Capítulo 4

1911 Palabras
¡Maldita Sea! Maldito teléfono que no deja de timbrar. Me levanto arrastras de la alfombra. —¡Maldición!– Que dolor de espalda, cabeza, extremidades, mejor dicho que puto dolor de cuerpo. Cojo mi teléfono de la mesa, abriendo un ojo para ver quien llama tan temprano. "Chimpancé" ¡Oh no! El jefecito. ¿Qué hora es? 7:30 am Me siento el sillón, sujetando mi cabeza antes de contestar. Doy un suspiro largo. —Buenos Dias– ¿demonios esa es mi voz? —Buenos Dias, la necesito en mi oficina en 30 minutos– —¿Treinta minutos?– pregunto —Si– dicho esto cuelga. Doy una sonrisita idiota viendo el teléfono... Salgo corriendo hacia las escaleras. —Jodido Jefe– Como milagro del cielo, en 10 minutos estoy lista. Aunque el dolor de cabeza puede ser muy estresante. —Maldición ¿en que me voy?– El auto de Jess quedo en el bar y el mío sigue en el aeropuerto. —¡El público!– Cojo unas gafas de sol de Jess y me las coloco no me queda tiempo ni de comer algo. Corro a toda velocidad para alcanzar el bus. Tengo solo 10 minutos para llegar. Entro casi volando en el aeropuerto por suerte está casi vacío. Saludo a todos de manera rápida mientras corro en dirección a la oficina de Maximilian. —¡Buenos Días!– grito entrando a la oficina de golpe. Maximilian me da un mirada furiosa, me analiza cuerpo completo, mi rostro es un desastre no se diga de mi cuerpo, tengo la respiración entrecortada, posiblemente esté a punto de caer muerta, pero quien no, con toda una terrible resaca he hecho todo un record de la casa hasta aquí. —¿Es esa su manera de entrar en la oficina de alguien y sobre todo tarde?– Se levanta de su asiento. Ignoro su pregunta. —Buen Día jefe. ¿En qué puedo servirle este día?– Espero una respuesta como. Oh querida Aisha tomate la mañana y ve por un café o dos para que baje la resaca que cargas. Pero sería mucho pedir. —Vamos, tengo una reunión con inversionistas– Nada es como lo que pensé. Pasa por mi lado, con un largo suspiro lo sigo. Cabrón. Eso es lo que es un cabrón malhumorado. ¿Acaso no se da cuento de lo mal que estoy? Aunque en todo caso estaría en todo su derecho de mandarme a la mierda por venir al trabajo así. La cabeza está matándome, necesito un café o dos pero ahora. La santa camioneta esta frente a nosotros. Mi auto, quisiera ir por mi auto. —¿Puedo ir en mi auto? Aunque quizá ya lo se lo ha llevado la policía tiene tres días aquí– —Aún sigue aquí, acaso cree que dejaría que se llevaran un auto de mi aeropuerto– —¿En serio? Gracias jefecito– Bocazas. —Digo jefe– —Entre– Me abre la puerta de la camioneta para dejarme entrar, es la primera vez que lo hace, que interesante. Como llevo las bendecidas gafas oscuras aprovecho para cerrar los ojos y dar un sueñito rápido. No tardó mucho en quedarme dormida. ............................................................................................................................................................. Aisha Lauren. Ese es el nombre de la chica que por el momento es mi dolor de cabeza aunque ella no lo sepa. Desde que choco mi auto no he podido sacárla de mi cabeza tanto que la hice firmar un papel. Mi coche no tuvo ningún daño, solo un pequeño golpe que no significo nada, pero no puedo hacérselo saber. Hay algo en ella que hace no querer alejarla. Hoy por la mañana ha entrado en mi oficina casi ahogándose, trae una resaca notoria. No logro entender porque esos pantalones, tenis y camisetas normales me parecen atractivos en ella. Ahora que lo recuerdo le pedí a mi departamento de relaciones que contratara a una mujer poco atractiva que se vistiera mal, para poder evitar posibles situaciones sexuales. El hecho es que aunque Aisha se vista de esa manera se ve sumamente atractiva. Esta recostada en mi hombro se ha quedado dormida, la observo detenidamente, tiene los labios rosados entre abiertos, su pecho cubierto por una sudadera, sube y baja rítmicamente. Aunque trae gafas oscuras puedo ver sus largas pestañas. Tiene unos ojos un tanto irreales, cuando la conocí aquel día en la calle creí que se trataba de los llamados "Lentes de contacto" pero cuando la tuve frente a mí en mi oficina pude ver lo reales que son. Tiene novio. No entiendo por qué pero me molesta, ayer la vi besarse con ese tipo y lo único que quería era apartarlo de ella, seguramente ha sido con él con quien se ha emborrachado hasta ya no poder. Llevo alrededor de 30 minutos viéndola dormir. ¿Por qué lo hago? No tengo idea. Se remueve en mi hombro bostezando. Se aparta de mi de manera rápida. —Maldición, disculpe jefe es solo que... ¿ya hemos llegado?– pregunta. Me quedo observándola, se ha despeinado y se mira graciosa. De manera impropia levanto mi mano para alcanzarla y acomodar un mechón que le tapa el rostro. Ella se sorprende pero no dice nada, me sorprende que no se ponga nerviosa algunas de las mujeres con las que he salido solo con que las vea se ponen nerviosas. —Venga conmigo– salgo del coche seguido de ella. Estamos en una cafetería, en realidad no tenía ninguna reunión solo quería molestarla despertándola temprano, pero nunca me imaginé que estaría con una gran resaca. —¡Una cafetería!– Extiende los brazos gritando, luego baja lentamente sujetándose la cabeza. Me divierte, ella siempre me divierte. —¿Cuanto bebió ayer?– pregunto. Se da la vuelta en cuclillas. Parece un conejo. —No me acuerdo– gruñe. ¿Esta molesta? —¿Tiene alguna reunión, en la que tengo que estar viéndolo comer e injustamente no recibo ni un triste vaso con jugo?– entrecierra los ojos. Quiero reír pero me contengo. —Venga, entremos que tengo hambre– le digo. Se levanta de golpe emocionada. —Queremos comer... queremos comer... queremos comer...– tararea caminando hacia la puerta. Una sonrisa se me escapa. Que está sucediéndome con esta chica. Estoy siendo dominado inconcientemente por una chica de 20 años. Entro a la cafetería tras de ella. Se quedá parada en la puerta. ¿Esta esperándome? —Jefe, ¿en dónde quiere sentarse?– No me importa, solo quiero comer contigo. —Al fondo por la ventana, siéntese enseguida llego– Me da una sonrisita y se va dando saltitos. Parece una niña o es el simple hecho que le darán comida. —¿Qué deseas guapo?–  Contengo un suspiro frustrado. ¿Acaso todas las mujeres son iguales? ¿Coquetas e Insinuadoras? —Tres cafés, dos con leche y vainilla y el otro americano cargado– Le doy una sonrisa cortes. Asiente tomando la orden. Mi ingles esta mejorando, desde que Aisha me llamo chimpancé he practicado más a menudo. —¿Algo de comer?– ¿Que es lo que le apetecerá?. —Dos desayunos americanos, por favor– Le extiendo dos billetes. —Puede ir a sentarse con su hermana, ya llevaremos su orden– me guiña un ojo. ¿Hermana? De todo lo que pudo haber dicho, ¿tuvo que decir hermana? ¿Me veo viejo? Me doy la vuelta dejándole el cambio. Camino hacia la mesa donde esta Aisha con la frente pegada a la mesa. ¿Es siempre tan despreocupada? —¿A qué hora se ha dormido? No para de dormir en el primer lugar que caiga– Levanta la cabeza con la servilleta pegada en la frente. Se la quita y me deja ver esos preciosos ojos que tiene. Se ha quitado las gafas. Enhorabuena, puedo disfrutar de ese color de ojos espectacular que tiene. —¿Y bien?– inquiero. —A las 4 de la madrugada– frunce el ceño. ¿Solo ha dormido cuatro horas? Con razón esta así de jodida. —¿No tiene usted consideración de su salud?– ¿Habrá pasado algo mas con su novio? ¿Tanto que no pudo dormir nada? La idea me enferma y no entiendo por qué razón. —No me riña ya me siento lo suficiente jodida he dormido en el suelo– gruñe. ¿En el suelo? ¡Madre Santa! ¿Acaso lo han hecho en el suelo? Que poco convencional. —¿Hubo mucha actividad ayer?- las palabras salen sin querer. —Me he divertido de lo máximo– se muerde los labios. El mesero se acerca con nuestra orden. Aisha le da una mirada que logra sonrojar al chico que se queda con la boca abierta mientras deja la comida en la mesa. —Que hermosos ojos– susurra. Aisha no logra escucharlo porque está atragantándose con el café. —Cuidado se va a quemar– riño. Le doy una mirada al mesero que logra intimidarlo porque se retira. —Que amargo, Dios mío– Al principio creí que me lo decía a mí, pero hace una mueca alejando el café. —¡Americano! Odio el café americano– gruñe. —Tenga, pruebe este– Le entrego uno con vainilla, lo toma y lo bebe gustosa. Un punto para mí. Comienza a devorar el desayuno a toda velocidad, tanto que me preocupa que se atragante. —Hablemos de usted– digo. Me mira frunciendo el ceño. Tengo curiosidad de saber de su vida. —Cuénteme de su familia– insisto. —Tengo un hermano James es corredor de F1, se ha ido a Italia para competir en el Grand Prix el próximo año, él quería que nos fuéramos a vivir con él a Italia pero no me agrado la idea, así que con Jess decidimos mudarnos aquí a Londres.– Enhorabuena que no se haya ido, porque no hubiera tenido él placer de conocerla. —Hábleme de su compañera de piso– —Más que mi compañera es como mi hermana, sus padres murieron junto a los míos en un accidente cuando teníamos 15, James la adopto y nos cuidó a ambas– —Lo siento, lo de vuestros padres– —No se preocupe– se encoge de hombros. Le da un trago a su café y yo hago lo mismo. —¿Y usted?– me mira. ¿Yo? —Hábleme de usted, Señor Kirgyakos– No hay nada que se pueda decir de mí. —Mi familia vive en Atenas, tengo hermanos gemelos. Aparte de las aerolíneas tengo una empresa de construcción en Grecia e Italia– Pronto también aquí en Inglaterra. Me da una mirada intrigante. —¿Tiene novia?– entrecierra los ojos. ¿A que viene eso? ¿A lo de Cassandra? Ayer en el aeropuerto. —No Señorita Lauren, no tengo novia– frunce el ceño. —Creí que la mujer de ayer era su novia aunque no parecía su tipo– —¿Cual según usted es mi tipo?– me intriga. Se pasa la mano por la mejilla pensando. —No lo sé, alguien que pueda aguantar su humor quizá– Sonríe y por un momento le sonrío también. Termina el desayuno rápido. Saca su celular lo chequea pero le deja en la mesa. —Iré al baño, ya regreso– Se levanta y se aleja. Segundos después su celular suena, doy una mirada hacia atrás y lo cojo. "Chazz" Ah el niñato que tiene por novio. Cuelgo la llamada y lo dejo en su lugar. —¡Regrese!– —Vamos ya, quiero que traduzca unos documentos a ingles, después podrá ir a casa– Asiente mientras toma su celular. Observo que lleva algo en la mano, un papel doblado. —¿Qué es eso?– pregunto señalando su mano. —¿Mi mano?– Ruedo los ojos. —El papel– digo. —El mesero me ha dado su número de teléfono– Se coge de hombros, ya sería el segundo que le da su número desde que la conozco. —Démelo– ordeno. Ella lo hace sin rechistar. Lo cojo y lo meto en mi pantalón. Camino delante de ella. Siento su mirada en mi trasero y sonrío sin que me vea. Desde mi escritorio la veo trabajar en la pequeña mesa, lee y transcribe en la tableta, está concentrada aunque trate de evitarlo siempre me encuentro observándola. —Jefecito, ¿podría dejar de verme? Si le gusto solo dígalo– Su contestación me pilla por sorpresa. —¿Quien dice que la estaba viendo?– ataco molesto. Rueda los ojos y sigue con lo suyo. Tararea una canción que desconozco, canta muy bien, me gusta pasar tiempo con ella. —¡Termine!– se levanta de la silla con una sonrisa. Supongo que tengo que dejarla ir. —¿No se le ha quedado nada?– Quiero que se quede pero no tengo más trabajo para ella. —No, pero si no quiere que me vaya solo pídalo– arquea una ceja. —Señorita Lauren, puede retirarse– Me da una sonrisa, mientras coge sus cosas. —Llame si me necesita– Asiento despidiéndole. Comienzo a leer otros informes de nuevo avión que llega mañana. "Si le gusto solo dígalo" Sus palabras vienen a mi mente.  ¿Me gusta? Sera solo espontaneidad lo que me atrae. ¡Tiene novio! Maximilian no olvides que tiene novio. Sacudo mi cabeza borrando esos pensamientos, trabajo es trabajo. Empleados son empleados.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR