3. Escape

1457 Palabras
POV CHARLIE Era de madrugada, y no había ninguna razón inocente para estar saliendo de casa a esa hora. Algo me impulsó a seguirlas. Tal vez la sospecha, o simplemente la necesidad de entender en qué momento Valentina pensó que eso era una buena idea -¡algún problema debe tener! ¿Que razón tendría para salir a esta hora si no?- pensé. No lo pensé dos veces. Agarré las llaves del auto de Roque, mi hermano menor que no tenía idea de que yo prácticamente lo estaba robando y salí tras ellas. Lo peor es que no sabía hacia donde se habían ido, maldije por lo bajo mientras manejaba en círculos sin rumbo, hasta que me acordé de la app. Aquella que Valentina me pidió instalar cuando vivía en Corea -“Así sé que estás bien, Charlie. No es por controlar, es para estar conectados”- me dijo por videollamada con esa carita de hermana menor que te derrite. Al final terminé instalándola más por ella que por mí. Abrí la app. Ahí estaba su punto rojo, moviéndose por la ciudad. Iban hacia el centro, a una zona donde mamá jamás la dejaría ir ni en sueños. El corazón me latía fuerte mientras avanzaba. Pensaba en todo lo que podía salir mal. La imagen que tenía de Valentina era la de una chica frágil, que llora viendo películas y se asusta con los truenos. El mapa en la app dejó de moverse a la 1:46 a.m. Estaba en una zona que reconocí vagamente: depósitos abandonados al borde de la ciudad, donde todo huele a óxido, gasolina vieja y secretos. Aceleré lo más que pude. Cada semáforo en rojo parecía una burla. Cuando por fin giré la última esquina, lo supe de inmediato: ese era el lugar. Luces de neón improvisadas iluminaban parte del descampado, reflejándose en la pintura metalizada de autos modificados que rugían como bestias impacientes. Había humo en el aire, probablemente de llantas quemadas, y música golpeando los oídos con bajos tan fuertes que se sentían en el pecho. La multitud era diversa: chicos tatuados, mujeres con miradas filosas, apuestas gritadas al aire, vasos de plástico llenos de lo que fuera. Era como entrar a un mundo paralelo. Uno que vivía escondido en las sombras y no pedía permiso para existir. Me bajé del coche y caminé entre la gente, tragándome la ansiedad. Estaba completamente fuera de lugar, con mi sudadera de siempre y mi cara de niño bueno. No sabía a quién buscar, ni cómo preguntar por Valentina sin sonar como un hermano preocupado que viene a arruinar la fiesta. Fue entonces cuando escuché el nombre: -¿Ya corrió Valkyria?- preguntó un tipo, con una cerveza en la mano y una cicatriz en la ceja. -Sí, ya terminó hace nada. Le voló el auto a Jota en la recta. Ni sudó- respondió otro, riendo -Qué bestia esa flaca- dijo "Valkyria" No fue un golpe. Fue un corte lento. Una palabra que abría algo que no quería mirar. Sencillamente no podía ser posible. Seguí caminando, impulsado por un vértigo raro en el pecho. Llegué al punto de partida de la carrera. Había marcas de llantas quemadas, olor a caucho, y unos tipos empujando un coche destrozado hacia un costado. Alguien a mi lado dijo: -Y pensar que también le ganó al Tigre a puño limpio, hace dos semanas, flaca, sí, pero pelea como si tuviera fuego en las venas- algo en mi interior se estrujó, no había manera de que esa que quien hablaban fuera mi Vale, no podía creerlo, pero algo me decía que tenía que averiguarlo... El lugar era un caos perfectamente orquestado. Autos alineados como fieras listas para devorar el asfalto, motores rugiendo, luces frías de neón cortando la oscuridad, y esa música que no dejaba pensar, solo sentir. Humo. Gente. Apuestas gritadas desde los bordes. La clase de sitio donde lo legal no existe y lo que vale es lo que puedes demostrar con velocidad o puños. Y ahí estaban. Valentina y Bea. Las vi entre la multitud, cerca de uno de los coches con capó levantado, como si estuvieran solo de paso, observando. Las luces les daban destellos plateados en el rostro. Valentina tenía el cabello recogido y ropa oscura. Bea hablaba con un tipo enorme, musculoso, tatuado. Se reían. Cómodas. Como si ese lugar fuera suyo. Me quedé a la sombra, medio oculto detrás de una camioneta. Nadie me conocía, y quería mantenerlo así. Las observé mientras hablaban con varias personas. Algunas las saludaban con una palmada en el hombro o un apretón de manos. Había respeto ahí. No miradas de extrañeza. No -¿quiénes son estas?- Ellas pertenecían a ese lugar, al menos Valentina, por qué se que Bea viene llegando al país igual que yo, pero tengo la certeza que en Milán vivía una vida parecida a esta, se mueve como pez en el agua.. Un tipo se acercó a Valentina y le habló al oído. Ella asintió, seria, como si se pusiera en modo operativo. Se alejaron hacia el fondo, donde un grupo se reunía frente a lo que parecía un ring improvisado: suelo de concreto, una cuerda delimitando el espacio y gritos que celebraban cada golpe. Intenté acercarme, pero justo cuando me abría paso entre la multitud, una ola de gente se amontonó frente a mí: había comenzado otra carrera. Los gritos, el rugido de los motores, el humo… me encerraron en un túnel donde no podía ver nada más. Cuando logré pasar, la pelea ya había terminado. Vi a la multitud dispersarse y a dos tipos cargando a un tercero que escupía sangre y se reía como si no le doliera. Todos hablaban de "la chica", pero nadie decía nombres. Volví a buscar a Valentina. Ya no estaba. Caminé por todo el terreno, buscándolas entre los coches, entre las sombras. Nada. Cuando revisé la app, su ubicación ya estaba moviéndose en dirección a casa. Se me escaparon...Otra vez... Volví al auto, con los nudillos blancos sobre el volante. Vi el reflejo de mis propios ojos en el espejo retrovisor: confundidos, frustrados… y jodidamente iracundos, aunque no lo quería admitir. No tenía pruebas. Solo suposiciones. No la vi correr. No la vi pelear. No podía decirle a mamá y a papá: -Su hija es una corredora ilegal- por qué no quería creerlo, y no pude comprobarlo.. POV BEATRICE Valentina no estaba pasada de copas, mucho menos ebria, lo comprobé cuando al entrar de la terraza, sumamente confundida por lo que Charlie despierta en mi, me abordó en el pasillo -voy a salir.. ¿te apuntas?- me dijo sonriente, es cierto que anoche me divertí mucho con ella, pero como que escaparse está sobrevalorado si solo vas a hacer cosas que podríamos hacer sin necesidad de escapar, digo.. ella tiene 21 yo 19 ¿por qué no decirle a nuestros padres que vamos a bailar?, el brillo en sus ojos me hizo imposible negarme, creo que esto es lo más malo que ella hace y ¿quien soy yo para decirle lo contrario? Salimos a hurtadillas de la casa, subimos a su coche, un Mustang oscuro como la noche misma que rugía como una bestia. Me reí, pensando que era de su novio o algo así, pero ella solo guiñó un ojo y dijo -Confía en mí, Bea- lo hice.. que tan malo podría ser, mi vida siempre fue aburrida, a mi edad estoy a punto de terminar la universidad "tengo una mente privilegiada" es lo que me dicen mis padres a diario y si es así.. ¿Por qué usarla solo para el estudio? Cuando llegamos al lugar, supe que algo no encajaba. Era un lugar muy apartado, vibrando con música electrónica, luces de neón parpadeando en la oscuridad, y decenas de coches brillando como joyas bajo los reflectores. Gente por todas partes, gritando, bebiendo, fumando, apostando... Carreras clandestinas. -¿Qué es esto?- le pregunté, mi voz perdida entre el ruido. Ella se giró hacia mí, ya enfundada en una chaqueta de cuero, su rostro iluminado por las luces intermitentes. -Mi mundo- dijo. Y entonces la vi subir a su coche, ajustarse los guantes, y con una sonrisa peligrosa, pisar el acelerador. Mi prima Valentina, la niña buena que creía conocer, era la reina del asfalto. Y yo… yo apenas empezaba a entender que ella y yo nos llevaríamos tremendamente bien, y que haber venido a este país, fue lo mejor que me pasó en mi corta vida, solo espero que no nos descubran y ya de paso.. que esto me ayuda a sacar de mi cabeza a Charlie, por qué no puedo evitar sonreír con solo recordarlo, y debo tener en claro que lo nuestro.. es simplemente prohibido...
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