Cap. 40

1980 Palabras
—¿Entonces...? ¿Esa cena de la que me hablaste? —¿Estás seguro? Digo, después de lo que pasó con Jenniffer, Deucalion, los sacrificios. Es mucho estrés. —Es solo una cena con tu familia. No puede ser tan malo. Hizo un gesto con las cejas, dudando de sus palabras. —En ese caso—, giró su cuerpo, quedando acostada sobre su estómago—, te espero en casa en dos horas...- —¿No era una cena? —Supongo que un almuerzo funcionará del mismo modo—, jugueteó con el borde de la sábana que cubría sus cuerpos del frío—. Te veo al rato. Sonrió. Besó con rapidez la nariz de Derek y se levantó de un salto de la gran cama. Se puso zapatos, tomó sus cosas de la mesa de noche de la cual se había apropiado; sintiendo en todo momento la mirada de Derek sobre su espalda, siguiendo cada movimiento. —Espera—, él la llamó, viendo que se dirigía a las escaleras de caracol, lista para irse. Regresó sobre sus pasos, esta vez caminando hacia el lado de la cama de Derek. Se sentó en el borde de esta, de inmediato sintiendo los brazos del beta alrededor de su cintura de manera posesiva. —Dime... —¿Mejor? Juntó los labios en una línea recta, no queriendo hablar del tema. Asintió con la cabeza con delicadeza. La semana entera. Dormía poco, sino es que nada. Y cuando lograba dormir bien, tenía pesadillas. Y, la noche anterior, particularmente, por lo que Derek le había contado, ella lo había llamado. Le pregunto "¿cómo?", evidentemente. Pero él se limitó a responder con "no fue una llamada, fue tu omega, lo sentí, y te escuché. Tuve que ir". Cuando llegó a la casa Stilinski, todo estaba apagado, todo, a excepción de una habitación; no le importó que fuera el jefe de policía, entró a la casa por la puerta trasera -pues ella siempre la dejaba abierta para que él ingresara sin problema en caso de alguna emergencia- al llegar a la habitación de Valeska, notó a oscuridad de esta... la luz venía del cuarto de baño. Entró y se encontró a su dulce omega aovillada en una esquina de la ducha, con grandes lágrimas bajando por su rostro, respiraba con dificultad, temblaba, pequeños lloriqueos salían de sus labios. Esos lloriqueos lo habían llamado, los lloriqueos de su omega asustada, de su omega necesitando a su alfa. Pero algo andaba mal... no despertaba. La sacudió, la movió, le habló, nada. No sabía qué hacer para ayudarla, le dolía físicamente verla así. Se limitó a abrazarla, aún recostados en el frío suelo de la ducha, hasta que ella despertó. No quiso dejarla allí después de eso. Y ninguno quería que en la mañana su padre entrara a la habitación y los viera en la misma cama; por lo que, con letra desprolija escribió una nota por ella, pegaron esta en la puerta de la habitación para que su padre la encontrara con facilidad y no se preocupara; y se fueron al departamento de Derek. —Sí. Solo fue una pesadilla. Lamento haberte preocupado. No‐ no es nada, de verdad. —¿No es nada? Val, estabas en la ducha, temblando de miedo, llorando. Llamándome. Eso fue algo. —Lo sé—, musitó, encogiéndose de hombros—. No es nada. Ya pasará. Solo fue un mal sueño, D. —¿Qué era? El sueño, digo. —Era confuso...—, dudó, frunciendo el ceño intentando recordar, pero era cierto, era confuso, eran fragmentos, era todo borroso. Suspiró—. Tal vez luego lo vea con claridad. —Sabes que me puedes decir, ¿verdad? —Lo sé. No lo dudo. Confío en mi alfa. —Ven aquí—, antes de que pudiera decir nada, Derek la había envuelto entre sus brazos. Sintió la respiración pausada del ojiverde hacerle cosquillas en el cuello, luego húmedos besos en su piel. Cuando sintió que llegó a la marca, perdió toda capacidad de comunicarse, sintiendo corrientes recorrer su cuerpo entero, y, cosquillas placenteras subir de su estómago hasta estallar en su pecho. Sonrió, complacida, sintiendo el rubor subir hasta su rostro. Escuchó el suave ronroneo desde el pecho de Derek: —Me gusta cuando hueles a mi. Acto seguido, frotó su cabeza en el cuello de Valeska, como un gato queriendo dejar su olor impregnado en en las piernas de su dueño. —A mi me gusta oler a ti... Últimamente Derek estaba muy protector... muy territorial. ( . . . ) —Así que... —Derek. Derek Hale, mucho gusto señora... Lilian había abierto la puerta, como si estuviera en su propia casa. Stiles aún seguía en su habitación vistiéndose. Su padre estaba en la cocina... bueno, lo veía pulular de la cocina al comedor, llevando ollas, platos, cubiertos, servilletas, bandejas, todo. En cuanto se ofreció a abrir, Lilian casi la empujó a un lado, con la excusa de que quería ser la primera en verlo. —Señorita. No estoy casada—, corrigió con rapidez, tirando de la mano estirada de Derek para envolverlo en un abrazo. Valeska rodó los ojos Bajó la mirada a sus pies, sintiendo un pequeño nudo de tristeza formarse en su garganta. Recordó a Calvin. No quería hacerlo. No quería hacer una comparación, en absoluto. Pero el solo hecho de que Lilian abrazara a Derek le hacía hervir las venas en impotencia. Alzó la mirada cuando notó dos grandes botas negras frente a sus Vans negros. Le sonrió suavemente, él no dudó en abrazarla. —No pasa nada. Yo también estoy nervioso—, lo escuchó murmurar contra su cabello. Lo pudo sentir frotar su cabeza contra su cabello. Nuevamente queriendo que ella oliera a él. —Yo no...- —, se calló a sí misma, dándose cuenta de lo absurdo que era mentirle. Era obvio que él sabía, lo olía, lo sentía—. No pasa nada—, repitió. —Bueno, me dan diabetes, pasen al comedor, el señor Stilinski hizo la comida... entonces si se intoxican no fue culpa mía—, Lilian presionó. Tomó la mano de Derek tirando de él hasta la mesa. Habían tenido que poner una silla más; se veía casi gracioso, pues habían cuatro hermosas y pulcras sillas a juego con los demás muebles de la casa... y luego estaba aquella silla de escritorio con ruedas. Le indicó que se sentara, Lilian tomó asiento junto a él,  y ella se sentó en la pequeña silla de ruedas. Stiles bajó unos minutos después, acomodando los botones de su camisa, él se sentó frente a Derek y Valeska. Y el único y último puesto libre era para su padre... quien no había visto a Derek. —Por cierto—, lo escuchó susurrar, solo para ellos dos—. Te ves hermosa. Sonrió, está vez ampliamente. Dejando que la alegría la inundara. —Entonces...—, Stiles empezó, jugando con una cuchara. Lilian se levantó diciendo que ayudaría al jefe Stilinski—. Te coges a mi hermana. Un golpe a su rodilla, obviamente cortesía de Valeska, lo hizo quejarse.. —Eres un idiota—, dijo, lanzando otra patada por debajo de la mesa hacia su hermano. —Eso es abuso—, se quejó, apuntándola con la cuchara—. Bien, Derek, no me quiero poner muy hermano mayor, pero si me llego a enterar de que la lastimaste, te mataré. Derek sonrió. Tomó la mano de Valeska por debajo de la mesa. Stiles mantenía su mirada fija en el beta, retador. Derek hizo sus ojos brillar de color azul, un gruñido empezando a construirse en su garganta; Stiles tragó con fuerza, más pálido que antes. —Me alegra que hayas entendido, iré a ayudar a papá—, su voz sonó más aguda que de costumbre. Y cuando se iba a levantar, Lilian y su padre entraron en la sala. Hubo una pequeña guerra de miradas, más que nada por parte de su padre. Noah esperaba a cualquier persona, menos a Derek Hale. Derek se levantó con rapidez, estirando su mano derecha al sheriff. El almuerzo empezó, tenso, incómodo. Pero en ningún momento dejó de sentir la mano de Derek apretada a la suya. —Entonces, Derek, ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo nos conocimos? ¿O sea, formalmente? Del tipo: "mucho gusto, este es mi nombre, un placer conocerte". Porque si es así, lo más cercano a ello fue en la piscina con el Kanima. Recordó la mirada imponente y fría del ojiverde aquella noche. Recordó las horas que lo había sostenido en la mitad de la piscina. Recordó el tono que había usado cuando Erica los dejó frente a él: "Valeska", "Derek". —Oh. Pues, verá—, empezó él, decidido, con naturalidad. Sintió su gran mano apretar con gentileza una de sus piernas—, estaba en la pista de hielo, y ella no podía siquiera mantener el equilibrio. Daba dos pasos y regresaba al suelo. Recuerdo que se veía frustrada y molesta, y quería hablar con ella. Pero no me atreví a hacerlo sino hasta que vi que se iba a ir. Y me pareció agradable, graciosa. Asintió, reafirmando lo que él había dicho. Pero le sorprendió. Era una mentira, en parte, claro, podía determinar qué había una gran mentira en medio de su corto relato, también había omitido varios detalles. Pero sabía que había partes que no eran un invento. —¿En dónde vives, Derek? —En un departamento cerca del centro. —¿Cuántos años tienes? Pasó el pedazo de carne que llevaba masticando con buen rato, con gran dificultad. Lo había hecho a propósito. Maldita Lilian. —Veintitrés, señora. Mi cumpleaños fue hace poco—, sabía que esto último era mentira, lo sabía. Su cumpleaños era a inicios de noviembre, y apenas iban a la mitad del año. Su padre también sabía que mentía, pero él se mantuvo callado. El resto del almuerzo pasó con normalidad. De no ser por algo. Incomodidad. Le incomodaba algo, no sabía qué era, pero quería salir de allí corriendo. Derek parecía no querer dejar de tocarla, su mano estuvo acariciando su pierna en todo momento, a veces subiendo peligrosamente -siendo apartado casi al instante por ella. Frotó la marca en su cuello, notando que esta se encontraba afiebrada. Derek parecía tener problemas con la comida, no había comido mucho, pero lo suficiente como para que nadie notara que algo andaba mal. Stiles terminó, se levantó explicando que iría a casa de Scott. Lilian quiso "ayudar" y fue a la cocina a lavar los platos. Su padre tenía que regresar a la estación. Quedaron solos en la mesa, la mano de Derek apretando su pierna; aprovechando que ahora se hallaban solos en el comedor, subió un poco su mano, de forma provocadora -fue apartado al instante. Lo condujo hasta la sala, casi obligándolo a sentarse en el sofá. Notó sus mejillas sonrojadas. Sudaba bastante, miró el cabello en la parte de atrás de su cabeza, que se hallaba empapado. —Derek, ¿estás bien? Respiraba con dificultad. Y notó que sus brillantes ojos verdes se habían oscurecido varios tonos y que su pupila estaba dilatada, pero a su vez, brillaban casi como si estuviera a punto de llorar. Vio su perfil, apretaba la mandíbula con fuerza, el rubor de sus mejillas se hacía más notorio. Estiró una mano, tocando sus mejillas su frente, su cuello. —Derek, estás hirviendo. ¿Es normal? ¿Estás bien?—, se apresuró, preguntando con la preocupación cerrándole la garganta. Y como un balde de agua helada, la realización la golpeó de pronto, justo en cuanto él conectó sus ojos ahora oscuros con los de ella. Mierda. Jadeó. Su celo. -V
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