Sin decir nada, escuché los pasos alejándose. Max se detiene bruscamente y me levanta en el aire, para sentarme en el lava manos.
—Quiero hacerte acabar con la lengua—me dijo, serio y con la voz ronca.
Sin que lo esperara, abrió mis piernas de par en par con agilidad y su rostro se hundió en mi sexo. Apreté mis labios para no gemir al sentir como pasaba su lengua como si estuviera chupando un maldito helado.
—Oh mi Dios.
Me precipité a la sensación de un orgasmo que estaba cerca, creado por el roce de sus manos inquietas y su lengua juguetona.
Max para, poniéndose de pie y mirándome con un rotundo deseo y yo allí, abierta de piernas ante él, mirándolo con la respiración trabajosa y sin poder creer lo que acababa de ocurrir. Me frustró demasiado que parara.
MAX VOELKLEIN.
Mi memoria ahora vale miles y miles de dólares por tener guardada allí su figura, abierta de piernas para mí encima del lavabo. Podrían habernos arrestado, pero la tensión s****l entre los dos era tan fuerte que no teníamos conocimiento de lo que era el temor a ser descubiertos.
Sus muslos en mis manos, aquella carne que se escapaba de mis dedos era una tortura pecaminosa. Quería tener el tiempo de recorrer sus piernas con mi lengua, tener el tiempo de hacerlo y que ella lo disfrute.
Tenía que tener cuidado, quería ir con calma. No pretendía ser un desesperado. Ella se merecía ser contemplada, no devorada como un monstruo como yo. Porque si vamos al caso, eso era lo que era después de todo: un puto monstruo.
¿Qué amaban las humanas? ¿Qué era lo que deseaban? ¿Así se movían en el mundo terrenal?¿Con propuestas absurdas? Sería por ti, una persona absurda Ada Gray.
¿Acaso te gusta ser tocada como lo estoy haciendo ahora? Ella gime bajo mi tacto, con mis dedos subiendo y bajando sobre la tela blanca de su braga, con una delicadeza para que sienta cada rose. Supe que le gustaba ser acorralada contra la pared cuando floreció de sus labios una sonrisa pícara, desafiante. Podría acostumbrarme a este juego Gray.
Le tapo la boca, no quiero que el resto sea digno de oír sus quejidos de un placer que yo mismo estoy causando. Introduzco un dedo mientras chupo sus pezones y luego otro. Insisto con cada embestida de mis dedos suertudos. Quiero que sea mía.
Luego, cuando está abierta de piernas para mí encima del lavabo clavo mis ojos en los suyos. Sus pupilas, dilatadas y sus labios hinchados por un beso desenfrenado que ha causado que la comisura de estos se tornen rosa por su pintalabios corrido.
Quiero hundir mi rostro en ella. Corro la tela de su braga, desesperado y como una bestia devoro su sexo deseando que no haga ruido.
Mírame Gray, iría preso por ti.
Sus piernas sobre mis hombros acorralan mi cabeza y sus manos piden con devoción que siga, que no pare. El dulce sabor de su sexo se vuelve adictivo. Con la punta de la lengua zigzagueo sobre aquel punto que creo que la hará estallar en mil pedazos. Le sonrío y ella me mira, con las cejas levantadas, los ojos entrecerrados y la boca abierta. Quiero follarla. Pero no aquí, ella se merece más que poseerla en el maldito baño público de una cafetería. Gruño.
Ella merece mucho más. Tendré que contenerme por más que tenga mi m*****o erecto a punto de explotar. Tan solo verla me dan ganas de acabar. Ada permíteme entrar a tu vida y acompañarte en lo que tú decidas.
ADA GRAY