Khojin se tensó en cuanto vio a la emperatriz frente a ella. La situación era comprometedora; una comandante mongola hablando con el líder de una peligrosa organización de guerreros. ¿Qué podía pensar la emperatriz? Que estaba tratando de convencer a Bore Tseren de respalda a los mongoles.
—Su alteza —saludó Khojin mientras agachaba ligeramente su cabeza—. Puedo sonar osada con lo que le diré, pero no podía quedarme dentro de sus habitaciones. Comprendo que se preocupa por mi salud, pero ya me he recuperado.
—Comandante, lo hice por su seguridad.
—Y se lo agradezco, pero no soy prisionera en este lugar, ¿no es así?
La emperatriz se quedó en silencio por un momento. estaba pensando en cómo solucionar el problema recurriendo a la diplomacia y así evitar más problemas entre su gente y mongoles.
—Tienes razón, comandante —aceptó finalmente—. No eres una prisionera en este palacio. A partir de ahora, puedes salir del palacio y recorrer Chang´an. Pero, sigo sin entender qué hace Bore Tseren aquí.
Altai tegim se inclinó ante la emperatriz.
—Su alteza, debe saber que el joven amo Qinhao me ha invitado al palacio y justo ahora venía a visitarlo, pero me he perdido en este inmenso lugar. Si la ofendí, me disculpo, su alteza imperial.
La emperatriz le observó con intensidad. En sus ojos, se notaba que no estaba nada convencida.
Khojin sentía su corazón latir aceleradamente. Algo era seguro; la emperatriz no se había tragado esa excusa.
—Bore Tseren, estas muy lejos de la residencia del joven Qinhao. Dejaré que una de mis doncellas te lleve.
—Claro.
[…]
Khojin esperó ansiosa la llegada de un nuevo día. Era algo innegable que le resultaba inmensamente atrayente la idea de saber más sobre el tegim… incluso más que la protección de su campamento o la fortaleza Yuezhi.
El día pasaba con lentitud, ella no sabía ni siquiera en qué momento iba a verse con Altai. Estaba impaciente, peor su larga espera se terminó cuando anocheció. En ese momento, ya Khojin había perdido la esperanza de que Altai enviara a alguien por ella. Pero una pequeña niña llegó a su residencia temporal.
—Señora, mi amo me ha dicho que la oriente, ¿está lista?
Khojin asintió.
Luego de salir del palacio imperial, ambas caminaron por las calles de Chang´an hasta llegar a una especia de tienda de telas. Observó a su alrededor y notó como un hombre se escondía tras una carreta llena de sombreros. ¿Acaso la emperatriz estaba tras eso?
Khojin trató de sacar ese pensamiento de su cabeza. Se detuvo y observó el lugar, ¿era ese el lugar que había escogido Altai?
—¿Aquí está Bore Tseren? —preguntó a la niña.
—No, la orden que dio fue traerla aquí primero.
—¿Una tienda de telas? —preguntó confundida—. ¿Por qué aquí?
La niña se quedó callada. No sabía qué responderle.
Al final, Khojin entró a la tienda con tal de esconderse de quien la estaba siguiendo desde lejos.
—¿Qué haremos aquí?
La niña le indicó seguirla tras tener una pequeña conversación con la dueña del negocio. Luego, ambas entraron a una habitación contigua a la tienda.
—Señora, póngase este traje —indicó la niña mientras le mostraba una túnica azul estilo c***o—. Mi amo dijo que es mejor que usted no llame la atención.
Khojin asintió y empezó a desvestirse tan rápido como pudo y luego la niña empezó a ayudarla a ponerse la otra ropa. Antes de salir de la tienda, la muchacha le hizo desatarse la trenza y luego le acodó el cabello en la coronilla de su cabeza, traspasándolo con una horquilla blanca de jade.
—Está lista, señora.
Después de eso, Khojin le ordenó que saliera primero de la tienda y que la esperara unos metros más adelante. Todo lo hacía con el fin de evadir a la persona enviada por la emperatriz. Ahora, las cosas se ponían más difíciles si se tenía en cuenta la desconfianza de la emperatriz.
Finalmente, tras su estratagema, logró llegar hasta el sitio escogido por Altai. Al admirar la fachada, pudo notar que había un gran letrero que llevaba escrita la palabra MingYue.
—Esto debe ser una broma.
Khojin entró a la corte MingYue en compañía de la niña, quien poco después, desapareció. Por el lugar muchas mujeres vestidas con bonitos y coloridos trajes de seda paseaban de un lugar a otro.
Altai estaba desquiciado.
Finalmente, entre la gran cantidad de mujeres logró ver a lo lejos la figura de Altai, quien estaba sentado en al lado de un pequeño biombo con dibujos de montañas, estaba observando hacia un lugar lejano.
Sentado allí, se veía como una persona solitaria y abandonada. Se notaba muy vulnerable.
—Altai tegim, ¿Cómo osaste traerme hasta este lugar? —dijo para llamar su atención. Lo observó luego de sentarse junto a él y tomar un corto trago de vino de ciruela. Su mirada no era acusatoria ni de reprensión, pero si muy desafiante.
Altai sonrió levemente. Era justo la reacción que él esperaba de parte de ella.
—Es un lugar discreto —se limitó a decir mientras sonreía ladino—. Además, ¿no somos tú y yo dos caballeros que vienen a disfrutar del arte y la música que nos ofrecen las bailarinas?
—Si fuese un hombre, me empeñaría en buscar una mujer hermosa para que tocara la citara mientras hablamos —indicó suavemente mientras entrecerraba los ojos—. ¿Por qué no llamas a una de esas señoritas?
Estoy convencida de que podría ser una buena entretención para ti, Altai tegim.
Altai negó mientras en silencio se servía vino en su pequeña copa de porcelana. Luego, alzó la mirada y le sonrió otra vez. Estaban nuevamente separados, ella se había movido hacia su propia mesa. Sonreía con sorna sentada sobre la almohadilla.
—Es una lástima, Khojin —inició—. Hoy tenemos muchas cosas de las que hablar y no podemos perder el tiempo con las señoritas de esta amable corte.
—Eso es bueno.
—Bueno, lo que necesito de ti es algo un poco complicado, pero no difícil de cumplir.
—Soy todo oídos —concedió con una sonrisa.
—Ya que estás quedándote dentro del palacio imperial puedes acercarte a una de las hijas del emperador, específicamente a la princesa Pingyang.
—No he escuchado sobre esta princesa —contestó—. Tampoco me queda fácil saber en donde ella puede vivir. Es muy amplio este lugar y a las residencias reales no suelen entrar desconocidos.
—Lo sé, pero podrías pedirle a la princesa Khutulun que te ayude. Tal vez, mediante ella puedes llegar a la princesa Pingyang. Esto es lo único que se me ocurre, pues es muy difícil acercarnos a la estirpe del emperador.
—¿Para qué quieres que me acerque a ella?
—Bien, es importante convencerla para que nos ayude.
—¡Es una princesa, la hija del emperador! —exclamó—, ¿Cómo puede colaborar contigo? La lealtad es primero para ella.
—Respóndeme, ¿serías leal a alguien que solo humilló a la persona que te dio la vida? El emperador le quitó la inocencia, la juventud y la belleza a la madre de la princesa. A la consorte Wang, la desechó cuando no le resultaba útil. Dime Khojin, si fueses la princesa Pingyang, ¿no estarías resentida con el emperador?
Khojin no supo qué responder en ese momento. Un nudo doloroso se había instaurado en su garganta. Ella misma había visto el abandono de su propio padre con una de sus hermanas y la manera en la que la había separado de su madre. Su hermana Alimceceg había crecido con un rencor hacia su padre. Sin embargo, Khojin no podía saber cómo se sintió exactamente el abandono cuando no fue ella quien lo padeció.
—No sé si estaría resentida con mi padre, pues nunca me maltrató de esa manera. Pero otras personas sí me causaron mucho daño hasta el punto de quitarme mi hogar. Soy la hija del Khubilai ilk junto con una mujer mongola y sé lo que es ser desplazada por aquellos que al igual que uno llevan la misma sangre —respondió en un susurro. Sus ojos se iban apagando a medida que la luna desaparecía entre la nubosidad oscura—. No puedo apelar al odio, Altai. Si quieres que te ayude, deben ser bajo mis condiciones. Esta vez, trataré de lograr lo que quieres utilizando la razón y el perdón. Todos en esta vida merecen la redención.
Altai quedó en silencio, pues en su mente se repetían las últimas palabras de Khojin. ¿eran difíciles de creer? Lo eran, más cuando él mismo era defensor de que todo lo malo debía cobrarse sin falta.
Muy bien sabía que lo más difícil no era redimirse, sino lograr ser redimido y perdonado. Cuando los daños eran irreparables, lo único que lograba la redención era la muerte.
—Temo que no pensamos lo mismo, Khojin —respondió tras el silencio—. Pero dejaré que manejes las cosas como tú quieras.
Khojin asintió. La tensión del momento se iba aligerando. De repente, el zumbido de los cantos femeninos y las notas de la cítara china cobraron relevancia en aquel mismo momento. Se escuchaba relajante y atractivo. Ella nunca había disfrutado de esa música.
—¿Por qué este lugar se llama MingYue?
—Porque la bailarina de mayor estatus de esta casa lleva ese nombre.
Khojin rio al verle sonrojado. Era extraño en él.
—¿Cuán difícil es conseguir que ella toque la cítara para nosotros?
—Es muy difícil —respondió mientras reía.
Khojin tomó la jarra del vino y sirvió un poco en su copa, pero no bebió de ella. Tan solo hacía eso para ganar un poco de confianza, pues aquel líquido le parecía asqueroso. Aún conservaba el sabor añejado en su boca del anterior sorbo.
—Altai, ¿qué hay del señor Silun? —preguntó—. ¿Quién es él y por qué está contigo?