Khojin corrió hasta donde se encontraba Altai, quien hasta ese momento se había mantenido con la cabeza agachada, ignorando que ella estaba allí.
—Altai, ¿por qué estás aquí? —preguntó Khojin mientras tocaba la soga que lo mantenía atado al poste.
Altai levantó la cabeza y le sonrió ligeramente. Aun le sorprendía que tuviera ánimo para mostrarse positivo.
—Me encontraron.
—Te van a matar —sentenció.
Altai siguió sonriendo. A él le parecía una ironía, pues estando moribunda, Khojin había deseado su muerte. Pero en ese momento…
—¿No es eso lo que quieres? —preguntó débilmente.
Khojin negó. Sus ojos se enrojecieron debido al llanto que trataba de contener. Apretó la boca y frunció el ceño, pero nada podía servirle para evitar llorar. Finalmente, las lágrimas corrieron por sus mejillas antes de caer sobre la tierra seca.
—No quiero que mueras, Altai —dijo entre lágrimas.
Las palabras de Khojin quedaron en el aire, pues el grito enfurecido del khan evaporó todo a su paso, dejando solo el lamento de un cielo inclemente.
—¡Khojin!
La comandante giró el cuerpo para enfrentar al khan. Ya nada importaba, pues había perdido todo hace mucho tiempo.
Sintiendo como su cuerpo se tensaba, Khojin se levantó del suelo y caminó acelerada hacia su abuelo.
—¿Qué haces junto a ese hombre? —interrogó—. ¿No te bastó con desafiarme al no regresar cuando lo ordené, sino también me humillas al hacer trato con este hombre?
Khojin se detuvo frente a él y le observó enojada. se sentía fuera de sí, como si en realidad no le importara ofender al khan. Después de todo, ya ni siquiera podía asegurar de que le era leal… No, ella no le obedecía.
—¿Por qué debía regresar? —interrogó enfurecida—. Los oficiales del ejército reciben títulos cuando la guerra ha terminado. Yo, no le pedí ninguno, pues lo único que quería era tranquilidad en mi vida.
—¡Tu vida es mía! —replicó el khan—. Desde el momento que juraste lealtad, tu vida me pertenece.
—¡Entonces prefiero perder esta miserable vida que me ha concedido!
El khan no soportó la falta de respeto de Khojin. De hecho, no podía aguantarla frente a todo el campamento.
La abofeteó.
Khojin sintió el sabor metálico de la sangre en su boca y escupió sobre la tierra antes de regresar la mirada hacia el khan.
—¡Estás siendo irracional, Khojin!
Khojin bajó la mirada. En su mente, buscaba la manera de hacer que el khan dejara ir a Altai.
—¿Qué hará con él?
El khan frunció el ceño. Le inquietaba en sobremanera que ella se preocupara por el porvenir de aquel hombre.
—Supe varias cosas sobre este hombre, Khojin.
—¿Quién se lo dijo? —indagó con debilidad—. ¿Fue Silun?
—Si, fue Silun.
—Entonces él le tuvo que decir que él es Bore Tseren, aquel que usted visitó en la montaña Mongke… Pero eso no es todo, porque ese hombre no solo tiene una identidad —declaró con seguridad—. Bore Tseren no existe, él no es en realidad un plebeyo que busca la aceptación de los poderosos… Es el tegim Karluk que supuestamente murió en un incendio.
El khan no lució sorprendido por su declaración.
—Aun sabiendo quién era, decidiste tener asociación él… Traicionaste a tu gente, Khojin.
—¡No traicioné a mi gente, gran khan!
—¿Crees que no expones al campamento entero por causa de príncipe Karluk?
Khojin no supo qué responderle al khan, pues en el fondo sabía que en esa parte él tenía razón. Había arriesgado al campamento, al clan Elgijin con tal de estar al lado de Altai.
—¡Lo ves! —bramó el khan—. Sabes que lo que hiciste fue incorrecto… Ahora, apártate y deja que yo termine con esto. Lo muerto, muerto debe quedar.
El khan ordenó a vario de sus hombres llevar a Khojin lejos de ahí. Aquellos hombres que parecían enormes vigas se agruparon alrededor de Khojin para intentar arrastrarla hacia algún otro lado. Sin embargo, ella sabía que, si se dejaba amedrentar, entonces el khan iba a matar a Altai.
Aturdida por la situación, trató de liberarse del agarre que los hombres ejercían sobre ella, pero no lo logró en un principio. Debía ser inteligente si quería que su abuelo la tomara en serio.
Observó a su alrededor. Su mirada se topó con la espada que sobresalía del cinto de uno de los soldados. No necesitó mucho tiempo para saber que podía negociar con el khan, así que con rapidez desenvainó la espada, logrando alertar a los soldados.
Khojin se arrodilló sobre la tierra, mirando en dirección del khan mientras ponía la espada contra su garganta, llegando a cortar ligeramente.
Su rostro pálido se concentró en el khan, quien no se había percatado de la situación.
Altai alzó la vista en ese momento.
—¡No lo hagas! —gritó Altai desesperado.
Khojin evitó responder a Altai y se concentró en su abuelo.
—¡Kagan, si él muere yo también moriré!
El khan giró el cuerpo. En su rostro se evidenció el enojo que en ese momento volvió a sentir. Khojin seguía jugando con su paciencia. Lo peor era que estaba maniatado. Todo el campamento estaba viendo la situación con mucho interés. Para ellos era una novedad ver a la famosa comandante Yuezhi enfrentarse al gran khan, la máxima autoridad en todo el territorio ocupado por el clan.
La comandante Yuezhi amenazaba con matarse, si no liberaban al que todos consideraban un enemigo.
—¿Qué crees que haces, Khojin? —preguntó el khan—. No serías capaz, ¿verdad?
—Gran khan, hace once años lo perdí… No pretendo dejarlo. Lo único que nos separará será la muerte.
El khan avanzó hacia ella luciendo realmente enojado. Pero ella reafirmó la presión en su cuello, haciendo que un hilo de sangre manchara el filo de la espada. El hombre se detuvo de inmediato, entendiendo la advertencia que ella le hacía.
—¿Crees que puedes chantajearme de esta forma?
Khojin cerró los ojos. Quería retener el llanto descontrolado y el temblor de su voz. Estaba asustada, pues sabía que su vida y la de Altai pendían de un hilo fino, que colgaba de las manos del khan.
—Busco que usted y yo negociemos… Estoy dispuesta a ser su esclava, si así lo pide. Pero en cambio, debe liberarlo.
El khan pareció pensarlo. Sin embargo, no podía ceder tan fácilmente frente a todos. Así que empezó a caminar lentamente hacia ella, teniendo cuidado de no alertarla. Finalmente, se arrodilló frente a ella.
—Porque mi sangre corre en tus venas, seré condescendiente esta vez. Tengo dos peticiones para ti y estás obligada a cumplirlas.
Luego de decir eso, el khan volvió a levantarse y observó a toda la gente que se amontonaba alrededor del lugar.
—La comandante ha desafiado mi autoridad —sentenció—. Quiten a este hombre y atenla a ella. Ya que quiere protegerlo, entonces que reciba su castigo.
Khojin suspiró aliviada. Incluso cuando todavía iba a sufrir, la calmaba saber que valía la pena. Altai seguiría viviendo, y por la gracia del khan, ella solo iba a ser castigada.
—Todos los oficiales deben abofetearla —sentenció—. A partir de este día, es degradada de su rango. Cualquiera que la llame comandante será duramente castigado.