Cap. 4

1836 Palabras
—Iremos a patinar en hielo. Scott, Allison, Lydia y yo. ¿Quieres venir?—, dijo Stiles del otro lado de la puerta. Al no recibir respuesta alguna, con un suspiro, se dispuso a irse a su habitación a prepararse para esa noche. Una parte de él creía que ella lo ignoraba en forma de venganza pues, al no saber nada de lo sobrenatural y tampoco conocer la situación en la que se encontraban, tendían a excluirla de las conversaciones. O incluso ella misma se retiraba antes de que siquiera hablaran. La otra parte solo asumió que debía estar dormida -y de lo poco que la conocía, ya podía decir con certeza que lo mejor era no molestarla. Sin embargo, no es que ella lo estuviera ignorando. De hecho, ella ni siquiera estaba en su habitación. La chica de pecas se hallaba recorriendo Beacon Hills. Conociendo las calles, conociendo el bosque que había visto al llegar. Lo curioso era que durante toda la tarde y la noche, en ningún momento dejó de sentir una mirada pesada sobre su espalda. ( . . . ) —No estoy celosa. —Estás celosa. —No sé ustedes, pero a mi—, intervino en la conversación, hizo un ademán como si estuviese olfateando el ambiente—, me huele a celos. —Gracias, Vale—, dijo Allison desde su asiento en la otra mesa, con un dejo de burla. —Para eso están las amigas—, rió, finalizando la conversación. Dejó que Scott y Allison terminaran su conversación en privado. Sin embargo no pudo evitar prestar atención. —¿Está con Derek ahora? ¿Verdad? Como Isaac—, cuestionó Allison son miedo impreso en su voz—. No entiendes lo que pasa, mi abuelo está aquí. Derek convirtió a Isaac y a Erica, es como si preparara una batalla. Alguien siempre acaba mal. —Lo sé. Pero entiende que es difícil para mi, no puedo pretender ser normal...- —No quiero que seas normal. Quiero que sigas vivo—, esta vez sonó irritada, aterrada. Y antes de que Scott pudiera responderle nada, la castaña cobriza se retiró junto con su bandeja. —¿Problemas de pareja, amigo?—, casi se burló, mirando la cara del moreno frente a ella. —¡Scott!—, Stiles llegó a la mesa, tomó a su amigo del hombro con una mueca preocupada—. Oh, qué suerte la mía. Hola, hermanita. Scott, mira eso. El muchacho señaló a una mesa algo alejada. Los tres miraron en esa dirección, tanto Scott como ella buscando algo extraño, solo hallando una mesa vacía. —¿Qué? ¿Una mesa vacía? —¿Acaso esa no es la mesa del chico moreno? No recuerdo su nombre. Damos una clase juntos, lo conozco pero su nombre...- —Boyd—, dijo Scott. Los chicos se fueron rápidamente, sin decir nada al respecto. Excelente, otra vez sola; pensó, terminando de tomar su café. Pensó que si los chicos buscaban a Boyd, seguramente él estaría en la pista de patinaje. Al inicio creyó que era una suposición estúpida, pues no conocía al chico de absolutamente nada, ni siquiera habían entablado una conversación; pero recordó a Stiles quejarse durante dos horas interminables por haber perdido sus cincuenta dólares a manos de Boyd. Él le había explicado que había sido él quien les había dado el paso libre para ir a la pista de hielo, pues le había dado las llaves a Stiles. Pensó así, en ir a buscar al chico. ( . . . ) —Hola, Boyd—, gritó sobre el ruido que producía la máquina. —Hola, nueva. —Me ofende que no sepas mi nombre. —Ni siquiera sé quién eres. —Valeska Stilinski. Vemos una clase juntos—, fingió indignación. Bien, encontré a Boyd. Pero no sé siquiera por qué lo buscan. Y, si realmente lo buscan, entonces eventualmente llegarán aquí. Solo tengo que ganar tiempo por ellos. Pensó, entrando en la pista., recordando a su vez que su teléfono se había quedado sin batería y que, por ello, no podía llamar a ninguno de los chicos. —Sabes, jamás había patinado. El chico ni siquiera la miró luchar con el hielo bajo sus zapatos. Parecía ignorarla. Entonces llegó Scott. Giró su cabeza para mirar al chico, tal vez con mucha fuerza, haciendo que se resbalara y cayera al suelo. Maldijo una y otra vez, estando recostada en el hielo. Escuchaba a Scott hablar con Boyd, sin embargo estaba muy ocupada quejándose de dolor a causa de la caída, e intentando mantener el equilibrio en el hielo un vez se hubo levantado. —No sólo es perder el control en luna llena. Fue lo único que escuchó antes de que Boyd apagara la ruidosa máquina. —Ya me contó de los cazadores. —¿Y no te bastó para decir "no"?—, casi se escandalizó Scott—. No sé qué quieres pero hay otros modos. —No quiero almorzar solo todos los días—, dijo el chico a la defensiva. —Hay que admitir que tiene un punto—, habló deslizándose hacia Scott. La voz de la experiencia. —Si lo que quieres son amigos hay otros mucho mejores que Derek. —Eso me duele, Scott—, dijo una voz pastosa y gruesa a sus espaldas. El chico giró la cabeza en esa dirección, Boyd desde su lugar en la máquina miró en la misma dirección. Y ella, nuevamente, con un giro de cabeza bastante fuerte perdió el equilibrio. Desde su posición en el suelo pudo ver al mismo chico atractivo del auto, Derek, y a su lado estaban Erica y -quien asumió era- Isaac. —Hijo de puta—, maldijo. Sobando su hombro—. Odio el hielo. Odio el clima. Odio esta escuela. Odio Beacon Hills. Maldita sea. Se estaba empezando a enojar. —Es decir, si lo que pretendes es calificarme... por lo menos hazlo en consenso. Erica, ¿Cómo ha sido tu vida desde que me conoces? Se levantó con sumo cuidado del suelo, intentando mantener el equilibrio. —En una palabra. Transformadora. Y dicho esto, gruñó. —Hija de...- esa perra tiene rabia—, murmuró en un jadeó, más para sí misma que para alguien mas. Erica pareció escucharla pues la miró desafiante, aún gruñendo y mostrando sus colmillos. —¿Isaac?—, dijo Derek, casi disfrutándolo. —Me molesta un poco ser fugitivo pero lo que resta. Me gusta. —Suficiente. Me largo. Una perra rabiosa y un fugitivo. ¿Qué falta? ¿Boyd un secuestrador de niños? ¿Scott un traficante del mercado n***o?—, escupió con sarcasmo, ya bastante fastidiada. No entendía ni la mitad de lo que estaba pasando y eso, en cierto sentido, le molestaba. Erica, al escuchar sus palabras, se adelantó en su dirección. La castaña solo la miraba con burla. Antes de que se acercara más a ella, Derek le dijo algo lo suficientemente bajo como para que nadie lo escuchara, a excepción de la rubia. No escuchó, sin embargo pudo leer los labios del hombre: "No la toques". —Esperen. No creo que sea justa esta pelea—, habló Scott, sosteniendo a su amiga por los hombros, intentando evitar casi inútilmente que se lanzara a pelear con la rubia. —Entonces, sigue a tu amiga. Vuelve a casa, Scott—, se burló el hombre. Disfrutando ver la cara de terror de Scott. Sin más, los chicos empezaron a caminar en su dirección, amenazantes. Mientras Derek solo observaba. —Era a ustedes a quien me refería—, dijo. De sus manos salieron garras afiladas, de sus dientes, grandes colmillos. Sus ojos brillaron de color amarillo, y su cara se distorsionó a una completamente diferente. Scott gruñó amenazante hacia los jóvenes que se acercaban. —Hijo de...- me voy—, se alejó, intentando seguir su camino hacia la salida. Vio a Derek obstruir el paso. Caminaba en su dirección dispuesta a irse cuando sintió un fuerte empujón que la envió hasta el otro lado de la pista. Miró a la autora de tal empujón, hallando la cara victoriosa de Erica. —Ahora sí estás muerta—, se levantó con rapidez, esta vez ignorando el estar parada en hielo. Esa fue la gota que colmó el vaso. Guardó sus gafas en uno de los bolsillos de la chaqueta que usaba. Corrió a la rubia, quien la esperaba casi con los brazos abiertos. Tomó el delgado cuerpo de Erica entre sus brazos y en un empujón la tiró al piso. Pasó ambas piernas a los costados se Erica, y con los puños cerrados empezó a golpear su cara. Recibía golpes de ella también, sin embargo, no eran tantos como los que ella le brindaba. Al cabo de un rato golpeando su cara, se levantó de encima de la rubia y pateó su estómago. Seguidamente la empujó como si se tratara de un disco de hockey, haciendo que su cuerpo casi inconsciente se deslizara hasta Scott. Tomó una inspiración, acomodó su ropa y su cabello. Ignoró el sabor metálico en su boca y la sangre que escurría desde su nariz y reanudó su camino hacia la salida. Puso nuevamente sus gafas, aclarando todo a su alrededor. Scott seguía ocupado con los dos chicos quienes le seguían dando pelea. Derek parecía entretenido, por tanto asumió que saldría sin problema del lugar. Entonces sintió dos manos fuertes tomarla de los hombros, impidiendo su salida, miró al dueño de las mismas. Derek. —Suéltame—, habló furiosa. Él estaba a corta distancia de ella. A tal distancia, se pudo fijar en las facciones del hombre que impedía su salida; era alto, le estimó 1.82m, cabello n***o, una barba oscura que empezaba a crecer, nariz delgada, labios finos, ojos verdes... ¿o rojos? —No sé que sean, tampoco me interesa. Pero creo que no es justo que un hombre mucho mas fuerte que yo y seguramente también con poderes como ellos. Se enfrente a una humana. Así que, déjame ir o te partiré la cara, así me cueste la maldita vida—, amenazó, respirando pausadamente, intentando mantener la calma. El hombre frente suyo sonrió. Cargado de burla. Y, en la mitad del tiempo que la sonrisa creció en su rostro, la misma desapareció. —Tu no...- Scott interrumpió al chico. Este quitó sus manos de los hombros de la muchacha y se fijó en el joven. —No lo hace por ustedes. Se trata de él. Les hace creer que les da un regalo cuando en realidad sólo los convierte en sus perros guardianes. —Es cierto. Se trata de poder. Y el hombre se alejó de ella, caminando hacia Scott. Él sacó sus garras, también colmillos, sus ojos brillaron rojo intenso. —Es mi momento—, y sin más salió huyendo de la pista. Escuchando a sus espaldas gruñidos y golpes. -V
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