Cap. 5

1709 Palabras
—Hueles asqueroso. Toma una ducha por el amor a Dios. —Te ves del asco. Ve con un doctor por el amor a Dios—, respondió de igual forma, cargado de sarcasmo. —¿Dónde te metiste? ¿En las cloacas o en la basura?—, dijo burlona. —En la basura. ¿Quién te hizo eso? ¿Jackson o Matt?—, dijo de la misma forma. Mirando la sangre seca que salía de su nariz y la que bajaba de su labio por todo su cuello. Asumiendo que había sido uno de los dos mencionados, sabiendo lo mal que se llevaba con Jackson, y sospechando de Matt -porque a sus ojos, él era malvado. —Erica. Al parecer tiene poderes. Todo fue muy extraño. Empiezo a creer que le echaron algo a mi café—, dijo arrugando las cejas en una mueca desconcertada—. Los ojos de Scott brillaban de amarillo, los de Erica y Isaac igual. Y los de Derek eran rojos. Todos tenían garras y colmillos. Fue muy extraño. Yo...- iré a tomar una ducha, debo estar cansada. Sí, debe ser eso. —Oh... El chico de lunares quedó sin palabras. No sabía cómo le explicaría. —Tienes el labio roto...- —Lo sé. Estaré bien para mañana, como si nada—, dijo subiendo sus gafas por el puente de su nariz. ( . . . ) —¿Entonces, esperan que les crea? Digo. Todo es una estupidez. Hombres lobo. Cazadores de hombres lobo. Un hombre lagarto. ¿Qué mierda? ¿El Lagarto? ¿Dr. Connors? Solo falta que llegue el Duende Verde por esa maldita ventana. Pueden irse, muy, a la mierda ustedes dos—, habló algo molesta, viendo a Scott y a Stiles sentados en su cama. Como si fuesen dos niños siendo regañados por su madre. —Entiendo tu enojo... y tus referencias de Spiderman. Pero es en serio. Hace un rato la cosa reptil, intentó matarme en el taller. Scott es un hombre lobo y en luna llena enloquece. Tememos que si Derek sigue convirtiendo adolescentes inocentes en lobos, haya una masacre—, le explicó Stiles intentando mantener la atención de su hermana. —La primera Luna llena es la peor. Aún no saben controlarse y esto puede terminar en desastre. —Bueno. Yo una vez al mes también me pongo salvaje y eso no implica que sea un lobo—, habló bastante molesta, con un dejo de ironía, conteniendo sus ganas de golpear a los chicos enfrente suyo. Su hermano hizo una mueca, pensando a qué se refería la teñida. En cuanto lo supo su expresión fue casi de asco, ganándose un golpe en la nuca por parte de la chica. —Puedo demostrarlo—, habló Scott tras pensarlo unos segundos. Hizo sus ojos brillar, sacó sus garras nuevamente. Stiles tenía una expresión relajada, como si ya estuviera acostumbrado. —Okay... suficiente. Les creo. Ahora, fuera de mi habitación—, habló amenazante, pero tropezando sobre sus propias palabras. Ambos muchachos salieron casi corriendo de la habitación. Era mucho para procesar, sin embargo eso explicaría mucho. Bastante, a decir verdad. Como por ejemplo, el por qué su madre le había dicho que Beacon Hills era un lugar extraño, igual a las personas. ( . . . ) —Lo sé porque te amo—, alcanzó a escuchar a Stiles decirle a Scott. Aparentemente el segundo intentaba pedirle perdón a Allison, pero no sabía cómo hacerlo, por lo que había recurrido a Stiles. —Lo sé, hermanito—, llegó a su lado y se sentó junto a ellos en las escaleras. Reía a causa de la cara casi aterrada de su hermano. —Allison y tu deben aprender a comunicarse por otros medios—, sentenció él cruzándose de brazos. —Intenta no ser tan meloso, es una disculpa no una declaración de amor—, intervino la chica, mirando sus uñas. Stiles interrumpió, cambiando el tema drásticamente, le dijo a Scott que le contara sobre su jefe, a lo que el moreno empezó a hablar. Al parecer él también estaba bien informado sobre el mundo sobrenatural. —Debe ser un bestiario—, dijo Stiles tras pensar unos segundos, después de que Scott mencionara que Allison creía que Gerard -su abuelo- tenía un registro sobre todas las criaturas que habían cazado. —Querrás decir b*********d—, se burló su amigo. —No, Scott. Estoy seguro de que no. Es un libro de criaturas mitológicas—, explicó el de lunares con un semblante serio. —¿Cómo es que soy el único que no sabe ese tipo de cosas? —Hola, mucho gusto. Valeska. Nueva en la ciudad, apenas ayer me enteré que eras una criatura de la noche—, soltó irónica, captando la atención de los chicos. —Eres mi mejor amigo y una criatura de la noche—, usó el apodo que le había dado su hermana—. Es mi prioridad. Cambiando un poco el tema, ¿y tu labio? —No tengo nada. Podía jurar que estaba roto. Tal vez solo era un corte. Ya sanó, en cualquier caso—, tras recibir una afirmativa de parte de su hermano, él siguió hablando con Scott. Ignoró lo que decían, pues una sensación de ira e incomodidad la invadió completamente. No sabía a qué se debía, mucho menos el por qué, pero estaba segura de que no era por algo en su entorno. Los chicos se levantaron y se fueron casi corriendo, dejándola sola nuevamente. Ni siquiera le impresionó. Miraba a las personas caminando por los pasillos. Buscaba a alguien del equipo de lacrosse, creía que ese día había un partido sin embargo no estaba segura. Vio a Danny pasar. —Danny—, lo llamó captando su atención, parecía decidido. Se dirigía a algún lugar, sin duda. El muchacho intentó librarse de la conversación tan rápido como pudo, respondió en afirmativo en cuanto al partido. Finalmente dejó ir al muchacho. Tenía dos clases, el recreo, una clase y una hora libre, después era el almuerzo. Planeaba ir durante su hora libre al campo de lacrosse. Sí bien, sabía que el entrenador no la dejaría participar o siquiera entrar al equipo; debía descargar su ira, con lo que fuera, debía sacar esa oleada de incomodidad y rabia que tan repentinamente la había invadido. Y definitivamente no podía destruir las instalaciones... no quería que la corrieran de Beacon Hills también. ( . . . ) —¿Qué hace ella aquí? —No te importa. —Hola, hermanita. —Hola, sabes, hablaré con el entrenador, de lo que he visto eres buena—, dijo Scott, acomodando sus guantes. —No, gracias. Seguramente si entro, le partiré la cara a Jackson. Los chicos rieron, mientras veían a la muchacha hacer lanzamientos al arco, a una distancia considerable, todos los lanzamientos daban al centro del arco, pasando primero por un pequeño aro rojo que colgaba frente al arco. Scott se alejó, explicando que debía hablar con el entrenador. Entonces el chico de lunares aprovechó el momento. —¿Qué pasó? —¿De qué hablas? —Algo debió pasar. Te conozco de menos de una semana pero sé que no hay frase que salga de tu boca que no esté cargada de sarcasmo o ironía. Y de ser así, algo malo pasa. Cuando amenazaste a Jackson, era odio puro, rabia, ira. —Seré sincera, solo porque confío en ti, maldito saco de huesos—, se burló un poco, bajo el palo con el que estaba haciendo los lanzamientos, miró finalmente al chico a su lado—. No sé qué pasa. —Bueno... no es de mucha ayuda. —De un momento a otro sentí rabia. Como si quisiera golpear a alguien, desde esta mañana. Pero antes de eso, sentí incomodidad, como un escalofrío en mi espalda. Fue extraño. —Sí, bastante. ¿Segura que no se tratan de ese momento del mes en el que te pones salvaje?—, casi se burló. —Te voy a golpear—, tomó el palo con fuerza, levantando con el mismo una pelota del suelo, dispuesta a lanzarlo a su hermano. —¡Stilinski!—, el silbato del entrenador resonó en todo el lugar. Ambos miraron en la dirección del hombre que se acercaba con rapidez hacia ellos—. Se puede saber qué demonios haces aquí. —Ah... bueno, yo... entrenador, soy parte del equipo—, habló Stiles. —No tu, Stilinski. La otra Stilinski—, explicó con el ceño fruncido. —Solo hacía lanzamientos. —¿Sólo lanzamientos?—, habló con sarcasmo—. Distraes al equipo, Stilinski. —Yo los veo entretenidos en lo suyo—, respondió señalando a los muchachos, todos calentaban o estiraban, algunos hacían lanzamientos otros trotaban alrededor de la cancha. Inmersos en sus asuntos, ajenos a la teñida en medio del campo. El hombre quedó sin palabras, la chica tenía razón. Abrió la boca para responder al comentario de la muchacha, pero fue interrumpido incluso antes de empezar a hablar. —Lo que sea que Scott le haya dicho. No quiero ser parte del equipo. —Oh, claro que sí. Ven aquí, niña—, tomó su brazo y la alejó de Stiles quien había estado escuchando todo—. Leí tu historial, tienes potencial pero debo saber si vale la pena meterte en el equipo. Tu problema de ira puede ayudarle al equipo. Te propongo algo... —Lo escucho. —Entrena hoy con el equipo. Y ya veremos qué pasa—, dijo el hombre, cruzado de brazos. Intentando convencerla. —Bien—, suspiró resignada, sabiendo que no tenía caso negarse. Había escuchado mucho del entrenador, sabía que era terco y bastante molesto. Además, no tenía nada mejor que hacer. —Excelente—, dijo un tanto alegre. Alejándose de ella, volviendo con el equipo. Y entonces, nuevamente sintió una mirada pesada sobre su espalda, un escalofrío recorrió su columna y se estremeció de pies a cabeza. Sabía que alguien la observaba, sin embargo, esta vez ni siquiera intentó averiguar quién. -V
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