Sintió un pequeño escalofrío por todo su cuerpo al sentir aquellas manos extrañas rozar su piel y dio una pequeña encogida. —Tranquila muchacha, yo solo vengo a ayudar—aseguró el druida. Adrien no dijo nada, se quedó en un rincón de la habitación observando a Marinette desde la distancia, tras las declaraciones del días anterior había evitado cualquier contacto con ella, excepto visual. —Vamos a ver que tienes en esos ojos—el anciano se acercó a ella y le tanteó los parpados haciendo un pequeño masaje—están muy irritados, eso se nota, jovencita tienes que hacer un esfuerzo y abrirlos todo lo que puedas. Marinette asintió con la cabeza e hizo caso a las peticiones del druida. —Muy bien, intenta mantenerlos abiertos todo lo que puedas—examinó con atención los ojos azules de la jo

