Capítulo 26

1205 Palabras
Khojin se despertó sintiéndose mareada. Se asombró al ver que ya no estaban en el bosque, sino que estaba dentro de alguna edificación… Por alguna razón, aquel lugar se le hacía conocido. De repente, frente a ella vio el rostro de una muchachita. —¡Dagasi! —chilló alegre. La muchacha le sonrió ampliamente. Las familias mongolas de la estepa mantenían una relación agradable, pues sabían que compartían el mismo ancestro. En el caso de los Routan, ellos habían prometido lealtad al gran khan Eljigin debido a su ubicación codiciada por los pueblos túrquicos. Las tierras Routan eran ricas en el hierro, sus minas sacaban toneladas del metal cada mes. Khojin había tratado con aquella gente. Los conocía por nombre y ellos a ella la respetaban. La hija menor del rey Routan, la que hasta en ese momento no había sido titulada como princesa debido a su corta edad, estimaba demasiado a la comandante Yuezhi por sus logros en la guerra. —Deberías llamarme “princesa” —corrigió risueña—. Padre dijo que pronto me hará princesa… Sabes, ya hace meses que cumplí catorce. —Creces muy rápido —dijo mientras le sonreía—. ¿Dónde está el rey? —No importa donde está él. Lo único relevante aquí es que estás viva gracias a ese guardaespaldas tuyo —dijo Dagasi—. El medico te ha curado la herida, ya estás bien. Khojin sonrió levemente. —¿Guardaespaldas? —se burló—. Él es Bore Tseren, el líder de la liga ese erudito de la corte del emperador, que me obligó a saltar por el precipicio. Dagasi se levantó apurada y salió corriendo de la habitación. Khojin podía adivinar qué era lo que ella iba a hacer. Sin embargo, estaba muy segura de que no iba a encontrar nada. Efectivamente eso sucedió. La hija del rey Routan regresó con ella, pero presa del mal humor. —¿Qué te sucede? —preguntó Khojin. —¡No está por ningún lado! —respondió enfadada. Khojin sonrió. —Se tuvo que haber ido —contestó tranquila—. Solo piénsalo, en algún momento iban a descubrir que él no era mi guardaespaldas. Mientras todos estaban pendientes de mí, él aprovechó para marcharse sin siquiera ser notado. Dagasi frunció el ceño y cruzó los brazos sobre el pecho. Se notaba frustrada. —¿Por qué te salvó? —interrogó Dagasi—. Se supone que le beneficia matar al enemigo… A ti. Khojin desvió la mirada. No quería que aquella muchachita se enterara de algo más. Pues, de nada le serviría que todos en la estepa supieran que Bore Tseren tenía una relación estrecha con ella. —Tal vez es una estrategia —se limitó a responder. En ese momento, Khojin recordó la razón por la que había saltado al vacío. De inmediato, buscó el sello que había guardado en su ropa. Se asustó por un momento, pues pensó que Altai se lo había llevado. Sin embargo, allí estaba, en su bolsillo. Dagasi se removió inquieta en cuanto vio el objeto. —¿Qué es? —preguntó la muchacha—. Luce extraño. Khojin ignoró la pregunta. No le convenía ventilar que tenía el poder militar de los chinos en sus manos. —Debo irme —contestó después de un momento de silencio—. Debo regresar con rapidez. —¿Cómo se te ocurre? Mi padre envió un mensaje al gran khan, le dijo que estás herida y que deben venir a buscarte… Además, mi hermano no te ha visto, y sabes que mi hermano Kashi muere por verte. —Tu hermano es un hombre casado. Dagasi negó. —Su esposa murió hace pocos meses… Fue una lástima, porque estaba embarazada. Khojin la observó sin saber cómo responder lo que le decía. Al final, carraspeó ligeramente para aligerar la incomodidad de la conversación. —Lo siento —respondió—. Pero me tengo que ir. Dagasi se echó a un lado para como Khojin se levantaba con dificultad del lecho. Se mordió las uñas con nerviosismo. Ninguna de las dos volvió a hablar. Luego de un rato, Khojin notó que alguien había entrado a la habitación. Se dio la vuelta para saber quién era y al ver que era el rey Routan se inclinó levemente para saludarlo. —¿Qué haces de pie? —preguntó el hombre mientras la miraba enojado—. Debes descansar, el gran khan ya debe saber que estás conmigo. Khojin le sonrió ligeramente. En realidad, deseaba quedarse a descansar un día más, pero hacerlo significaba más cosas negativas que positivas. —Su majestad, debo irme. Me escapé del campamento del gran khan y no quiero hacerlo enojar más… Debe saber que, ya no gozo del mismo prestigio que antes. El rey Routan la observó confundido, pues no sabía si debía escucharla y dejar que se fuera. —Pero estás herida. —Si me envía en un carruaje, llegaré bien al campamento Eljigin. —¿Dónde está tu guardaespaldas? Dagasi no permitió que Khojin respondiera, pues se apresuró a decirle a su padre todo lo que Khojin había dicho del supuesto guardaespaldas. El rey pareció enojarse, pues salió apresurado de la habitación. Más tarde, Khojin pudo montarse en un carruaje y emprender el viaje de regreso. Dagasi acompañó a Khojin hasta la salida del reino Routan y mientras el carruaje era alistado en su totalidad, le comentó que el rey había enviado a varios hombres para capturar a Bore Tseren. Khojin no quiso tomarse en serio aquella acusación, pues sabía que el Altai tegim era muy escurridizo, que no se iba a dejar ver y mucho menos atrapar. Viajó por tres días en el carruaje para llegar al campamento de su abuelo. Y a pesar de que sabía de su inminente castigo, no tenía miedo ni nerviosismos. Tan solo quería descansar una semana entera. Al llegar al campamento, los hombres que custodiaban la entrada la observaron de una manera extraña. Ella no supo identificar si era decepción o lastima… Tal vez, era una mezcla de ambas. Khojin prefirió omitir todo y siguió caminando hacia el centro del campamento. Sin embargo, a medida que se acercaba una gran multitud de personas se agolpaba en el lugar. Ella no sabía exactamente lo que estaba ocurriendo, y, a decir verdad, le interesaba muy poco, pues quería enfrentar lo más rápido posible a su abuelo. Se abrió paso entre la multitud, empujando y apartando los cuerpos sudorosos y malolientes de varios soldados. Finalmente, logró ver la figura masculina amarrada a un poste en medio del lugar. Alzó la vista. El cuerpo se le paralizó. Una corriente eléctrica dividió su cuerpo, recorriendo y rompiendo todo a su paso. —Altai tegim… Khojin observó a su alrededor. La gente del campamento estaba reunida allí para ser partícipes del castigo. Ella no sabía por qué lo castigaban, pero sí estaba segura de que el castigo iba a ser duro... Quizá látigos o garrotes. Ella se sintió desesperada. Khojin no entendía como Altai había llegado hasta el campamento. Estaba enojada, porque había sobreestimado sus capacidades… Había olvidado que él conocía muy poco la estepa. Si no actuaba con rapidez, el gran khan lo iba a matar.
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