Solo los que confían pueden encontrar el amor y la felicidad. Y solo aquellos que aman pueden ser traicionados. —Ahora no tienes escusa—dijo Adrien. Él y Marinette se encontraban tumbados en la cama mirando el techo. La azabache se inclinó levemente y se puso de medio lado para mirarlo, apoyó su mejilla en su mano y esperó. —No voy a esperar más. Mucho menos ahora que ese...—se contuvo para no decir una barbaridad—desgraciado ha intentado ultrajarte. Se levantó de golpe quedando sentado sobre la cama, Marinette se sobresaltó. —No voy a arriesgarme a que vuelva a tocarte—prosiguió el rubio, la tomó de ambas manos y la acercó a él—tú y yo nos vamos a largar de aquí. Marinette soltó un pequeño suspiro y miró hacia otra dirección comenzando la misma explicación que le había

