—¿Tu...?
—Yo.
—Tu.
—Yo...—, Peter sonó cansado.
—Y yo. Bonito día, ¿Cómo están?
Pasó por el lado de Lydia, adentrándose en el apartamento, ignorando la guerra de miradas que sostenían ellos dos.
—Derek, tenemos una visita—, Peter gritó hacia el interior, refiriéndose a Lydia, obviamente; pues a decir verdad, era como si la teñida ya viviera allí.
En cuanto vio a Derek no dudó en enredar sus brazos alrededor de su cuerpo. Queriendo sentirlo cerca, sentir su olor, ver sus ojos. Enterró la cara en el hueco del cuello del alfa, queriendo guardar en su memoria su olor.
Sintió las manos pesadas de Derek ubicarse en su cintura, apartándola un poco. Juntando sus miradas.
—¿Estas bien?
¿Solo eso? Un maldito "¿estás bien?". No, Derek, no estoy bien, pasé la noche preocupada, sintiendo un dolor inimaginable.
—Dolía. Mucho. Duele—, se corrigió casi de inmediato. Tomando la cara de Derek entre sus manos—. ¿Qué pasa?
Miró al muchacho a los ojos, intentando averiguar algo, ver lo que sea que su mirada le dijera. Analizó sus facciones, el seño fruncido como de costumbre, una mueca seria y firme.
Vio que él cerró los ojos, y cuando los volvió a abrir estos se iluminaban de un color azul brillante.
Era un beta. Dejó de ser un alfa.
Lo abrazó nuevamente, sintiendo esta vez los brazos de él enredarse alrededor de su abdomen con necesidad. Con la necesidad de estar cerca del otro. Él le susurró, con voz calma, lo qué había pasado.
Salvó a Cora, renunciando a su poder. Sabiendo que podría morir en el intento.
Él la arrastró hasta el sofá de la sala, donde -prácticamente- la obligó a sentarse sobre su regazo.
Cualquier ápice de enojo hacia Derek había desaparecido. Pero es que ¿con qué derecho se enojaba con él por besar a Jennifer, cuando Calvin la besó a ella y no hizo nada para detenerlo? Aquel enojo que llegó a sentir en su momento, ahora le parecía absurdo, estúpido -se sentía estúpida. Estúpida y llena de culpa, por haberlo tratado como el peor ser en la tierra, por haberse distanciado.
O, bueno, así lo veía ella.
Pero, tenía razón. Aquel recuerdo borroso, la noche del recital, la noche que Calvin la besó, recordó haber pensado en Derek instintivamente.
Siempre iba a ser él. Solo él.
Enterró su cara en el cuello de Derek nuevamente. Esta vez no siendo apartada.
Sentía los dedos de Derek acariciar la piel de su cuello, su clavícula, a veces pasaban sobre la marca plateada que yacía en su piel.
Se preguntó si la marca se borraría, pues Derek había renunciado a ser un alfa. Pero, a juzgar por la apariencia, no sería así.
Escuchó a Lydia hablar, luego a Peter, a veces escuchaba a Cora. Como un recordatorio de que no estaban solos en la sala.
—¿Cómo que no saben dónde es? Pero Stiles dijo que han estado ahí.
—Eso es verdad. Pero después de un par de memorables experiencias ahí, Talía, la madre de Derek, mi hermana mayor, decidió que no quería que volviéramos allí nunca. Sabía lo peligroso que era, así que nos quitó el recuerdo de su ubicación a ambos.
Una chispa se encendió en su interior. En su mente se repetía la frase de Peter. Nos quitó el recuerdo, nos quitó el recuerdo.
—¿Y cómo se supone que vamos a encontrarlo?
Notó a Peter hacer un asentimiento bastante extraño. Se sentó con la espalda erguida, Derek no objetó nada al respecto, solo abrazó con más fuerza su cintura, dejando reposar su otra mano en la pierna de la teñida.
Hay una forma, entonces, de recuperarlos, debe haberla. Una mujer lobo les quitó el recuerdo de la ubicación del Nemetón. Una mujer lobo, un ser sobrenatural. ¿Y si eso me pasó a mí?
( . . . )
—Debe estar sobre una corriente telúrica, o tal vez sobre la unión de dos, o donde todas se cruzan. Yo... sólo sé que es donde Derek llevó a Paige a morir.
El recuerdo borroso y difuso de Peter narrando la historia de Derek y Paige apareció en su memoria como un recordatorio de quién era a quien se refería Stiles.
—Mi papá y Gerard fueron allí una vez, pero Gerard no podía recordar dónde estaba. Y obviamente mi papá no está aquí para decirnos.
—Sí, ni el mío.
—Nuestro—, corrigió, sentada sobre una mesa metálica, balanceando sus pies en esta.
—¿Cómo vamos a encontrarlo?—, Isaac preguntó, manteniendo su vista fija en un punto muerto en frente suyo.
Se mantuvieron en silencio.
—Hay una manera. Pero es peligrosa. Necesitamos a Scott—, habló Deaton.
( . . . )
—Scotty. Hola, amiguito. Cuánto tiempo, cómo te trata la vida... —, sonrió, viendo entrar al muchacho.
Habían cuatro tinas metálicas, dispuestas en fila, llenas de agua, hielo y algunas hojas de muérdago.
Si bien ella había ayudado a prepararlas, no se preguntó el por qué habían cuatro tinas.
—Muéstrame. ¿Qué trajiste?
Stiles, Scott y Allison juguetearon con algo en sus manos, ninguno queriendo hablar.
—La placa de papá. Jeniffer la aplastó con la mano... así que... intenté arreglarla con el martillo. No se ve bien, pero...-
Escuchó la voz de Stiles temblar, sintió su corazón hundirse en su pecho.
—No tiene que lucir bien si significa algo.
Allison tenía una bala de plata, hecha por el señor Argent -como algo ceremonial. Scott tenía un reloj de pulso que era de Melissa, un regalo hecho por el padre de Scott a la mujer.
—¿Valeska?
—¿Perdón, qué?
—¿Qué trajiste?
—No sé si lo notaron pero yo no he salido de aquí.
Entonces la cuarta tina era para mí. Qué idiota.
—Pero tengo algo—, bajó la mirada a su mano escondida en uno de los bolsillos de su pantalón.
Quitó el robusto anillo plateado de su dedo pulgar. Jugueteando con él. Era muy sencillo, un simple aro... bueno, era algo alargado, parecía un tubo pequeño.
—"Inmarcesible"—, leyó la inscripción dentro aro metálico. Ganándose una mirada llena de duda de parte de todos en la sala. Incluyendo a Derek—. Calvin se lo regaló a mi madre una de las veces que estuve ingresada en el hospital. Ese hijo de puta creyó que yo iba a morir. Y se lo regaló diciéndole que incluso tras mi muerte, ella jamás se dejaría de ver como la más bella de las flores, y que jamás se marchitaría. Cuando mi madre me corrió a patadas de San Francisco, me lo regaló. Pensó que sería algo bonito, o dulce, porque, bueno, ella siempre amó este anillo... incluso más que a mi.
Explicó. Sintiendo esta vez la mirada de pena de todos. De lástima.
—No. No soy un maldito cachorro. No quiero su lástima.
—Bien. Ustedes van a entrar. Nosotros los vamos a sostener, hasta que estén... bueno, pues... muertos.
—Alentador—, tragó saliva con fuerza, cruzando sus brazos sobre su pecho.
—No se trata solo de sostenerlos. Se trata de alguien que pueda regresarlos, alguien que tenga una conexión fuerte con ustedes, un lazo emocional.
El ambiente era tenso. Lúgubre. Como para un funeral. Pero bueno, iban a morir, qué podía esperar.
Allison le sonrió a Lydia, asumiendo que sería la pelirroja quien sostendría a la cazadora.
Ella, por su lado, lo tenía claro. Era más que obvio. Derek, Derek, repitió mentalmente. Con Deaton solo hablaba para consultas sobre lo sobrenatural; Lydia, bueno, era su amiga, pero hablaban poco; y Isaac, bueno, al parecer siempre que hablaban era para insultarlo o burlarse de él.
Y, Stiles también ingresaría en una tina. Por lo que ni siquiera era una opción.
Solo quedaba Derek. Y era obvio que él era su vínculo. Nada más tenían que mirar el cuello de la teñida para saberlo.
Stiles bajó la mirada. Sabía que estaba aterrado.
—Lydia, ve con Stiles—, ordenó Deaton.
-V