—¿Hiciste esto por mi?
Sonaba frío, fastidiado, enojado. Tanto que incluso podía decir que ella también lo hacía.
Jenniffer lo miró, su ojos brillando un poco.
—Lo hice por nosotros. Por todos los que han sido sus víctimas.
Lydia estaba acurrucada en un esquina, más pálida que de costumbre. Cora intentaba tranquilizarla. Notó a un lado del departamento los cuerpos inmóviles e inconscientes de los gemelos.
—¡Deja de intentar convencerme de apoyar tu causa!
La ira también hirvió en su ser, empáticamente, gracias al lazo.
—¡Bien! Te convenceré de unirte a la de alguien más... Scott. Puedes salvar a su madre y al padre de Stiles.
El cual también es mi padre, solo como recordatorio, digo. Se mordió la lengua para no hablar.
Se mantenía cruzada de brazos, unos cuantos pasos detrás de Derek, que en ese momento se veía más grande e imponente que antes.
—¿Cómo?
Exigió, con voz fuerte y áspera. No sé atrevía a apostar pero estaba segura de que así habría sonado su voz de alfa usada en Jenniffer, -pero era un beta, solo podía hacerse una idea de ello.
—Necesito un guardián—, la desagradable mujer sonrió, acercándose al beta de manera "provocadora"—. Es un papel que puede desempeñar cualquiera de los padres que me llevé. O... por ti.
Contuvo la respiración, temiendo que Derek decidiera ayudarla.
Tres segundos de silencio, donde todo a su alrededor pareció paralizarse. Por suerte el cuarto segundo llegó, y con él, una respuesta de Derek.
—No puedo ayudarte. Ya ni siquiera soy un alfa.
Respiró con normalidad.
—Sólo necesito que me ayudes a llevar a Deucalion al lugar correcto, en el momento en el que te lo pida.
Notaba a Jenniffer acercarse cada ver más a Derek.
No.
Sus piernas se movieron sin su permiso, hasta quedar parada al lado del alfa... ¿alfa? Beta.
Notó la figura de la mujer tensarse de manera considerable y la de Derek relajarse un poco.
—Mataste a tres tu sola. Para qué me necesitas.
Solo entonces advirtió el c*****r de Kali, que no había notado ya que se confundía entre las sombras y los escombros.
—No lo has visto cuando es más fuerte. Yo sí. Si tiene a Scott con él, no tendré oportunidad—, en el rostro de la mujer creció una sonrisa como la del colorido gato de Alicia en el País de las Maravillas—. A menos que te tenga.
No. Ni se te ocurra.
—Derek, no confíes en ella.
Bendita seas, Cora.
—Tenemos el eclipse a nuestro favor, pero la luna sólo estará bajo la sombra de la tierra por quince minutos. Esa es nuestra oportunidad. No tienes que luchar por decidir. Ayúdame a matarlo y los demás vivirán. Sólo ayúdame.
( . . . )
Imbécil. ¿Por qué simplemente no me quedé con Lydia y Cora a ayudar a los gemelos? Se reprendió mentalmente.
—Stiles, juro por mi vida, que si no respondes ese maldito aparato, voy a acabar con tu vida antes que Deucalion o la maldita zorra lo hagan—, luego se escuchó como si la señal se hubiera caído.
Releyó los mensajes. Todos de Stiles. Uno especificaba dónde estaba el Nemeton, otro le contaba el plan que tenían y en el último simplemente le pedía que cuando estuviera a salvo: lo llamara.
Apagó su teléfono y caminó casi a ciegas por el bosque.
Bueno... a ciegas. El viento soplaba con tanta fuerza y lograba levantar el polvo y la tierra del suelo, tenía que entrecerrar los ojos para ver aunque fuera un poco. Intentó con el olfato, pero era absurdo, a su nariz solo llegaba el olor a tierra y naturaleza. Vista... bueno, no hace falta aclararlo.
Oído.
Sí había algo. Pero todavía no sabía qué era. Sabía que lo había escuchado algo, algo parecido a un silbato. Conocía el sonido.
Corrió. Corrió hasta que encontró frente suyo al Nemeton.
Notó un fuerte dolor dentro suyo formarse con rapidez, el origen era claramente la marca en su cuello -Derek. Como una punzada... no, era como si hubiera recibido una fuerte patada en la espalda. Su respiración se atascó, pero se forzó a caminar (tropezar) hasta el árbol.
Se apoyó en él, agachándose un poco. Al alzar la vista notó una trampilla. Una puerta.
Estaban allí.
Ignoró el dolor punzante. Corrió nuevamente. Sin notar la rapidez con la que el cielo se oscurecía. Sin tener idea de que en menos de quince minutos sería el eclipse.
—Están vivos.
Salió como un jadeó, llamando la atención de todos en el sótano. Allison desataba a Chris, Isaac desataba a la madre de Scott. Corrió hasta su padre, desató las cuerdas, en cuanto estuvo suelto no dudó en recibir el abrazo que él le daba.
Lo lamento.
—Estas aquí, es lo que importa. Gracias—, era una respuesta. No lo pensó, lo dijo, había susurrado inconscientemente una suave disculpa a su padre.
Cuando se separó, se acercó a Lilian que lucía más allá de lo fastidiada. Con ayuda de sus garras rompió las cuerdas de la mujer.
No hubo palabras. No hubo agradecimientos. Ni siquiera miradas.
—Vámonos de aquí.
El techo empezó a caerse en pedazos, en grandes trozos de tierra y arena. Corrieron a las escaleras por las que había entrado hacía unos segundos, pero estas cayeron en pedazos en cuanto el señor Argent pisó la primera.
( . . . )
—Mierda.
Estornudó a causa del polvo. Estaban agachados, con sus cabezas golpeando lo que hacía un rato fue el techo de aquel sótano. Isaac sostenía con sus hombros una viga, la cual se veía importante -mas que nada porque si esta se rompía, ellos quedarían sumidos en tierra hasta la coronilla.
Isaac llevaba ya un rato sosteniéndola, pero parecía ceder ante el peso. Se ubicó junto a él, ayudándole.
Era mucho peso. Demasiado. Sabía que sus ojos estaban brillando en una hipnotizante gama de azules, por el esfuerzo.
Cerró los ojos, intentando concentrar todas sus energías en la tarea de mantenerse con vida. Pero, entonces, la viga se sintió más pesada. Ella se sintió sin fuerza. Isaac igual.
Todos lo notaron y no dudaron en ayudar.
—Por eso digo que el aluminio es mejor que la madera—, la voz de su padre fue burlona.
Y ya no sentía aquel peso sobre sus hombros. Miró a su derecha. Y Stiles abrazó a su padre con alegría; un bate de béisbol sostenía la viga de madera.
La tormenta que había afuera empezó a calmarse, hasta disiparse.
El teléfono de Stiles sonó. Una llamada.
Se estiró para golpear su hombro con el puño cerrado. Murmuró un "idiota", y lo dejó contestar la llamada.
—¿Scott? Sí, estamos bien. Todos estamos bien. ¿Qué hay de ti, estás bien?—, tras unos segundos Stiles continuó hablando—. ¿Crees que puedas venir por nosotros? Bien... amm... oye, ¿crees que puedes traer una escalera?
Melissa sonrió dulcemente. Chris Argent abrazó a Allison con dulzura. Su padre pasó un brazo por la espalda de Stiles, y el otro por la espalda de Valeska.
Lilian se quedó estática. En silencio. Nada.
Suspiró con cansancio. Correspondiendo el suave abrazo de su padre.
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V