Khojin gimió en voz baja cuando Gerel frotó una amalgama espesa de hierbas sobre su rostro magullado e hinchado debido a las bofetadas.
A pesar de la humillación, Khojin se sentía tranquila y hasta de alguna forma feliz. Sí, lo único que lamentaba era no poder dirigir a los soldados de la fortaleza Yuezhi.
Gerel suspiró. En su rostro se notaba la tristeza que sentía.
—¿Qué hará ahora? —preguntó tras poner las hierbas en su rostro—. Temo que nadie la respetará.
Khojin dio la vuelta sobre el lecho, hasta reposar su espalda y conseguir que su rostro quedara completamente relajado. Incluso pestañear le dolía como ninguna otra cosa.
—Aún hay quienes me estiman —contestó con suavidad—. El general Siban se negó a abofetearme… Por eso el khan le castigó también.
Gerel asintió.
—Ojalá muchos la apoyen ahora que usted los necesita.
Khojin le sonrió tratando de tranquilizarla con eso. Sin embargo, por más que tratara de expresar calma, en su interior aun sentía los golpes que de daban vez tras vez.
—En realidad el apoyo de otros no es tan relevante ahora. Estoy en medio de este campamento, y temo que las condiciones del khan no serán tan benevolentes como quisiera.
—Debe tener un plan, ¿verdad?
Khojin negó.
—De nada me servirá tener un plan. Solo me queda aceptar lo que mi abuelo diga… Ojalá y no sea algo que pueda soportar.
Khojin quedó en silencio. Sin embargo, algo logró sacarla de sus pensamientos sin sentido y vagos. Desde afuera se escuchaba alguna clase de gritería. Ella no pudo quedarse sin hacer nada, y a pesar de que sentía que el rostro se le caía a pedazos, se levantó y salió de la tienda.
Frente a ella, varias mujeres buscaban contener a otra, que aparentemente estaba fuera de control.
Khojin no alcanzó a ver el rostro de la mujer desde donde se encontraba, pero en cuanto bajó las escalinatas de madera, vio con claridad a la alborotadora del campamento. Respiró agitada, la sangre en sus sangres se sobrecalentó y antes de predecirlo, echó a correr hacia ella.
—¡Madre! —gritó, haciendo que el grupo de mujeres dejaran de sujetar a la mujer—, ¿por qué estás aquí?
—¡Khojin, tuve una pesadilla!
Khojin se quedó de pie frente a su madre. Estaba emocionada, pues por primera vez en muchos años su madre reconocía y no la confundía con su medio hermana Alimceceg, a la que por muchos años educó como su hija debido al remordimiento que sentía por haber conspirado en secreto en contra la madre de esta.
Al final, su mente se había perdido entre neblinas oscuras y espesas. Había padecido el mismo padecer de su enemiga de años atrás.
—Madre, ¿qué soñaste?
—Que había matado a tu padre —respondió—. ¿Cómo es que estás tan grande? Si eres una niña a la que le encanta la lucha y las espadas.
Khojin sonrió levemente. Aunque su madre seguía demente, al menos se acordaba de ella.
—Madre, he crecido —respondió con simpleza.
—¿Dónde está el Khubilai Ilk? Debo decirle que no debe confiar en su hermano.
—Padre ha muerto.
La mujer pareció entender lo que Khojin le decía. Sin embargo, ella misma sabía que no era así. Verla así le partía el corazón.
—Madre, ¿por qué no sigue descansando? Si el gran khan la ve, se va a enfurecer.
[…]
Khojin esperó la llegada del khan. Cerró los ojos e imaginó todo lo que le diría. Fuese como fuese, estaba obligada a aceptar cualquier cosa que su abuelo le ordenara. Aquello le generaba temores, pues su abuelo nunca era predecible, siempre tenía una estrategia escondida bajo su manga.
Khojin meditaba en su futuro cuando el khan por fin entró a la tienda.
De inmediato, abrió los ojos, enfrentándolo por un breve instante.
—Debo reconocer que tienes agallas, Khojin —habló el khan—. Eso hace que muchos de mis hombres te admiren.
Khojin sonrió.
—Supongo que debo agradecer.
—No, solo es algo que comento —respondió—. He decidido que no quiero que sigas en este campamento.
—¿A dónde me enviará? ¿Me va a desterrar?
Khojin miró al khan. Con sus ojos trató de averiguar qué era lo que el hombre quería de ella. Sin embargo, por más que se esforzara por ver más allá, el rostro indescifrable de su abuelo se lo impedía.
—Irás al campamento Berke, a cargo de tu tío. Esto no es un castigo, Khojin. Quiero que reflexiones en lo que hiciste… Creo que si estás lejos del ejército podrás volver a la cordura, entender que es hora de que lleves una vida normal.
Khojin asintió. Tal vez eso era lo que necesitaba… Estar lejos de los problemas y las responsabilidades.
—¿Sabes qué significa eso?
Khojin frunció el ceño. ¿Acaso tenía otro significado? Solo era descanso y luego, podía regresar y retomar poco a poco su vida.
—Un matrimonio… sin importar quién.
Khojin quiso reírse, pero se contuvo. Su abuelo solo mentía, pues al final sería él quien escogiera al hombre. ¿Acaso ella podía pedirle la mano de Altai tegim?
Aquel pensamiento le calentó el corazón solo porque le hizo mucha gracia.
—Soy una mujer viuda. No es una obligación casarme.
—Es que no te estoy obligando, tú vas a casarte voluntariamente.
Khojin sonrió. Así eran los métodos del khan; impredecibles y certeros.
No estaba sorprendida.
Sin embargo, no tenía tiempo para lamentos, porque justo en ese momento quería echar al agua a Silun, quien no había cumplido su parte del trato. Lo aprendió tarde; Silun no tenía palabra ni honor.
—¿Sabe que el señor Silun es un viejo conocido? —preguntó Khojin mientras sonreía sin muchas ganas—. Me parece curioso que ese zorro le haya engañado.
El khan pareció confundido.
—¿Qué quieres decir?
—Gran khan, ¿recuerda aquel hombre que hace años quiso verlo justo después de mi compromiso con el joven Nekhii?
El khan asintió.
—¿Qué tiene que ver eso?
—Pues que él es ese hombre, el padre de Bulga, ¿lo recuerda? —en cuanto vio que su abuelo había recordado, Khojin sonrió ampliamente—. Ese hombre le engañó. Su objetivo siempre fue acabar conmigo. Ahora que yo no tengo ninguna clase de poder ni respaldo, entonces atacará. Él buscará la manera de matarme.
—¿Por qué quiere matarte? —preguntó enfurecido—. No tiene sentido… ¿qué tiene que ver Bulga aquí?
—Tiene que ver mucho. Él me culpa por la muerte de su hija.
—¡Pero ella se suicidó! —bramó—. Silun me ha engañado y además me ha utilizado para sus fines. Ha actuado con total vileza.
—Gran khan, debería buscarlo si no quiere que él cumpla su objetivo.
El khan la observó por un instante. En sus ojos se podía ver la incredulidad, pero al final Khojin pudo convencerlo de que Silun le había engañado. Al final, ella misma había sido estúpida. Silun había conseguido asestarle un primer golpe, sin embargo, ella tan solo podía esperar a que su abuelo lo hiciera.