Valeska, encontré algo. Tres meses atrás estuviste a nada de morir por una sobredosis. Tu madre te encontró en el suelo. Pero esta vez no te encontrarán a tiempo.
Un gemido adolorido salió de sus labios, un chillido justo como el que soltó cuando Jackson la acorraló.
Sabía que la mujer estaba frente a ella, pues entre todas las figuras, pudo distinguir la de ella parada en el centro de la sala. Y sin poder evitarlo, al inhalar el nombrado "acónito" sintió el juego de garras reemplazar sus uñas. Y sus ojos brillar en azul.
—Al parecer no habrá necesidad de tanto esfuerzo...
Gemía de dolor. Se sentía asfixiada. Sentía ardor en su pecho. Gruñía, gemía, chillaba de dolor; con la esperanza de no morir en ese momento.
—Alfa, beta. ¿Qué eres, Scott? Con tu amiga me queda claro. Una sucia y asquerosa omega. ¿No sabían acaso que un lobo solitario no sobrevive sin una manada?
Scott murmuró algo y luego gruñó.
Una puerta se abrió, pudo distinguirlo por el sonido y un ligero cambio en el ambiente pues ya no se sentía tanto el fuerte y abrumador olor a acónito. En su lugar un olor particular llegó a sus fosas nasales, un olor que conocía muy bien y a decir verdad, le agradaba.
Escucho gruñidos y una pelea, entonces puedo distinguir el sonido de algo siendo arrastrado. Parpadeo varias veces en un último intento aclarar la vista, sabiendo que no tendría éxito, pues estaba segura de que sus gafas estaban en algún lugar lejos de ella.
Estuvo bailando en el hilo de la inconsciencia por unos segundos antes de sentir ese olor en particular inundarla de nuevo, seguido de una sensación de seguridad que no supo explicar. El amarre en sus manos se deshizo, al igual que el de sus piernas, entonces sintió su cuerpo ligero, dedujo que estaba siendo cargada, aunque se inclino más por la opción de estar muerta.
Lo escuchó. Un latido. No estaba muerta, la estaban cargando y la estaban llevando lejos del acónito. No moriría, no esa noche.
Se dejó llevar por la sensación de ligereza, cayendo finalmente inconsciente en un sueño que esperaba no fuera eterno. Y como si un bombillo se encendiera en su interior, supo que era Derek quien la estaba cargando.
La bruma en su cabeza se disipó, dándole vía libre a descansar un poco.
-V