9. El alma en vilo

1576 Palabras
POV CHARLIE Veo es lugar con miedo.. no se por que mi hermana se arriesga tanto ¿Que gana con todo esto? Si no supiera lo involucrada que esta Valentina, yo personalmente hubiera dejado todo en manos de la policía, pero no puedo, ¿qué se supone que voy a decirle a nuestros padres? Maldigo una y mil veces al sentirme frustrado, pero minutos después la cosa empeora, llega un auto del que bajan 4 personajes que no tienen pinta de venir por una reparación al taller, mis alarmas se encienden, todas ellas -Son ellos señor, a ellos fue a quien la señorita Valentina les robó la libreta- pero no me da tiempo a reaccionar cuando tres disparos se escuchan, seguidos, uno tras otro -¡Quédate aquí!- le ordeno a Beatrice y bajo junto a Pietro -Tenga señor, apunte y dispare- me dice al entregarme un arma, la tomo sin dudar y avanzamos, jamás pensé ver algo así, el corazón casi se me sale del pecho cuando escuché los gritos, y corrí sin pensar. Pero al llegar, me quedé paralizado, Pietro estaba igual que yo.. Valentina, la misma que no se atrevía a matar una araña sin que yo estuviera cerca, estaba rodeada por tres hombres que fácilmente le sacaban una cabeza y le doblaban el cuerpo en peso y músculo, sin embargo, ella… ella no se achicaba. Los puños le volaban con precisión quirúrgica. Uno intentó agarrarla por detrás y en un parpadeo, ella lo tiró al suelo con una llave que jamás le vi practicar, otro fue directo con un gancho que habría roto huesos, pero Valentina se agachó, giró con el impulso y le estampó el codo en las costillas, se oyó el crujido desde donde yo estaba, el tercero dudó un segundo. Ese segundo bastó: un derechazo limpio, directo a la mandíbula… Cayó como un árbol talado.. Yo ni respiraba, no sabía si correr a ayudarla… o a pedirle clases. Valentina se giró, el pecho agitado, los ojos encendidos como brasas. Entonces me vio. —¿Que diablos haces aquí? —preguntó ella, como si no acabara de derribar a tres gorilas entrenados, yo solo pude tragar saliva, porque por primera vez en mi vida, no sabía quién estaba protegiendo a quién.. Apenas empezaba a procesar lo que acababa de ver, cuando uno de ellos, el primero que había caído, se movió…apenas… un movimiento torpe, pero suficiente para que mi instinto gritara, lo vi alzar el brazo, la mano temblorosa, el cañón de una pistola apuntando… directamente hacia mí, no me dio tiempo de nada, el disparo sonó seco, brutal, y justo en ese instante, Valentina se lanzó frente a mí, como un rayo, como si su cuerpo supiera lo que mi mente aún no podía creer. El impacto la sacudió en el aire, como si el tiempo se detuviera solo para mostrarme cómo se le arqueaba el pecho, cómo su cara se tensaba por un segundo antes de desplomarse. -¡VALENTINA!- grité, sintiendo cómo el mundo se partía en dos. La atrapé en mis brazos antes de que tocara el suelo, su cuerpo pesaba más de lo que recordaba, pero no por el peso real, sino por el terror, por la culpa, por el dolor de verla así. Dos disparos mas, esta vez del arma de Pietro —¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué…? —mi voz se quebró. Ella sonrió ¡Sonrió! Con la sangre manchándole los labios, con la vida escapándosele por una herida que yo no podía cerrar con palabras. -Porque eres mi hermano…- susurró, apenas audible -y tú me has protegido toda la vida…Era mi turno- se quejó-Ahora no hagas tanto drama y llévame al hospital, esto es- tosió -apenas un rasguño- yo estaba aterrado, no podía reaccionar.. No fue una súplica, fue una orden, como si el disparo no le hubiera atravesado el cuerpo, como si el dolor no existiera para ella… -Señor, tenemos que irnos.. la policía ya viene- me dijo Pietro y fue entonces qué reaccioné, corrí hacia el auto con ella en mis brazos, Bea estaba muy asustada, juré que iba a entrar en pánico, pero fue todo lo contrario, mantuvo la calma mientras Pietro conducía a toda velocidad -Mi bolsillo- dijo Valentina en un susurro, Bea se apresuró a buscar, pensando que era el usb, incluso la libreta, pero no.. una vez mas mi pequeña hermanita me dejaba sin palabras, Bea tenia en sus manos una identificación con la foto de mi hermana, pero ese no era su nombre.. ¿en que putas esta metida esta mujer? Pensé.. -No digan mi nombre, yo.. voy a estar bien- se quejó, Bea asintió yo.. aun no caía en cuenta de que todo esto.. era real.. la tenía entre mis brazos, temblando, sangrando, y sin embargo… no era ella quien parecía quebrarse… era yo… Llegamos a un hospital, corrí, lo hice como nunca en mi vida, con ella contra mi pecho, con su respiración tibia rozándome el cuello, con el sonido de sus palabras retumbando en mi cabeza. “Voy a estar bien.” No sé si lo decía por mí, para que no me derrumbara. No sé si lo creía de verdad. Pero esas palabras me sostuvieron. Cuando llegamos, los médicos me la arrancaron de los brazos como si no entendieran que mi vida dependía de que ella estuviera bien, el pasillo, las luces, los gritos… todo era un eco distante hasta que la vi girar apenas la cabeza, justo antes de que cruzara la puerta del quirófano, una vez más, con la voz más clara de lo que cualquiera esperaría de alguien que acababa de recibir una bala, me lo repitió -¡Yo voy a estar bien!- después, las puertas se cerraron… Y yo me quedé ahí, solo con esa frase, apretando los puños.. Bea estaba atrás de mi, y yo no me había dado cuenta, me abrazo por la espalda, Pietro se quedo a una distancia prudente y cuando la enfermera se acerco a pedir sus datos, fue Beatrice quien se los dió.. los falsos por supuesto.. Mi reloj marcaba que pasó poco mas de una hora, pero a mi me parecía que habían pasado años y nadie salía a darnos nada de información, si me mantuve cuerdo, fue porque Bea estaba conmigo… el tiempo dejó de tener sentido en esa sala de espera helada, donde el olor a desinfectante se mezclaba con el miedo que no me dejaba respirar, caminaba de un lado a otro, con las manos en el pelo, el pecho a punto de reventar, cada vez que una puerta se abría, el corazón me saltaba como si fuera a salirse del cuerpo. Y entonces, al fin, un doctor salió con la bata manchada y la cara seria, pero no derrotada. Me le fui encima en cuanto lo vi, sin poder pronunciar palabra, él levantó una mano con calma, y antes de que mi cabeza se llenara de más tormentas, habló -Ella está bien- tres palabras., so fue todo.. pero bastaron. -¿Qué? ¿Está…? ¿Está bien de verdad?- pregunté con la voz quebrada, como si no pudiera creerlo hasta escucharlo una vez más. -La bala no comprometió órganos vitales, perdió bastante sangre, pero la estabilizamos a tiempo, es fuerte… muy fuerte, ahora está en recuperación- me apoyé contra la pared, sintiendo que las piernas ya no me sostenían, el alma se me cayó al suelo y volvió a subir con esas palabras, me dejé caer en el banco más cercano, con la cara entre las manos… no lloré, ya no podía, había gastado todo en esa promesa que ella me gritó antes de entrar “Voy a estar bien” y ahora, solo podía sonreír… No me aguanté. Apenas supe que estaba fuera de peligro, fui directo a la recepción, al supervisor, al jefe de turno, a quien fuera, les rogué, les supliqué, y cuando eso no bastó, hice lo que tenía que hacer. -Escúcheme bien- le dije al tipo de bata blanca que tenía cara de no ceder jamás -Si me deja verla, le firmo ahora mismo un donativo que su hospital no va a olvidar jamás- No me miró con ternura, me miró como si supiera perfectamente lo que estaba haciendo, y aun así, asintió. -Solo unos minutos, y solo tú- Dos o tres horas más tarde, cuando por fin me dejaron entrar, el corazón me latía tan fuerte que pensé que lo iban a escuchar desde la sala, ella estaba ahí, conectada a mil cables, con la piel más pálida de lo que jamás la vi, pero respirando… me acerqué despacio, como si al hacerlo muy rápido pudiera romperla, me senté a su lado, tomé su mano, y me quedé ahí, esperando.. No dije nada, no pensé en nada, solo escuchaba el bip, bip, bip constante del monitor que marcaba su pulso. Cada uno de esos sonidos me traía un poco de paz. Y entonces… se movió. Abrió los ojos, lento, como si sintiera los párpados pesados, me miró y sonrió. No dijo nada, no tuvo que hacerlo, esa sonrisa era todo, ahí, por fin, pude respirar, sentí el aire llenar mis pulmones como si no lo hubiera hecho en años, y juro que en ese momento entendí que hay cosas que el dinero no puede comprar… pero sí puede comprar cinco minutos junto a la persona que acabas de casi perder… a veces, eso lo es todo..
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